Los Rough-Riders, en el centro Theodore Roosevelt, tras tomar supuestamente la colina de San Juan - Vídeo: El Caney: la heroica gesta de un puñado de españoles frente a miles de yanquis

La verdad oculta del presidente de EE.UU. que fue condecorado por disparar a españoles por la espalda

El papel de Roosevelt en la colina de San Juan (Santiago de Cuba), la batalla más sangrienta de la guerra con España, se mitificó hasta caer en mentiras flagrantes. En 2001, Clinton otorgó al histórico presidente la Medalla de Honor por matar a un español en combate

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La principal razón por la cual la conocida como Leyenda Negra ha seguido vigente a lo largo de la historia tiene que ver con el enorme espacio de poder e influencia que llegó a ocupar el Imperio español. Muchos países de Europa emplean a España como el villano de sus mitos fundacionales, esto es, las historias que dan sentido a lo que son hoy en día. Así ocurre con las Islas Británicas, donde la victoria del anglicanismo de Isabel I frente al catolicismo que representaba María Tudor y su marido, Felipe II de España, Rey consorte de Inglaterra, conforman el relato de su nación. O en Alemania y Holanda, donde sus nobles usaron las religiones reformadas para diferenciarse y debilitar a España con distintas rebeliones que dieron origen a sus naciones.

En el caso de la actual potencia hegemónica, Estados Unidos, la oposición de lo anglosajón y lo germánico hacia lo español y lo romano está presente en su mito fundacional desde que los primeros ingleses pusieron pie en Norteamérica. La Guerra hispano-estadounidense de 1898 sirvió para reforzar en el relato nacional esa idea de que el mundo hispánico representaba la decadencia y, además, dispuso la ocasión de que el país se lamiera las heridas tras una guerra civil de la virulencia de la Guerra de Secesión americana, ocurrida solo unas décadas antes. Valiéndose de la capacidad integradora que todo conflicto externo tiene, EE.UU. empleó la guerra para presentar a sus fuerzas militares como ejemplo de la reconciliación entre norte y sur. España fue el enemigo común que unió a todos los estadounidenses.

De campaña electoral por Cuba

En aquella breve guerra contra España, la propaganda de EE.UU. recuperó a través de la prensa amarillista todos los tópicos de la Leyenda Negra para justificar su intervención en Cuba en defensa de la libertad de los cubanos, la implantación de la democracia y la expulsión de los viles colonizadores españoles, presentados como «malos cristianos» que estaban oprimiendo a sus colonos. Una vez iniciada la invasión de Cuba y los combates navales, la prensa insistió en las mismas imágenes y ensalzó a sus héroes militares como libertadores.

Fotografía presidencial de Theodore Roosevelt
Fotografía presidencial de Theodore Roosevelt

Como cuenta Esteban Vicente Boisseau en el estudio «La imagen de la presencia de España en América (1492-1898) en el cine británico y estadounidense», informe editado y premiado por el Ministerio de Defensa, el periodista Richard Harding Davis y el artista Frederic Remington, que habían contribuido a la campaña de prensa contra España, colaboraron también para exagerar la carga realizada por Theodore Roosevelt, presidente del país de 1901 a 1909, en la colina de San Juan defendida por los españoles el 1 de julio de 1898.

Roosevelt era un firme defensor de la superioridad de la raza anglosajona-germánica, como así escribió en su libro «La conquista del oeste», dando a entender que los indios, los afroamericanos y los hispanos eran seres inferiores. Por esas convicciones y por mero interés político, el entonces subsecretario de la Armada no dudó al estallido de la guerra con España en alistarse como teniente coronel, segundo al mando del 1º Regimiento de Caballería voluntaria, unidad de más de mil jinetes conocida como «Rough Riders» («jinetes duros»).

Roosevelt era un firme defensor de la superioridad de la raza anglosajona-germánica, como así escribió en su libro «La conquista del oeste», dando a entender que los indios, los afroamericanos y los hispanos eran seres inferiores

El papel de Roosevelt en esa colina de San Juan (Santiago de Cuba), la batalla más sangrienta de la guerra, se mitificó hasta caer en mentiras flagrantes. Se difundió, con pinturas de Remington, la imagen del político encabezando una valerosa carga de su regimiento contra una colina minada de españoles. El estadounidense contó al reportero Richard Harding Davis que su actuación contribuyó decisivamente a la toma de esta posición. Sin embargo, la realidad es que Roosevelt y sus hombres subieron a la colina a pie, mientras eran los «Buffalo Soldier», una unidad de afroamericanos que había salvado a los «Rough Riders» en la colina anterior, quienes realizaron el ataque más directo frente a un grupo de españoles en inferioridad numérica. Los «Rough Riders» llegaron tarde al combate, pero a tiempo de hacerse una fotografía emblemática.

La caza de los españoles

Ese 1 de julio, 550 españoles mandados por el general Joaquín Vara del Rey resistieron primero en Caney durante diez horas frente a 6.900 soldados de infantería, caballería y artillería de cuatro generales norteamericanos, asistidos por 500 guerrilleros mambises. Vara del Rey, herido en la lucha, fue ejecutado por el fuego americano cuando era trasladado en camilla. Frente a las 470 bajas españolas, los americanos sufrieron unas 1520. Simultáneamente, en las colinas de Kettle y San Juan la artillería y cuatro ametralladoras Gatling facilitaron el avance de 15.000 soldados y 4.000 guerrilleros sobre solo 800 españoles, que aún así provocaron 2.000 muertos y 1.180 heridos a los norteamericanos.

