BIOGRAFÍAS: Adolf Hitler, Führer de Alemania

El hombre que puso a Europa al borde del abismo

La crisis económica y el Tratado de Versalles favorecieron su ascenso al poder. La pasividad de los aliados y su agresiva política llevaron al genocidio y a la guerra más sangrienta

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Adolf/Hitler/Führer de Alemania/Braunau Am Inn, 20 de abril de 1889-Berlín, 30 de abril de 1945/

Innumerables son los textos que se han escrito sobre Adolf Hitler. Su personalidad, su obra, vida o pensamiento político, aparte de su responsabilidad última como causante del mayor conflicto en la historia de la humanidad. Cabo del Ejército Bávaro durante la Primera Guerra Mundial, aunque austriaco de nacimiento, quedó temporalmente ciego por los gases asfixiantes utilizados en combate. Tras ser desmovilizado, se unió a un pequeño partido de tendencias nacionalistas y socialistas (el NSDAP), en el que pronto destacó por su magnetismo personal y sus capacidades oratorias. Y en poco tiempo, alcanzó la cúpula del mismo, organizándolo como una jerarquía militar en la que reservaba para sí la suprema jefatura como Führer (Jefe).

Tras un intento de golpe de estado a mediados de los años veinte ( Putsch de Múnich) pasó unos meses en prisión, lo que aprovechó para dictar su obra Mein Kampf (Mi lucha), en la que sintetiza unos principios políticos en exceso vulgares, junto a un nacionalismo extremo y un racismo radical.

La crisis económica de 1929, con sus secuelas de penuria y paro, favoreció el ascenso del partido nazi, logrando Hitler el nombramiento de canciller en 1933 y la presidencia de Alemania al año siguiente, a la muerte del viejo mariscal Hindenburg. Desde ese momento, partido y estado se confunden en una dictadura férrea puesta al servicio de la anulación de las onerosas cláusulas para Alemania contenidas en el Tratado de Versalles, que puso fin a la Gran Guerra.

Ante la pasividad y el apaciguamiento de las potencias occidentales, Hitler canceló el pago de las reparaciones económicas, entró con sus tropas en la desmilitarizada Renania, recuperó el Sarre, se anexionó Austria e intervino con sus fuerzas en la Guerra Civil española... El primer escollo en su política reivindicativa y expansiva lo encontraría el flamante Führer cuando intentó incorporar al Reich los territorios de mayoría germana de Checoslovaquia. Se rozó la guerra pero, finalmente, en Múnich, Francia y el Reino Unido cedieron una vez más y Hitler pudo hacerse inicialmente con los Sudetes y más tarde desmembrar Checoslovaquia, anexionándose Bohemia y Moravia como protectorado.

Su siguiente reivindicación sería el corredor de Danzig, territorio polaco que dividía en dos Alemania. Y así, tras un sorpresivo pacto con la URSS (Pacto Molotov-Ribbentrop), Hitler lanzó sus ejércitos contra Polonia, lo que fue replicado de inmediato por Francia y el Reino Unido, originándose la Segunda Guerra Mundial.

Los triunfos iniciales de la Wehrmacht entre 1939 y 1941, y el éxito de sus arriesgadas iniciativas, tanto políticas como militares, llevaron a Hitler a un exceso de confianza en sí mismo, desoyendo cada vez con más frecuencia los juicios y consejos de los mandos de sus ejércitos, quienes incluso llegaron realizar varios atentados, fallidos, contra su persona. La dirección de la guerra llevada a cabo por el Führer sería a la postre, si no la única, si la más importate causa del desastre germano. Enfermo y completamente desconectado de la realidad, ante la inminencia de la derrota total, Hitler se suicidó junto con su esposa, Eva Braun, en el búnker de la cancillería en Berlín, capital de un Reich que iba a durar mil años y que se había convertido en veinte de pesadilla.

Pintor y arquitecto frustrado, responsable último de la guerra y de las políticas de exterminio nazis, el nombre de Hitler irá para siempre unido al genocidio criminal, incluso contra su propio pueblo, al cual negaba cualquier derecho de supervivencia en la derrota...

Archivo Fernández-Xesta.