ANÁLISIS

«Devil May Cry 5»: un gran regreso del cazademonios

La nueva entrega del videojuego de acción presenta a tres personajes conectados y un gran nivel gráfico

madridActualizado:

La raíces de los videojuegos son muy profundas. Aunque en la actualidad la industria puede presumir de abordar cuestiones sociales, pasearse por nuevas narrativas y explorar nuevos caminos, existen muchos géneros de corte clásico que siguen aportando un notable rendimiento. Uno de los que apenas necesita cambiar mucho para seguir gustando es el «hack and slash». Un tipo de jugabilidad basada en la acción frenética y la abultada sombra de múltiples enemigos que derrotar.

Hace casi veinte años de la aparición del primer «Devil May Cry» y, desde entonces, la potencia gráfica ha evolucionado. También el abanico de opciones narrativas. Con algunos altibajos en su duradera trayectoria, esta saga demoníaca regresa una década después de su última propuesta. Y lo ha hecho a lo grande. En « Devil May Cry 5», los videojugadores cogen el relevo de los últimos acontecimientos narrados con anterioridad.

De ahí que su personaje principal, Dante, quede revelado a un segundo plano en los primeros compases del juego y, físicamente, algo más deteriorado. Algo producto de la edad. Esta nueva entrega sitúa al jugador en el campo de batalla de una nueva invasión demoníaca. La última esperanza de la humanidad está en manos de tres cazademonios: Nero, Dante y un recién llegado llamado, misteriosamente, V. Cada uno cuenta con un estilo de combate completamente diferente y un arsenal específico como punto de partida y, como siempre, el estilo cuenta en la manera de abordar los conflictos.

Es una especie de «boyband» en el que el usuario comienza en el papel de Nero, un cazademonios manco pero de gran destreza con la espada. A su paso se encuentra V, un misterioso compañero, con el que se fraguan interesantes alianzas. El título funciona con entereza. Es directo y contundente. Aunque narra una serie de acontecimientos, que ejercen de correa de transmisión hacia las distintas misiones, su planteamiento es muy clásico; misiones cortas, gran presencia de jefes finales a los que dedicarles un cierto tiempo (también de aprendizaje para descubrir sus puntos flacos) para superarlos y unas mecánicas simples pero efectistas.

El jugador debe enfrentarse a hordas de demonios con una variedad de ataques a distancia y armas cuerpo a cuerpo para recibir una calificación de estilo en combate basada en una serie de factores como la variedad de movimientos, la duración de un combo y los ataques esquivados. Todo ello invita a ir a espadazo limpio, aunque está al alcance utilizar las habilidades del brazo biónico (en el caso de Nero) pero su energía se acaba y es necesario localizar objetos virtuales para ponerlo en marcha. Hay que emplearlo bien puesto que igual se pierde la oportunidad. También este personaje cuenta con un arma de fuego que, aunque su impacto es menor, puede servir para ralentizar a los rivales, que son muchos y con el tiempo más poderosos.

La propuesta de « Devil May Cry 5», seductora para el gremio de aficionados, tiene un elevado apartado gráfico que le sitúa en los nuevos tiempos. Nada que ver con los gráficos de antaño y su tasa de actualización es óptima para disfrutar a plena luz de una historia, aunque narrativamente irrelevante, preparada para hacer pasar buenos ratos.