Ayer falleció en Madrid Guillermo Luca de Tena, uno de los grandes periodistas y editores. Con él se va uno de los liberales más señeros, uno de los hombres más cultos y entregados a la profesión periodística, al que todos en ABC llamaban cariñosamente «el Patrón»
Patrón de la vieja escuela periodística
«Señores, como es tradición en esta Casa, ¡Por el Rey!»
En los últimos años, en la Casa de ABC, ocupaba el mismo despacho que diseñó su abuelo, el fundador de ABC. Ahí, junto al «confesionario» laico donde don Torcuato conversaba con los personajes de la política española de comienzos del siglo XX, bajo el óvalo alegórico de Cecilio Plá, junto al busto de Alfonso XIII que hizo Benlliure, al lado uno de los primeros teléfonos que hubo en Madrid y que todavía funciona, Guillermo Luca de Tena pasaba las horas de sus últimos años en la cercanía de los redactores que seguían y siguen haciendo ABC. Leía con exquisito cuidado todas las secciones del periódico, se sabía el nombre de todos los periodistas, se enfadaba si veía erratas o se cometían errores. Jamás pedía nada. Si algún encargo le venía lo mandaba al director de ABC, en un tarjetón con su letra grande tintada de azul, sin presionarle lo más mínimo y dejándoselo a su criterio. Era el respeto personificado. Gustaba extraordinariamente de seguir las cenas de los Cavia, en las que disfrutaba gozosamente. Por su liberalidad era amigo de todos. Recuerdo la cena en homenaje a Alberti, comunista confeso, con la Pasionaria casi de cuerpo presente. Todo el mundo temía algún exabrupto o salida de tono. Gracias a Guillermo Luca de Tena la cena transcurrió como un bálsamo y el poeta Rafael Alberti se fue encantado del señorío y el afecto de ABC. O la interminable conversación, deliciosa de anécdotas, con Rafael Sánchez Ferlosio, también «Cavia», de su misma edad, recordando episodios de su juventud.
Al terminar las cenas, siempre, imponía el silencio, alzaba la copa y decía con su voz tronante: «Señores, como es tradición en esta Casa, ¡Por el Rey!».
Para quienes hacemos ABC, se nos ha muerto el Patrón. Así le llamábamos desde que en enero de 1975 falleció su padre, don Juan Ignacio Luca de Tena. Él era el Patrón a la vieja usanza: generoso, sencillo, humilde, con sentido del mando y una profunda sabiduría. Sus consejos eran atinados, certeros, donde no faltaban su siempre indeclinable servicio a la verdad y su pasión generosa por España. Amigo de sus amigos, apenas hace unos días escribía con Marcelino Oreja una Tercera al alimón para recordar a Pepín Vidal Beneyto, que fue su amigo. No contento con el texto publicado, excesivamente biográfico, él, profundamente humano siempre, quiso escribir unas líneas entrañables, íntimas para despedir al amigo muerto. No quiso que esas líneas fueran a Tercera. Se conformaba con que aparecieran en las páginas de Necrológicas. Su sentido del Periodismo no marcaba condiciones: cualquier sección es buena en el periódico con tal de que se escriba con dignidad y con verdad. Y él lo que deseaba decir en esas palabras cálidas y cercanas era cuánto quería al amigo muerto. Cumplió lo que ambos tenían pactado: el que muriera antes hacía la necrológica del otro. Lo que jamás podía pensar el Patrón, que en las últimas líneas de esa evocación emocionada se llamaba a sí mismo «un anciano de ochenta y dos años», era que iba a tardar tan poco en seguir a su amigo Pepín. Y ayer fallecía repentinamente en Madrid.
Con él se va uno de los personajes más auténticos, más nobles, y más amigos de la verdad y de la liberalidad que hemos conocido. Toda su vida fue un modelo de entrega al Periodismo para el que no regateó ni horas ni dinero ni debilidad. Su amor por la profesión periodística, por la libertad en suma, marcaron una trayectoria impecable donde se conjugaban su cariño por Sevilla, ciudad por la que sentía una vivísima devoción, y su constante pasión por la verdad, por encima de ideologías y partidismos.
