Cinco lugares de Madrid para pasar el fin de semana en el campo

Te proponemos varias opciones para escapar de la gran ciudad y reencontrarse con el silencio de la naturaleza

MadridActualizado:12345
  1. Recorre el Jarama por el Hayedo de Montejo

    ABC

    Las tierras de la Sierra del Rincón (conocida también como Sierra Pobre), situada entre las estribaciones de Somosierra y el macizo de Ayllón, fueron utilizadas por los nobles para el ocio y la caza. Después evolucionaron hacia los aprovechamientos tradicionales, con dominio de la ganadería. Desde hace unos años el potencial turístico de la comarca aconsejó regular el acceso al hayedo de Montejo, una reliquia de los tiempos fríos que trepa por la parte umbría de El Chaparral, monte de 250 hectáreas llamado así por la presencia de chaparros (pequeños robles). Corzos y jabalíes encuentran un refugio impagable donde no falta alimento en los meses de aprovisionamiento previos al invierno. Ayucos, bellotas y bayas se prodigan en árboles y arbustos. Pero son las hayas de troncos retorcidos las que seducen y asombran.

    El hayedo de Montejo es un lugar que hay que ver en cualquier época del año. Merece la pena visitarlo a lo largo de la senda del río, un sinuoso sendero que recorre el caprichoso trazado del recién nacido río Jarama que recorre el margen derecho del bosque de hayas.

    Más información: www.montejodelasierra.net

  2. Un día en Patones para comer callos

    Patones de Arriba
    Patones de Arriba - GONZALO CRUZ

    Al noreste de la sierra de Madrid se esconde una de las zonas menos conocidas y con más historia de la región. La aldea negra de Patones de Arriba es el punto de neurálgico de esta zona. Es un reducto insólito de la arquitectura de pizarra en la región que, con los años, ha acabado transformándose en refugio de bohemios y destino de quienes buscan placeres culinarios de fin de semana. Declarado Bien de Interés Cultural en 1999, su apretada urbanización de centenarias viviendas apiladas entre sí para paliar los rigores del invierno serrano le confiere un carácter muy singular. Entre semana apenas quedan vecinos, pero los fines de semana recobra el pulso vital gracias a la oferta hostelera.

  3. Rascafría es aún más que sus leyendas

    El interior de Santa María de El Paular
    El interior de Santa María de El Paular - BELÉN DÍAZ

    Enclavado en pleno valle de El Paular, uno de los lugares más bellos de la Sierra norte, se asienta la localidad de Rascafría. Su condición agreste y aislada la convirtió en refugio de bandidos y cuna de leyendas, como la del famoso bandolero apodado el Tuerto Pirón, que se escondía durante el día en el ya desaparecido olmo centenario de la plaza. O la del Carro del Diablo, que fabula con la hija del sacristán de Segovia, que vendió su alma al diablo a cambio de no tener que bajar todos los días a por agua. Para ello el diablo debía construir un acueducto en una noche, pero cuando está transportando la última piedra, le sorprende el amanecer y queda petrificado, constituyendo una mole de granito a la que se accede desde el camino de las Eras.

    Pero Rascafría es aún más que sus leyendas. Entrando en el pueblo nos sorprenderá la arquitectura serrana de sus casas, de las que sobresalen grandes chimeneas de forma rectangular. Frente a la plaza de la Villa se alza el Ayuntamiento, de estilo neomudéjar. Construido a principios del siglo XX sobre las ruinas de la anterior Casa Consistorial ha tenido diversos usos a lo largo de la historia.

  4. En el trono de Felipe II

    El Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, frente a la Herrería
    El Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, frente a la Herrería - GUILLERMO NAVARRO

    El Bosque de La Herrería fue declarado Paisaje Pintoresco en 1961, y actualmente está comprendido en la Red Natura 2000 como Lugar de Interés Comunitario y Zona de Especial Protección para las Aves.

    En 1561 Felipe II decidió la actual ubicación del Monasterio y adquirió los terrenos donde habría de construirlo, así como los colindantes necesarios para crear un coto real de caza y disponer de pastos para el ganado y huertas de abastecimiento de los monjes. Todo ello lo cercó con un muro de piedra de 2 metros de altura y 50 kilómetros de perímetro (Cerca Histórica de Felipe II). Hacia finales del siglo XVI, los límites del Real Sitio de El Escorial eran extraordinariamente vastos, teniendo una continuidad física con los lindes del Monte de El Pardo.

    La inmensa mayoría de estas propiedades fueron vendidas en 1870 por el Estado a particulares como consecuencia de las leyes desamortizadoras del Sexenio Revolucionario, y sólo se conservan adscritas al Patrimonio Nacional las fincas de La Herrería, El Cerrado, El Romeral y El Navazo de la Pulga. En el siglo XVIII se construyeron dentro de la Herrería las Casitas del Príncipe y del Infante con sus respectivos parques y jardines.

  5. El búnker que corona Guadarrama

    Vértice geodésico en la cumbre. A sus pies, el embalse de La Jarosa
    Vértice geodésico en la cumbre. A sus pies, el embalse de La Jarosa - Rubén Ojeda

    La Cabeza de Líjar está coronada por un búnker de la guerra civil española reconvertido en refugio y mirador; al lado del mismo se ubica un vértice geodésico de primer orden, desde donde se ven las estrellas. El ascenso a esta cumbre se realiza a través de una pista forestal que sale del puerto de Guadarrama en dirección oeste y que, tras recorrer dos kilómetros aproximadamente, termina en el collado de la Mina, lugar desde el que sale un camino que conduce a la cima.

    Se puede llegar al Collado de la Mina subiendo por el camino que acompaña el cauce del Arroyo Mayor hasta el Collado del Hornillo y de allí al de la Mina.