Un judío argentino, en los escombros de la AMIA tras el atentado de 1994
Un judío argentino, en los escombros de la AMIA tras el atentado de 1994 - AFP

La mayor matanza de judíos desde 1945

El atentado de 1994 contra la sede de la comunidad judía en Buenos Aires, que se ha cobrado otra víctima con Nisman, sigue sangrando en la memoria de todos

Actualizado:

El atentado de 1994 contra la sede de la comunidad judía en Buenos Aires, que se ha cobrado otra víctima con Nisman, sigue sangrando en la memoria de todos

El atentado a la mutua israelí AMIA es a Argentina lo que la caída de las torres gemelas a Estados Unidos o los atentados de Atocha a España. El ataque a la sede donde funcionaban, en 1994, las dos principales instituciones, política y económica, de la colectividad judía, AMIA y DAIA, dejó un saldo de 85 muertos y más de trescientos heridos. El proceso judicial, accidentado y plagado de irregularidades, veinte años más tarde, no se da por terminado. Los culpables siguen libres.

La Justicia tiene pendiente ocho órdenes de busca y captura internacional contra los presuntos terroristas. Irán e Hizbolá son considerados los responsables de planear y ejecutar el ataque en connivencia con cómplices locales. De estos, el único que hizo escala en la cárcel (diez años) fue el doblemente procesado, Carlos Telleldín, vendedor de la furgoneta que transportó y se estrelló, cargada de explosivos, contra el edificio del barrio porteño de Once

Otros personajes fueron procesados por encubrimiento, como el ex presidente de Argentina, Carlos Saúl Menem y el juez original de la causa, Juan José Galeano, apartado del cargo por mala praxis. La maraña de la AMIA tenía y tiene múltiples y espinosas aristas donde no son ajenos miembros del servicio de inteligencia argentino. Las causas para explicar por qué los terroristas eligieron Buenos Aires van desde la suspensión de Menem de contratos comerciales con Irán a su participación en la guerra del Golfo con flota argentina.

El atentado se produjo el 18 de julio de 1994. Por la mañana, cuando hay mayor circulación de viandantes y visitas, el edificio de la calle Pasteur número 633 quedó reducido a escombros. El estruendo ensordeció los oídos de buena parte de la ciudad de Buenos Aires. El caos y la desesperación se apoderó de los familiares de las víctimas que yacían bajo los restos de un edificio emblemático.

Sangre, sudor y lágrimas volvieron a sellar la tragedia del pueblo judío. Se trató de la masacre mayor contra objetivos judíos desde la II Guerra Mundial. El éxodo de la justicia empezó entonces y no termina. Policías corruptos, pruebas desaparecidas, diplomáticos terroristas y sentencias contradictorias salpican una causa que, tal y como dijeron los responsable de la DAIA, se cobró su víctima 86 con la muerte del fiscal especial para investigar el atentado, Alberto Nisman.