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Elena Poniatowska: «Todos deseamos ser Sancho Panza para acompañar al Quijote»

La escritora mexicana ha mantenido un encuentro con la prensa dos días antes de recibir el Premio Cervantes 2013. Esta tarde donará su legado a la Caja de las Letras del Instituto Cervantes

INÉS MARTÍN RODRIGO - Actualizado: Guardado en: Cultura Libros

Arreciaba esta mañana la lluvia en Madrid como si, después de la tregua concedida en Semana Santa, el cielo hubiera querido desatar su furia contra la capital. Pero Elena Poniatowska (París, 1932) decidió iluminar el día en su encuentro con la prensa dos días antes de recibir el Premio Cervantes 2013. Y no solo por su bondad y su sonrisa infinitas, sino por su atuendo, un vestido color «rosa México» que resplandecía en el Salón del Patronato de la Biblioteca Nacional de España.

José María Lassalle, secretario de Estado de Cultura, ha sido el encargado de presentar a Poniatowska. «Hablar de Elena Poniatowska es elevar el periodismo a la condición de Bellas Artes», ha asegurado Lassalle, quien ha destacado «su escritura valiente y comprometida», que «demuestra cómo la palabra hurga en la realidad». A su juicio, elevar el periodismo a la condición estética es una «hazaña que ha desarrollado con maestría Poniatowska», a la que ha calificado como «narradora inquieta», de «voz desgarrada» y con un sentido «transgresor y heterodoxo».

«El periodismo en general es muy útil, porque es una gran lección de humildad y modestia», ha comenzado diciendo la premio Cervantes al ser preguntada por su doble condición de periodista (primero) y escritora (después). «México es el país más peligroso del mundo para los periodistas y muchísimos tienen situaciones muy duras y terribles». En toda América Latina «se hace un periodismo de adentro para afuera, de indignación y denuncia», de ahí que Poniatowska defienda que «el compromiso del periodista es con las grandes causas, con las más nobles, uno no se puede vender al empresario».

«Cuando el lector cierra el libro sabe que ama para siempre a García Márquez»La escritora tuvo agradables palabras para el crítico Emmanuel Carballo, fallecido el pasado domingo y del que ha dicho que fue «una figura extraordinaria para todo el habla hispana», pero, sobre todo, para Gabriel García Márquez y para José Emilio Pacheco. De Gabo ha asegurado que lo que hizo fue «único, porque echó a volar América Latina, la hizo despegar, la dio alas que antes no tenía». Tanto es así que, según Poniatowska, «cuando el lector cierra el libro sabe que ama para siempre a Gabriel García Márquez». Respecto a Pacheco, la mexicana ha manifestado que «fue un hombre extraordinario, bueno y culto» y «su pérdida para México es como un agujero negro».

Tras confesar la «enorme sorpresa» que supuso recibir la noticia de que había sido galardonada con el Cervantes, la escritora de 82 años ha asegurado que el premio «es el broche de oro de una vida de escritura». La importancia de Cervantes, en su vida y en su obra, «es inmensa, se nos queda desde que somos niños, todos caminamos con esas imágenes por la calle y deseamos ser Sancho Panza para acompañar al Quijote».

Abrir la puerta a las mujeres

Poniatowska, cuarta escritora que recibe el Cervantes, no ha dejado pasar la oportunidad para romper una lanza a favor de la mujer: «Supone un honor inmerecido, que todavía me marea y un compromiso para que los años siguientes justifiquen este premio y también abrirle la puerta a las mujeres, porque hay muchas que lo merecen mejor que yo, muchas que deben aparecer mejor que yo, todo mejor que yo».

Su defensa a ultranza de los libros («son caros, siempre lo he dicho, se debe enseñar a la gente a leer, también a través de la televisión, que ofrece cosas que imbecilizan a la gente, que no merece esa basura») ha precedido un mínimo adelanto del discurso que dará cuando el miércoles recoja el Premio Cervantes. «Tiene que ver con América Latina, con la gente que camina a pie, daré voz a los que nunca la han tenido», ha confesado.

Un discurso que a buen seguro emocionará a los presentes y que Elena Poniatowska pronunciará enfundada en un vestido rojo y amarillo chillón, regalo de las mujeres de Juchitán (Oaxaca), una prenda que siempre se pone para recibir galardones. «A lo mejor me voy a parecer a "La India María", pero es una promesa hecha» y la escritora mexicana siempre cumple sus promesas.

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