Los «Rough Riders» de Roosevelt participaron en aquel ataque tan poco heroico, como todos los que se realizan con una superioridad numérica tan desproporcionada, pero, lejos de llevar el peso del combate, lo cierto es que fueron salvados del desastre en Kettle por los «Buffalo Soldier» y, en San Juan, llegaron cuando la niebla de guerra ya se estaba difuminando.

Pintura de la toma de la colina de San Juan, por Frederic Remington
Pintura de la toma de la colina de San Juan, por Frederic Remington

Cuando Roosevelt y sus hombres llegaron a las trincheras españolas sembradas de cadáveres en la colina Kettle, apenas pudieron hacer más que rematar a algún herido. Y, si bien el teniente coronel afirmó a los periodistas que tras Kettle se habían lanzado a por San Juan, lo cierto es que no entraron a la carga, sino cuando las tropas regulares ya habían hecho todo el trabajo. El capitán John Bigelow, del Décimo Regimiento de hombres de color, afirmó en su correspondencia que el futuro presidente de EE.UU. no se encontraba allí y que era imposible que pudiera disparar, como siempre alardeó, contra los españoles en retirada.

Al pasar por las trincheras, el futuro presidente lanzó un comentario igualmente heroico a sus camaradas: «Mirad a esos malditos muertos españoles»

Roosevelt expresó que en Kettle también disparó hacia los españoles que se retiraban de esta colina, viendo caer a uno, y, aunque no estaba seguro de haberlo matado, se jactó tras la guerra de haberlo hecho: «Yo maté con mi propia mano a un español como a una liebre». Como recuerda Esteban Vicente Boisseau en su excelente informe premiado por Defensa, el norteamericano presentó su intervención en la guerra como si fuera una cacería más, afición a la que era muy dado. Uno de sus compañeros de cacería, Robert Ferguson, escribió a la esposa de Roosevelt narrando que, a ojos de su marido, ninguna otra expedición de caza era comparable a disparar a españoles, y que el teniente coronel había abatido no ya a un soldado español, sino a un oficial que se retiraba, cayendo «doblado… como una liebre». Al pasar por las trincheras, el futuro presidente lanzó un comentario igualmente heroico a sus camaradas: «Mirad a esos malditos muertos españoles».

El mito consolidado por el cine

Como enumera Esteban Vicente Boisseau, el cine ensalzó el mito del Roosevelt heroico en distintas películas. William Night dirigió en 1919 «The fighting Roosevelts», una biografía autorizada por el presidente que incluía la falsa carga en San Juan. «La negativa» (1925) y «The Rough Riders» (1927) retratan el conflicto en los mismos términos. Asimismo, en 1997, en vísperas del centenario del conflicto se filmó la serie «Jinetes rudos», que utiliza «la inversión de la culpabilidad, el ocultamiento de hechos históricos, la exageración y tergiversación de hechos» para presentar una realidad alternativa a lo realmente pasó en Santiago de Cuba.

Fotograma de la mini serie «Jinetes rudos» (1997)
Fotograma de la mini serie «Jinetes rudos» (1997)

Además de mentiras y mitos, la ficción pone énfasis en la unión de yanquis y confederados en la guerra, así como en la integración de nativos americanos, afroamericanos e incluso un personaje hispano, el sargento Rafael Castillo, que dice luchar por la libertad de los cubanos, americanos como él, frente a los españoles que los maltratan con hambre, golpes y toman sus mujeres. Reconstrucción del todo improbable sobre la situación de EE.UU. en 1898, donde los veteranos confederados jamás hubieran aceptado tener cerca a negros cuando el Ku-Klux-Klan campaba a sus anchas en el sur; donde los mexicanos sabían que España no era ya el auténtico enemigo, tras la firma del Tratado de Guadalupe Hidalgo (1848), que obligó a México a ceder la mitad de su territorio soberano a EE.UU.; y donde los nativos estaban confinados en reservas miserables.

El propio Roosevelt no tenía una opinión muy positiva sobre las unidades afroamericanas, que ni siquiera gozaban de la misma atención médica que el resto de tropas. El teniente coronel y otros oficiales reconocieron sobre el terreno el mérito de los «Buffalo Soldier», a los que equiparó en valentía con los «Rough Riders», lo cual era bastante impreciso a la prueba de los hechos, pero de vuelta a casa exaltó tanto el protagonismo de su regimiento que acabó ninguneando por completo a los soldados negros, que junto a las tropas regulares habían hecho el trabajo más duro en San Juan y Kettle. En este sentido, aseguró que los soldados negros eran vagos en el cumplimiento de sus deberes y solo avanzaban en la medida en que fueran dirigidos por oficiales blancos.

Sin mencionar su racismo y sí que EE.UU. se convirtió en esas fechas en una gran potencia, Roosevelt fue elevado a los altares militares por matar, tal vez, a un español por la espalda y llegar a una colina defendida por cadáveres.

La falseada actuación en Kettle y San Juan valió en su día a Roosevelt para disparar su popularidad y alcanzar, solo tres años después, la presidencia del país, pero, aunque solicitó e insistió en que también se le concediera la Medalla de Honor del Congreso (la más alta condecoración en el país), los altos mandos y las autoridades se lo negaron, conscientes de que su papel allí no había sido ni mucho menos tan destacado como difundía la prensa. No fue hasta un siglo después, con la imagen popularizada por el cine, cuando el presidente Bill Clinton concedió en 2001 esta alta condeconderación, omitiendo así el papel de los militares blancos y los «Buffalo Soldiers» que verdaderamente arriesgaron la vida frente a un grupo minoritario de españoles en esas colinas.

Sin mencionar su racismo y sí que EE.UU. se convirtió en esas fechas en una gran potencia, Roosevelt fue elevado a los altares militares por matar, tal vez, a un español por la espalda y acudir a una colina defendida por cadáveres.