El Marqués del Valle de Tena, presidente de Honor de ABC, había nacido en la capital de España el día 8 de junio de 1927. Era nieto de don Torcuato Luca de Tena y Álvarez Ossorio, fundador de ABC y Blanco y Negro, e hijo del periodista, escritor y académico don Juan Ignacio Luca de Tena, por el que sentía una extraordinaria admiración.
Primera foto en ABC
Guillermo Luca de Tena estudió sus primeros cursos en Francia y, posteriormente, el Bachillerato en San Sebastián, durante la Guerra Civil española. En esta época viajó a Madrid, donde terminó el bachillerato en el colegio del Pilar y, más tarde, se licenció en Derecho por la Universidad Complutense y se diplomó en Periodismo por la Escuela Oficial de Madrid. A continuación se trasladó a Gran Bretaña para estudiar inglés, así como francés y alemán. Hay una foto impresionante de la Casa de ABC con motivo de la entrega del Premio Mariano de Cavia a Jacinto Benavente. Entre las ilustres personalidades asistentes, desde Agustín de Foxá a Luis Calvo, desde Manuel Halcón a Víctor de la Serna, desde Jesús Pabón a Joaquín Ruiz-Giménez, destaca un jovencísimo Guillermo Luca de Tena, extraordinariamente alto y delgado, al que ya le empezaba a blanquear el pelo.
Comenzó su carrera periodística en ABC de Sevilla, primero como gerente de 1953 a 1957, y luego como director del periódico, hasta 1962. En este último año fue designado consejero delegado de Prensa Española, por lo que tuvo que regresar a Madrid. En ese mismo año fue nombrado director de Blanco y Negro, cargo que ocupó hasta marzo de 1975. Durante este periodo fue elegido, en febrero de 1972, presidente del Consejo de Administración de Prensa Española S.A., así como presidente de la Comisión Ejecutiva de la empresa. Fue también el primer presidente en España del Instituto Internacional de Prensa (IPI). El 30 de octubre de 1977 firmó el Acta Fundacional de AEDE (Asociación de Editores de Diarios Españoles).
Del Consejo de Don Juan
Una de sus mayores satisfacciones fue haber sido, desde 1966 a 1969, miembro del Consejo Privado y del Consejo Político de Don Juan de Borbón, Conde de Barcelona. Su lealtad a España y a la Corona eran para Guillermo Luca de Tena como una segunda piel. Por ellas sufrió persecuciones y calumnias, tuvo el pasaporte retirado, pero como gustaba decir al modo del viejo editorial que Cuartero escribió en abril del 31, «estamos donde estábamos». Esa fue su alegría. Entregó a su viejo Rey Don Juan III toda su energía y su pasión periodística. Ver luego que su hijo Don Juan Carlos hacía posible la España de todos bajo el manto unitario de la Corona le permitía recordar con un punto de satisfacción y de orgullo el poder decir que ABC no se había equivocado. Por eso el Rey, en junio de 1977, quiso designarlo senador real en las Cortes Constituyentes (1977- 1979).
Los tres madroños y Cela
Allí volvió a renacer la vieja amistad que tuvo de mozo con Camilo José Cela. Gracias a él, nuestro Nobel volvió a colaborar en las páginas de ABC hasta el día de su muerte. Gustaba Cela de traer en mano sus artículos al despacho del Patrón. Y de leerlos en voz alta. Así surgieron, entre otros, «El juego de los tres madroños», que ilustrara prodigiosamente para ABC el inolvidable Lorenzo Goñi.
