Los escenarios de Obama antes de la votación en el Congreso sobre Siria
El presidente de EE.UU., Barack Obama, en Suecia el pasado miércoles - afp

Los escenarios de Obama antes de la votación en el Congreso sobre Siria

Sumergido en una gira europea, el presidente de EE.UU. tiene el objetivo de lograr apoyos para un ataque «castigo» contra Siria

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«Seremos mucho más efectivos y mucho más fuertes si realizamos una acción juntos como nación». «¿Realmente vamos a encontrar una razón para no actuar en Siria? El mundo no puede permanecer callado ante semejante barbarie». En dos contextos distintos, estas palabras las ha pronunciado el presidente de EE.UU., Barack Obama, para conseguir la que es su finalidad hasta que se produzca la votación en el Congreso estadounidense sobre Siria: convencer de que la actuación que defiende en el país árabe, limitada en tiempo y alcance, tiene sentido.

La cita inicial corresponde al primer frente que tiene abierto Obama: el ámbito nacional. Tiene ante sí el reto de lograr el respaldo del Congreso, de mayoría republicana, y de la población estadounidense. En su contra juegan tanto el factor económico como el hartazgo hacia las guerras. De ahí que hayamos escuchado tanto, desde que hizo pública su decisión de buscar el respaldo de la Cámara, que él mismo está agotado de los conflictos bélicos pero que, pese a ello, es la «responsabilidad» de EE.UU. responder a un ataque de las características del perpetrado por el régimen del presidente sirio, Bashar al Assad. Obama también es consciente de que en la mente de la población aún están recientes los casos de Irak y Afganistán, por lo que, en todo momento, más allá de su discurso, se empeña por marcar las diferencias con su antecesor, George Bush. [ Así estamos contando en directo el conflicto sirio]

En primer lugar, Obama reitera su «convicción» de que en Siria se han empleado armas químicas, de que se han usado contra «inocentes», de que se ha «gaseado a 400 niños». Esto supone que se ha traspasado la «línea roja» a la que aludió como detonante de una acción militar estadounidense en Siria. Por este motivo, tras semanas sin dejar clara cuál sería su postura, cuando se supo la denuncia de la oposición siria de un ataque en el que murieron más de mil personas, Obama se pronunció. Lo hizo eligiendo muy bien el escenario -previamente John Kerry le había preparado el terreno explicando la operación «castigo»- y se presentó ante su nación y el mundo en los jardines de la Casa Blanca.

Convencer a EE.UU.

«Tras una deliberación cuidadosa he decidido que EE.UU. debe llevar a cabo una acción militar contra objetivos militares del régimen sirio», anunció el presidente estadounidense el pasado sábado. A continuación matizó esta decisión: previamente buscaría el respaldo del Congreso. De esta forma eliminaba los fantasmas de la era Bush, no empleó sus poderes presidenciales en solitario -algo para lo que, en este caso, está autorizado- y no se rodeó de un escenario ostentoso y de tintes militares como hizo Bush cuando anunció la intervención en Irak. Conseguía, además, un guiño al exterior, donde el «no» del Parlamento británico supuso un duro revés a la coalición internacional que pretendía actuar en Siria. También fue una forma de callar críticas internas que le reprochaban la falta de pruebas o de evidencias realistas.

Por último, el pasado martes, pidió el voto al Congreso y se hizo con apoyos determinantes, como el del presidente de la Cámara de Representantes, John Boehner, quien aseguró que la acción militar en Siria es algo que Estados Unidos, como nación, «tiene que hacer». Así dejó Obama su país, centrado ahora en su gira europea, cediendo el papel protagonista de convencer a los congresistas estadounidenses en manos de su vicepresidente, Joe Biden.

Convencer al mundo

La segunda afirmación con la que daba comienzo este reportaje, pertenece ya al segundo ámbito de la ofensiva de Obama para lograr apoyos: el internacional. Las pronunciaba el pasado miércoles en Suecia, Estocolmo, haciendo alarde, una vez más, de su capacidad oratoria, midiendo todas y cada una de sus palabras, pronunciadas en el tono más neutral posible.

Estocolmo ha sido su primera parada antes de partir, este jueves, hacia Rusia, donde tendrá lugar la cumbre del G20. Será allí donde, según informa el corresponsal de ABC en Moscú, Rafael Mañueco, se entrevistará a título personal con el presidente francés, François Hollande, y el líder chino, Xi Jinping. Son dos encuentros importantes ya que, en el caso de Hollande, Francia, tras la salida de Reino Unido, se ha convertido en el gran apoyo de Estados Unidos a la hora de liderar una acción en Siria. Eso sí, la postura francesa tampoco está del todo clara ya que la oposición mostró su rechazo a una eventual actuación militar de Francia en Siria si la intervención no está autorizada por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas o por un voto del Parlamento nacional.

El encuentro de Barack Obama y Xi Jinping también será de especial interés ya que China, junto a Rusia, ha sido la gran traba que se ha encontrado la ONU a la hora de alcanzar una posición común sobre cómo actuar en Siria. Falta por ver qué sucederá con el presidente ruso, Vladimir Putin, con quien había previsto una cumbre bilateral, cancelada por el caso Snowden.