Vuelve el oficio de calesero a Aranjuez
Jordi Pérez, el calesero de Aranjuez, junto a su carruaje - isabel permuy
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Vuelve el oficio de calesero a Aranjuez

Jordi Pérez, un forofo del tiro de caballos, se ha hecho con la concesión del servicio de calesas para uso turístico

maría isabel serrano
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«Lo tienen a la derecha y hay pocos tan bonitos.¡Admiren el Palacio Real!». Y todos miran con cara de asombro y de asentimiento.Las palabras de Jordi Pérez se van mezclando con los motores de los coches, el timbre de una bicicleta, el tañido de las campanas de la iglesia cercana... Y con el ruido de los cascos de su yegua que nos pasea en calesa. Sí. Estamos en Aranjuez, la primera ciudad de la Comunidad de Madrid que apuesta por este novedoso servicio turístico. Él, el calesero, conduce con mimo. «Este trabajo es maravilloso». No lo puede disimular.

A lo alto del carruaje, a los mandos de este transporte de épocas románticas y aristocráticas, este madrileño de 35 años tiene el privilegio de reestrenar una de las profesiones más representativas durante siglos. «El tiro de caballos es mi hobby. Mi oficio es el de electricista. A ello me he dedicado toda la vida. Pero surgió esta oportunidad, me presenté al concurso que convocó el Ayuntamiento de Aranjuez y aquí estoy», nos cuenta.

El recorrido es muy ameno. Como la charla con Jordi. Es una gozada atravesar los rincones de esta «ciudad joya» en un precioso coche de caballos lacado en negro, tapizado en cuero blanco, con sus farolillos, su capota y todo lo demás. Perfectamente cuidado.

«En cuanto supe que se iba a ofrecer este servicio turístico me entusiasmé. Me parece muy innovador. Y más en esta ciudad, que es perfecta para recorrerla en calesa», explica Jordi Pérez al trote de su yegua, un magnífico ejemplar de seis años, al que puso de nombre «Leticia».

El calesero de Aranjuez es un apasionado de los caballos. Tiene diez para los recorridos turísticos. «Soy criador. Hay que estar muy pendiente de ellos. Son unos seres auténticos, con mucha nobleza. A mí, por lo menos, me dan muchas satisfacciones. Con esto de las calesas, los voy sustituyendo, como en las carreras de relevos. Cada cuatro paseos, los cambio porque se duelen de los tendones. Tienen que parar, descansar y refrescar». Los cambios lo hace no sólo por el bien de los equinos, sino para garantizar un buen servicio al turista.

Sobre el carruaje, Jordi relata que lo compró en Sevilla. Como los demás que tiene. Se calla lo que le costó. O no se acuerda, dice. «Pero son de los más bonitos y vistosos», se jalea a sí mismo. De hecho, tiene una empresa, Carruajes La Paloma, muy popular en toda la comarca, con la que también organiza bodas para que los novios lleguen a la iglesia y al ágape de forma majestuosa. «¡Hasta para romerías me han llamado!», exclama. Y parece que las ha aceptado.

Jordi Pérez comenta que el Ayuntamiento ha estado muy acertado con este servicio. Pero no fue fácil hacerse con él, con la concesión. «Estuve cuatro meses dando vueltas al proyecto porque —señala—, había que hacerlo muy bien y conjugar muchos requisitos. Aranjuez es mucho Aranjuez. Hay que mirar todo con lupa porque es ciudad Patrimonio de la Humanidad. Al final me lo concedieron. Es para catorce años y renovable».

Seguimos el paseo en calesa. Una hora de recorrido sale por 40 euros; 60 si se parte de una salida especial. Hay tres rutas: por el Casco Histórico, la de los Sotos Históricos y la de Casa de la Monta. Se estudia, con Patrimonio Nacional, un recorrido por el Jardín del Príncipe. Sería el no va más.

Los clientes de Jordi son variados. Asegura que los más animados son los madrileños, en general, y los de la capital en particular. «Una vez subió un veterano de la guerra de Vietnam. Le encantó tanta cultura a su alrededor».

Estamos llegando al final del trayecto. Antes, un semáforo. La yegua se detiene sin que Jordi diga o haga nada. «¡Es que ya se los sabe. Para con el rojo y arranca con el verde. Con el color ambar todavía se mosquea un poco. No lo controla bien y la tengo que ayudar». Ver para creer.