Los españoles queremos salir a las 18.00 horas del trabajo, pero que haya servicios que se mantengan abiertos las 24 horas o casi. La razón, dicen las empresas, son los turnos
Los españoles queremos salir a las 18.00 horas del trabajo, pero que haya servicios que se mantengan abiertos las 24 horas o casi. La razón, dicen las empresas, son los turnos - ABC

Horarios laborales«A veces, si los directivos no quieren volver a casa pronto, pueden arrastrar al resto de la plantilla»

Una de las razones que esgrime uno de los mayores expertos en conciliación del país es que el trabajador está dispuesto a hacer un esfuerzo extra por no perder su puesto de trabajo a costa de la conciliación de su vida familiar y personal

El profesor destaca que la jornada de las 18.00 horas beneficiaría al turismo y las exportaciones

MadridActualizado:

José María Fernández-Crehuet es profesor doctor por la Universidad a Distancia de Madrid (Udima) y de la Universidad Politécnica de Madrid, en el departamento de Ingeneriería de Organización, Administración de Empresas y Estadística. Una disciplina que le permite acuñar el libro «La conciliación de la vida profesional, familiar y personal: España en el contexto europeo» (Ediciones Pirámide). Es su obra una de las mejores fotografías de cómo está nuestro país, en relación a sus vecinos europeos, en este asunto trascendental que a todos atañe.

Entre sus muchas reflexiones, el profesor explicita para ABC que cree que se ha hablado poco del decreto que cambió la hora en España y que genera confusión. De acuerdo con ese decreto, suscrito en 1922 por Alfonso XIII y motivado en parte por una demanda de Inglaterra a causa del gran comercio con las islas Canarias, al archipiélago se le aplicó el huso 23, uno menos que el resto de España, justificado por su situación distinta con respecto al meridiano de Greenwich.

Por lo tanto, «desde esa fecha, la hora legal del territorio nacional fue la que le correspondía a su situación geográfica, exceptuando la parte occidental de Galicia, del meridiano de Mondoñedo hasta el mar, pues se encuentra en el huso 23, el mismo que el archipiélago canario, pero que mantuvo la misma hora que el resto de la Península». El profesor Fernández-Crehuet abunda en que «Canarias también debería ajustar su hora actual (le toca todavía una hora menos pues no está situada en el mismo meridiano que la Península) con lo que no se perdería lo de "una hora menos en Canarias"».

El profesor Fernández-Crehuet, autor del libro «La concliación de la vida profesional, afmiliar y personal. España en el contexto europeo»
El profesor Fernández-Crehuet, autor del libro «La concliación de la vida profesional, afmiliar y personal. España en el contexto europeo»- ABC

Como ya publicó este periódico, el huso horario vigente en el país se remonta a una decisión tomada por Franco y que nos situó en un meridiano que no nos corresponde, con la misma hora que Francia y Alemania, y una menos que la que deberíamos tener, la que sigue en Canarias, Portugal y Reino Unido. «Ya en 1940, después del armisticio con Francia, cuando Alemania llega hasta los Pirineos, la hora de la Europa Central es impuesta a la Europa Occidental ocupada», comenta el profesor. Ese mismo horario ya había sido anteriormente adoptado en España, al inicio de la II Guerra Mundial en concreto por Orden de 7 de marzo de 1940, de Presidencia del Gobierno, donde se dice con literalidad:

«Hora legal. Se adelanta en sesenta minutos. Considerando la conveniencia de que el horario nacional marche de acuerdo con los de otros países europeos y las ventajas de diversos órdenes que el adelanto temporal de la hora trae consigo, dispongo:

Artículo 1º. El sábado 16 de marzo, a las veintitrés horas, será adelantada la hora legal en sesenta minutos.

Artículo 5º. Oportunamente se señalará la fecha en que haya de restablecerse la hora normal».

La confusión era por los bombardeos

«Parece ser, que para evitar confusiones con los horarios –y evitar desfases durante los bombardeos y demás acciones de guerra programadas–, los países del meridiano optaron por ajustar sus horarios al huso central alemán. De esta manera, Gran Bretaña, Irlanda, Portugal y España atrasaron el reloj una hora. Después de la guerra, los países volvieron a su horario habitual excepto España.

Tras la Guerra Mundial, y sincronizados las horas para los bombardeos, todos los países volvieron a su horario habitual salvo España

Hay que concretar que la decisión de la hora oficial, al ser soberana, es muy distinta dependiendo del país. En Estados Unidos hay diez zonas horarias: cuatro en el propio continente, dos en Alaska y Hawai, y cuatro en las posesiones. En Rusia hay once. En cambio, en China, aunque le correspondería tener seis zonas horarias, sólo existe una hora oficial por decisión igualmente autoritaria. Pero, añade el profesor, «la hora legal de cada país es la que corresponde a su situación geográfica, la del huso horario en que se encuentre, sin posibilidad de cambios».

