El presidente de Estados Unidos, Donald Trump
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump - AFP

El presidente se enfrenta también con la CIA y el Ejército

Trump mantiene su apoyo a Arabia Saudí y critica al militar que capturó a Bin Laden

WashingtonActualizado:

A pesar de que la CIA ha llegado a la conclusión de que la orden de matar al disidente Jamal Kashoggi provino directamente del príncipe heredero saudí, Mohamed bin Salman, Donald Trump tomó ayer una decisión sin precedentes y de grandes consecuencias para EE.UU.: el presidente se distanció de sus propias agencias de inteligencia y colocó los intereses económicos por encima de la defensa de los derechos humanos. En un insólito comunicado, que comenzaba con la proclamación «¡América primero!», Trump llegó a poner en duda la honorabilidad de la víctima y anunció que no habrá represalias por su asesinato.

Antes, la CIA puso en manos del presidente un informe que ha tardado siete semanas en elaborar y que incluye pruebas irrefutables de que Bin Salman no sólo sabía de la operación para matar a Khashoggi el 2 de octubre en el consulado saudí en Estambul, sino que fue él mismo quien dio la orden de ejecutarlo y movilizó para ello a personas de su confianza. La inteligencia norteamericana dispone de grabaciones de sonido de los últimos momentos en vida de Khashoggi, que residía en Washington y era columnista del diario «The Washington Post». El presidente se ha negado a escucharlos.

Sin ni siquiera leer todo el informe de la CIA, Trump emitió ayer un comunicado en el que proclamó que Bin Salman «podría haber sabido de este trágico suceso - ¡o tal vez no!». Nunca antes un presidente norteamericano había puesto en duda de ese modo las conclusiones de sus propias agencias de inteligencia. Menos aún con un comunicado que parece más una sucesión de mensajes en la red social Twitter que un anuncio oficial de política y diplomacia. Lo hizo, además, minutos antes de la ceremonia anual en la que el presidente indulta a un pavo en vísperas de Acción de Gracias, lo que llevó a la cadena CNN a proclamar: «Trump perdona al pavo y a Arabia Saudí».

El comunicado se titula «Declaración del presidente Donald J. Trump sobre su apoyo a Arabia Saudí». Comienza hablando de Irán y su apoyo al terrorismo; pasa a recordar que Riad ha prometido dedicar 450.000 millones de dólares a comprar productos norteamericanos -«algo que creará cientos de miles de puestos de trabajo»-, y asegura que Riad consideraba a Khashoggi, que era periodista, «enemigo del Estado» y miembro de los Hermanos Musulmanes. En una afrenta a la CIA, el presidente segura que «puede que nunca sepamos todos los hechos». En resumidas cuentas, se conforma Trump con las leves penas aplicadas hasta ahora: sanciones económicas a 17 saudíes y retirada de visados a otras 21 personas.

Giro aislacionista

Que EE.UU. renuncie a ejercer presión sobre un aliado al que las propias agencias de inteligencia norteamericanas acusan de asesinar a un disidente en un país extranjero es un giro fundamental para una nación que en su día se marcó como objetivo promover la democracia en el mundo. Mas aún cuando la víctima era residente norteamericano y trabajaba para uno de los principales diarios del país. Es, en realidad, la culminación del giro aislacionista que prometió Trump en campaña electoral. Como el mismo presidente dice al final de su comunicado: «Es muy sencillo, se trata de poner a América primero».

En días recientes, el presidente se ha abierto un frente tras otro con instituciones del Estado antes alejadas de los vaivenes diarios de la política. Ni el ejército ha quedado a salvo. Tras saltarse dos homenajes a los caídos de guerra en un viaje a París y a su regreso a Washington, el presidente ridiculizó en una entrevista al almirante William H. McRaven, responsable de la exitosa operación para capturar y matar a Osama bin Laden. «Es un fan de Hillary Clinton», dijo. «¿Y no hubiera sido mejor si hubiéramos capturado a Bin Laden antes?». McRaven había criticado al presidente por su desprecio a la prensa, que calificó el año pasado de «grave amenaza a la democracia».