Director de ABC
En octubre de 1977 se hizo cargo de la dirección de ABC, al frente de la cual estuvo hasta el mes de enero de 1983, en que el Consejo de Administración de Prensa Española y su Junta de Fundadores lo designó presidente-editor de Prensa Española S.A. Como director fue un hombre que devolvió al periódico la vieja esencia de su liberalismo, la nunca perdida defensa de la unidad de España, la búsqueda de firmas que ennoblecieran sus páginas con la preocupación constante de que los colaboradores de ABC podían pensar como quisieran porque la línea editorial ya estaba marcaba desde el primer día de ABC. Él lo único que buscaba era que la excelencia estuviera en las páginas de su periódico.
En mayo de 1993 fue uno de los firmantes de la Declaración de Madrid en Defensa de la libertad de expresión. En septiembre de 1998 anunció su renuncia en los puestos de Presidente y Editor de Prensa Española y fue nombrado Presidente de Honor de Prensa Española y Presidente de la Junta de Fundadores. Poseía las Grandes Cruces de la Orden del Mérito Civil y de Alfonso X el Sabio, así como de la Medalla Constitucional.
Fue galardonado con el Premio «Marceliano Santamaría» por la Asociación de la Prensa de Madrid; la Asociación de Corresponsales Iberoamericanos le concedió la «Carabela de Plata», y en 2002 recibió el Premio Cristóbal Gabarrón a una Trayectoria Humana. En 2006 recibió de manos de la Infanta Pilar el premio Rafael Calvo Serer.Es autor de «El papel de la Prensa en la consolidación de la Democracia» (1980).
Marqués del Valle de Tena
Su Majestad el Rey le concedió en 2003 el título de Marqués del Valle de Tena con Grandeza de España. Cuando al día siguiente, 25 de junio de 2003, le entrevisté para la Página 4 de ABC, escribíamos: «No le gusta hablar de sí mismo, ni salir en los periódicos, ni recordar hechos y anécdotas por él protagonizadas, que son páginas vivas de la Historia de España». El Real Decreto rezaba que la concesión era por esa «singular dedicación al mundo de la comunicación que ha llevado a cabo a lo largo de toda su vida profesional». Y que le llegaba, con Grandeza de España, aquel día de San Juan del año del Centenario de ABC. Lo del Marquesado del Valle de Tena le llenó de orgullo y asombro. Recuerdo que decía: «Es emocionante, porque es una ratificación de mi españolismo. Soy una mezcla de Sevilla y Guipúzcoa pasando por Madrid; pero nuestras raíces primeras están en ese valle bellísimo del Pirineo aragonés, de donde proviene nuestro apellido... Por eso agradezco tanto al Rey que al querer honrarme se haya acordado de las raíces más profundas de mi familia». Y que subrayaba: «Lo que me interesa recalcar es que el honor que me hace el Rey es un honor para esta Casa de ABC y, sobre todo, para ustedes los que hacen -y han hecho- este periódico, los que han hecho posible que ABC cumpla cien años. Ustedes, más que yo, son los destinatarios de este galardón». Pertenecía al Patronato de los Reales Alcázares de Sevilla y al de la Fundación Príncipe de Asturias. Desde diciembre de 1993 era miembro del Patronato directivo de la Fundación General de la Universidad Complutense.

Devoción por Sevilla
Luego estaba la debilidad por Sevilla. Se sabía poemas de escritores sevillanos que la habían cantado. Verlo por sus calles mirando hacia los naranjos en flor o hacia las azoteas, recordando versos y anécdotas de periodistas, hazañas de toreros, viejos lances de la bohemia hispalense, es una de las imágenes que más me vuelve a la memoria en estos momentos de su marcha definitiva.
Estaba casado con Doña Soledad García-Conde Tartiere y tenía dos hijas: Catalina y Soledad. Ellas han perdido a un marido y a un padre irrepetible. Los que llevamos toda nuestra vida en ABC nos hemos quedado huérfanos de un Patrón de la vieja escuela: un señor en el más amplio sentido de la palabra.

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