¿Ve factible implantar el tema de la jornada a las 18.00 horas en España?

Sí. No podría realizarse en todos los puestos de trabajo porque debe haber servicios de urgencias en hospitales, etcétera.

¿Cuál sería la mayor traba para hacerlo?

Hay miedo al cambio.

¿Existe algún cálculo estimativo de cuánto podría costar hacerlo?

No hay estudios de costes, puesto que lo que produciría son ventajas. Económicamente, por ejemplo, con ese horario, se facilitaría una mayor apertura de las exportaciones españolas a los mercados europeos (el 65% de nuestras exportaciones se realizan a países de la UE, puesto que al coordinar los horarios de nuestras jornadas laborales con el resto de Europa, se mejorarían nuestras relaciones comerciales facilitando el contacto entre países). Los turistas, que en España contribuyen al 10,9% del PIB y generan el 11,9% del empleo, agradecerían dicha modificación sintiéndose menos sorprendidos de nuestro desordenado estilo de vida.

¿Por qué España no se decide a atajar una cuestión histórica que se viene reclamando y que cada vez va a peor en las empresas como es la conciliación de la vida familiar y laboral?

Las causas son varias: entre las razones culturales se encuentra el hecho de que los españoles no quieren cenar de día, mientras que a los europeos del norte no les importa.

«Los turistas agradecerían el cambio de horarios laborales en España para hacerlos más semejantes con el resto de Europa»

Como hay pocos empresarios y menos empresas de alto valor añadido, tienen un poder de negociación muy alto. Cuando alguien no tiene mucho que ofrecer o en todo caso puede ser fácilmente sustituido, puede ofrecer, al menos, disponibilidad horaria casi ilimitada, y es lo que sucede en España. Tenemos doble tasa de paro en nuestro país en comparación con la UE y el trabajador está dispuesto a hacer un esfuerzo extra por no perder su puesto de trabajo a costa de la conciliación de su vida familiar y personal.

La disponibilidad horaria casi ilimitada permite dejar las cosas para el último momento, porque «siempre habrá alguien en la portería para parar el gol cuando llegue». Por razones de «tradición», seguramente mala, algunos españoles prefieren esa disponibilidad horaria casi ilimitada a la estricta planificación que constituye su alternativa.

Otro problema es que a veces no todo el mundo quiere volver a casa muy pronto para estar con su familia por problemas de convivencia en el hogar. Por eso se prolonga la jornada, arrastrando a veces (si son directivos) al resto de la plantilla.

Una jornada tipo, para que el país fuese bien, ¿cómo sería? ¿De qué hora a qué hora tendría que abarcar?

«A veces no todo el mundo quiere volver a casa pronto para estar con su familia por problemas de convivencia en el hogar. Si son directivos, arrastran al resto de la plantilla»

Igualando nuestra hora oficial a la solar facilitaría modificar algunos hábitos para mejorar nuestra calidad de vida. Nos podríamos seguir despertando a la misma hora, pero cuando nos levantásemos no tendríamos que esperar tanto tiempo para encontrar el amanecer del día. Un desayuno copioso en nuestra propia casa proporcionaría ventajas para afrontar todo el día y beneficiaría nuestra dieta, puesto que el aporte calórico consumido serviría para el resto de la jornada. Empezando a trabajar (por ejemplo) a las 9.00 horas no sería necesario a media mañana un parón en la jornada laboral para el segundo desayuno de las 11.00 horas que actualmente realizamos, y ganaríamos ya 30 minutos. Podríamos también adelantar un poco el almuerzo a partir de las 13.00 y dedicar una hora en vez de dos a una comida más ligera (que no consiste en «un sándwich en la mesa de trabajo») de un plato abundante y postre en vez de dos. De esta manera, el estómago no debe realizar una digestión pesada y sería más fácil reiniciar el trabajo sobre las 14.00. Después de las 18.00, tras una jornada laboral de 8 horas bien aprovechadas (nuestra productividad por hora trabajada actualmente es mucho más baja que la media europea) tendríamos el resto de la tarde para nuestra vida personal y familiar, ganando hasta dos horas. El horario escolar debería adaptarse al horario de los padres, evitando niños con jornada intensiva y padres con jornada partida. Disponer de tiempo para estar con los hijos es clave para su educación y evitar el fracaso escolar. A partir de las 20.30, podríamos cenar y sería la hora donde las principales cadenas ofrecieran sus informativos.

El «prime time» de nuestras televisiones podría comenzar de 21.00 a 23.00 horas y contaríamos entonces con una hora más de sueño que es lo que nos separa del resto de europeos, levantándonos al día siguiente más descansados.

