El régimen chino aumenta los gastos sociales y militares para mantener el poder
Vista general de la Asamblea Nacional Popular, durante la intervención del primer ministro Wen Jiabao - afp

El régimen chino aumenta los gastos sociales y militares para mantener el poder

Pekín aumenta el presupuesto en empleo, agricultura, educación, infraestructuras y sanidad, pero la partida más cuantiosa es para el Ejército

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En su último discurso antes de retirarse después de diez años en el cargo, el primer ministro chino, Wen Jiabao, ha prometido este martes aumentar los gastos sociales para atajar las graves desigualdades que han provocado más de tres décadas de imparable crecimiento económico. Durante la apertura de la Asamblea Nacional Popular, la reunión anual del Parlamento orgánico del régimen, Wen Jiabao ha vuelto a reconocer que el desarrollo chino es «desequilibrado, poco coordinado e insostenible», y ha advertido que «mejorar el bienestar del pueblo debe ser el punto de partida de todo el trabajo del Gobierno».

Consciente de que su legitimidad reside en el progreso que ha vivido China desde su apertura al capitalismo, el autoritario régimen de Pekín se ve obligado a atajar la creciente brecha entre ricos y pobres, así como entre las ciudades y el campo. Su supervivencia depende de dicha estabilidad social, que podría estallar como una bomba de relojería en un país con más de 1.350 millones de habitantes que ya es la segunda potencia del mundo, pero donde la renta media es sólo de 24.565 yuanes (3.028 euros) al año en las grandes urbes, y de 7.917 yuanes (976 euros) en el mundo rural.

Dependiendo de si vive en la ciudad o en el campo, el chino de a pie subsiste con entre 252 y 81 euros al mes, pero cada día se cruza con coches de lujo por la calle o camina a la sombra de futuristas rascacielos de cristal y acero. Por detrás de Estados Unidos, China es ya el segundo país con más multimillonarios del mundo: 122 según «Forbes» y 317 a tenor de la revista «Hurun», lo que supone una quinta parte de los registrados en todo el planeta. Pero la ONU también ha contabilizado 128 millones de pobres de solemnidad y 468 millones con menos de dos dólares al día.

Modelo «más sostenible»

Tan brutales contrastes ponen en evidencia a un régimen que, para colmo, se sigue definiendo como comunista, que debe lidiar también con una emergente clase media urbana formada ya por 500 millones de personas y cada vez más consciente de sus derechos sociales. Aunque el desarrollismo ha sacado a China de la pobreza, ha generado una sociedad asfixiada por los bajos salarios, la inflación, la superpoblación, la inseguridad por los escándalos alimentarios y la contaminación, que ha nublado el cielo por el humo de las fábricas. «Debemos adoptar medidas eficaces para prevenir y controlar la polución y cambiar nuestro modo de trabajo y de vida. Debemos resolver los serios problemas de contaminación que hay en el aire, el agua y la tierra, que afectan a los intereses vitales del pueblo», propuso Wen Jiabao, quien insistió en la necesidad de «cambiar el modelo de crecimiento para hacerlo más sostenible».

Confiando en el desarrollo como «la clave para solucionar todos los problemas», el todavía primer ministro efectuó su pronóstico ya habitual sobre la subida del Producto Interior Bruto (PIB), que volvió a fijar en un 7,5 por ciento para este año, y de la inflación, en torno al 3,5 por ciento. Además, prometió crear nueve millones de empleos y mantener el paro por debajo del 4,6 por ciento, una cifra oficial que no se corresponde con la realidad.

Gracias a un aumento del déficit fiscal, el régimen chino gastará este año 13,8 billones de yuanes (1,7 billones de euros), un 10 por ciento más que en 2012. Entre sus principales partidas destacan los 655.081 millones de yuanes (80.773 millones de euros) destinados a la seguridad social y el empleo y los 619.588 millones de yuanes (76.376 millones de euros) que irán a la agricultura, así como los 413.245 millones de yuanes (50.937 millones de euros) que se invertirán en educación. Por su parte, las infraestructuras del transporte recibirán 397.386 millones de yuanes (48.965 millones de euros) y los servicios médicos 260.253 millones de yuanes (32.084 millones de euros).

Pero la dotación más cuantiosa será para el Ejército Popular de Liberación, formado por más de dos millones de soldados y cuyo presupuesto subirá un 10,7 por ciento hasta alcanzar los 720.168 millones de yuanes (88.796 millones de euros). Dicho aumento, algo inferior al 11,2 por ciento registrado el año pasado, es contemplado con preocupación por Estados Unidos, que se ha enzarzado con China en la nueva guerra fría del «ciberespionaje», y por países vecinos como Japón, Filipinas y Vietnam, con los que Pekín se disputa la soberanía de varias islas del Pacífico.

Mantener la estabilidad

Haciendo gala de su nuevo papel como superpotencia, el régimen botó el año pasado su primer portaaviones y probó un caza invisible al radar, al tiempo que sigue desarrollando su tecnología especial de carácter militar. «El fortalecimiento de nuestra defensa es para protegernos y para garantizar la paz y la seguridad, no para amenazar a otros países», justificó la portavoz de la Asamblea, Fu Ying, quien insistió en que «al ser un país tan grande, la incapacidad de China para mantener su propia seguridad no sería una buena noticia para el resto del mundo».

A pesar de este incremento y de ser el segundo país del mundo que más gasta en Defensa, su presupuesto militar aún es bastante menor que el de EE.UU., que destina 720.000 millones de dólares (551.592 millones de euros) al Pentágono. Mientras la Casa Blanca dedica un 20 por ciento del presupuesto federal a su Ejército, China reserva el 5,4 por ciento. Al menos oficialmente, porque numerosos expertos sospechan que sus gastos reales son mucho mayores.

Además, el autoritario régimen de Pekín dedicará 202.937 millones de yuanes (24.989 millones de euros) a reforzar la seguridad pública, cuya represión sobre los disidentes suele ser criticada por los grupos defensores de la democracia y los derechos humanos. Todo con tal de mantener la estabilidad social en China, que ha pasado de sufrir 8.700 revueltas en 1993 a las 90.000 que hubo en 2010, último año en que la Policía reveló tales datos. Con todos estos gastos sociales, militares y policiales, el régimen chino persigue legitimarse a través del progreso del país para seguir manteniéndose en el poder.