ANÁLISIS

Por qué «Resident Evil 2» es un homenaje al miedo más que una remasterización

Es, posiblemente, el mejor título de la saga que, veinte años después, regresa a la vida con un lavado de imagen que consigue atraer al espectador a un terror visceral y directo

madridActualizado:

El mito vuelve por la puerta grande. El que posiblemente, por méritos propios, es el mejor título de la veterana saga de terror regresa a la vida con una remasterización a la altura, bien trazada y con todo lo que hay que tener para demostrar que el género está más vivo que nunca. La primera vez de «Resident Evil 2» se produjo hace veinte años. Un tiempo más que estimable para calibrar los profundos cambios técnicos que ha alcanzado la industria en todos estos años.

Que no son pocos, porque la evolución gráfica ha sido tan notable que este lanzamiento supone casi un nuevo título. La trama sigue siendo la misma de entonces, pero la experiencia es totalmente distinta. Abordar las secuencias a manos de una simple arma cargada con cuatro simples balas supone un mayor terror. Es una repugnantemente aventura de miedo en donde la plaga de zombies han ganado en realismo y se ha mejorado considerablemente su apartado gráfico. Un logro que imprime tensión constantemente.

La historia se puede completar en dos perspectivas. Al principio hay que elegir el personaje, Leon S. Kennedy o Claire Redfield, aunque los caminos están cruzados, pero sigue los patrones clásicos del género de supervivencia y acción. Hay un detalle que puede pasar desapercibido, pero que también supone una nueva experiencia; la vista se sitúa a través de una cámara encima del hombro, con lo que la resolución de los conflictos puede resultar algo más espeluznante.

Sucumbir de nuevo a los encantos de este título tan añorado es fácil. Y eso que la trama no ha cambiado apenas. Los que lo hayan disfrutado en su momento tienen una nueva oportunidad de saltar a Raccoon City, el icónico (y recordado) escenario de la apocalípsis zombie, en donde los personajes deben sobrevivir para llegar al fondo de lo que hay detrás del ataque. Las razones, que poco a poco se van desvelando a lo largo de unas quince horas de juego, permiten adentrarse en una peligrosa misión en la que están marcados los códigos establecidos por el género: sangre, miedo, munición escasa, clásicos puzles como la de recogida de llaves y un guión imbricado repleto de pequeños giros narrativos. Esos pequeños rompecabezas como la apertura de puertas o encontrar la salida puede provocarte cierto nerviosismo, y pagarlo caro.

Un verdadero cóctel para amantes del género que, además de todo ello, consigue que la eliminación de los enemigos sea una tarea ardua y complicada. Requiere cierta entrega y paciencia pero, también, pensar antes de apretar el gatillo; solo hay que disparar si es estrictamente necesario. Esos nostálgicos zombies son más reactivos y resistentes. Reaccionan en tiempo real. Los daños son visibles de manera inmediata, pero es exigente. Muy exigente, sobre todo si juegas en niveles superiores porque ahora, además, las armas blancas se deterioran. Un solo golpe en la cabeza no acaba con ellos. Cada bala cuenta y apuntar debidamente te puede salvar la vida. En ocasiones es más recomendable huir o disparar a las piernas de un zombie que apunta a sus cabezas. Y más en los jefes finales que te vas encontrando cada cierto tiempo, y que no puedes acabar con ellos.