¿Conoce ejemplos llamativos para el lector de cosas que estén haciendo las empresas para implantar un horario más modernizado, dinámico, conciliador? Me los puede contar?

Flexibilidad horaria, teletrabajo, y gestión eficiente del tiempo son algunos pilares sobre los que se asienta la conciliación en Repsol. El equilibrio entre la vida profesional y personal redunda en un mayor bienestar y compromiso de los empleados. Por eso, Repsol impulsa un cambio cultural hacia la eficiencia.

«Repsol es una empresa modélica en conciliación, asentándola sobre pilares como la flexibilidad horaria, el teletrabajo y la gestión eficiente del tiempo»

La flexibilidad horaria se ha implantado de una manera global y se ha adaptado a los usos y costumbres de cada país, así como una serie de permisos retribuidos (maternidad, paternidad, permiso de lactancia, permiso por fallecimiento de familiar o matrimonio). Estas medidas superan la legislación en la mayoría de lugares donde Repsol está presente.

En el caso de España, todos los empleados disponen de las siguientes mejoras:

-Se aumenta la edad del menor a 12 años para la reducción de jornada por razones familiares.

-Se ha habilitado un permiso especial para atender el cuidado de un hijo/hija menor de edad por padecer enfermedad grave que requiera ingreso hospitalario de larga duración.

-La compañía facilita un programa de Servicios Asistenciales dirigido a todos los empleados, así como a sus familiares (cónyuge, hijos, suegros, padres y abuelos) con el objetivo de apoyarles en sus problemas de salud.  

En los tres edificios de Madrid, Campus, Tres Cantos y Móstoles, se han establecido las siguientes medidas de flexibilidad horaria contempladas en el VI Acuerdo Marco:

-Flexibilidad horaria de dos horas (entrada de 7,30 a 9,30) en el horario de invierno.

-Posibilidad de disminución del tiempo de comida, con la consecuente anticipación del horario de salida.

-Cómputo mensual de jornada lo que permite a los empleados una distribución de la jornada diaria de acuerdo a sus necesidades personales.

-Permanece inalterable la consideración de jornada intensiva durante todos los viernes del año.  

La conciliación repercute en el bienestar de los empleados, y por ende, en el de la compañía. La garantía de que las personas puedan equilibrar su vida laboral y personal incentiva la productividad, promueve la identificación con la empresa y hace que la compañía alcance sus metas de forma más eficiente y sostenible.

Y los empleados lo reconocen mayoritariamente. En torno al 60% de las personas que trabajan en Repsol afirman que pueden conciliar de manera satisfactoria su vida personal y profesional. Una afirmación que se suma al hecho de que, según la encuesta de clima de 2011, más del 60% de la plantilla asegura que la compañía es el mejor lugar para trabajar.

Desde Repsol apuestan por una filosofía de trabajo orientada a resultados y a la consecución de objetivos, que premia la eficiencia sobre la presencia. Trabajan, desde hace años, en una de las herramientas clave en la evaluación individual de los trabajadores en Repsol como es el programa de Gestión por Compromisos.

¿Cuál es la medida clave que usted implantaría ya para dejar de ser el «patito feo», como usted describe, de nuestro entorno? ¿Qué otras medidas harían falta?

La hora oficial ha de estar lo más próxima a la «real» por principio, sin entrar en consideraciones de ahorro energético ni nada por el estilo. Es un tema de salud. El reloj interno no es una metáfora, uno no puede levantarse todos los días a la 1 a.m. e irse a dormir a las 17.00 horas como si nada. El reloj interno se ajusta con el sol, con la longitud de onda de los fotones (cuando hay ausencia de luz azul el cerebro «considera» que está anocheciendo y baja el ritmo).

Hay dos debates: el del desajuste español y el de cambiar la hora del reloj. Pero el principio que debe regir en los dos, en mi opinión, es el de favorecer un número adecuado de horas de sueño.

Alemania es un país en el que la mayor parte de la población cuenta con un horario flexible variable, que suele estar comprendido entre las 8.00 y las 17.00 horas. Eso sí, nadie se dedica a realizar en la oficina asuntos distintos del trabajo asignado tales como mirar la prensa en internet, responder emails personales o charlar del programa de televisión de la noche anterior con los compañeros. Es cierto que nuestra cultura es más proclive a fomentar las relaciones sociales en el trabajo, cosa que no se produce en los países nórdicos pero ha de buscarse ese equilibrio entre relacionarse con los compañeros y no perder el tiempo chateando.

En Alemania se respeta el horario de trabajo y a las 17.00 horas en punto, o la hora que se haya fijado, se para. Si debo quedarme más tiempo, las horas extras se pagan [a un 40% adicional, con frecuencia], pero son una excepción, ya que conllevan costes adicionales para las empresas y son el reflejo de una mala planificación en el desempeño de las tareas que se encomendaron.