Contar las experiencias de nuestra vida a través de los símbolos ayuda a entenderla
Contar las experiencias de nuestra vida a través de los símbolos ayuda a entenderla

Cómo contar el «cuento de tu vida» como recurso para entenderte

«Érase tu vez» es una iniciativa de Juan Pedro Romera, experto en el arte de hablar en público que propone un viaje al fondo de la biografía de cada uno para crear una narrativa que aporte sentido a lo vivido

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Los cuentos son herramientas, monumentos literarios creados por la humanidad para la transmisión de conocimiento. «Poseen la extraordinaria capacidad de entretener a la mente, siempre juzgante, para colar por la puerta de atrás, con el lenguaje de los símbolos, las enseñanzas que necesitamos para construir la vida», según explica Juan Pedro Romera, experto y formador en capacidades comunicativas, que acaba de crear la editorial «Espacio para Contar», y que ha trabajado con políticos, empresarios, opositores o conferenciantes a los que ha ayudado a encontrar la forma más eficaz de comunicar su mensaje o perder el miedo escénico que les paralizaba.

Su iniciativa «Érase tu vez» es un taller en el que cada persona realiza una inmersión en su biografía para convertirla en un relato con características míticas basado en el modelo de «El viaje del héroe» de Joseph Campbell.

¿Por qué es necesario mirar al pasado? ¿Qué beneficios aporta?

Es importante y necesario mirar al pasado para sanar aquello que nos duele, eso que nos impide disfrutar de tanta belleza como hay a nuestro alrededor, desde la más pequeña circunstancia hasta la más generosa y espléndida. Estamos construidos por infinidad de situaciones y contextos cargados de mensajes de todo tipo, unos son buenos y nos hacen la vida más fácil y aceptable, otros nos marcan una hoja de ruta dolorosa que nos impide conocernos y aceptarnos en nuestra grandeza, la que cada ser humano tiene. La mirada al pasado puede poner luz donde hay oscuridad, certezas donde hay incertidumbre, alegría donde hay tristeza. Creo que estamos aquí para vivir la vida, sin más, como un niño o una niña que juegan por el inmenso placer de jugar y así crecen y aprenden. Vivir es un viaje de descubrimiento continuo.

¿Crees que cualquier persona es capaz de escribir el cuento de su vida?

Claro que sí. Cada persona ha vivido una vida y la puede contar, solo es necesario un pequeño ejercicio de recuerdo y concreción. Tenemos tantas cosas que decir que no cabrían en muchos volúmenes, pero nuestro subconsciente es muy hábil y usará aquellas que le aporten lo que necesita en ese momento. Puede que oculte en el olvido las más dolorosas, o puede que destaque algunas de las que no teníamos recuerdos. La situación marcará el destino de los recuerdos, pero tan importantes son las que callamos como las que contamos. En el taller nos interesan las que en ese momento has recordado, solo esas tienen los contenidos necesarios para trabajar en este momento de tu vida. Y eso lo puede hacer cualquier persona.

¿Qué resulta más difícil a quienes inician el viaje que propone «Érase tu vez»?

Lo más difícil suele ser enfrentarse a los recuerdos y escribir la biografía de una forma sucinta y ordenada. El «¿qué pongo y qué quito?» es el dilema al que todos se enfrentan. Además temen también al cuento en sí, dudan si podrán escribir un cuento si nunca han hecho algo semejante. Pero las dinámicas del taller quitan los miedos y afilan el lápiz para enfrentarse a lo que luego se rebela como sencillo y enriquecedor. Es normal que aparezca el juicio y la duda. «Yo no soy escritor ¿cómo voy a escribir un cuento?», dicen algunos. Sin embargo, la realidad es que escribir un cuento es tan sencillo como contar tu vida, ya que nuestra psique tiene estructura mítica y hace el trabajo por nosotros. Cuando contamos un recuerdo lo hacemos, de forma natural, como si fuera un cuento, así que el trabajo está casi hecho, solo tenemos que convertirlo en metáforas y símbolos, y eso también es sencillo, pues tras varias horas jugando con la simbología de los cuentos, las metáforas, la poesía y el arte, el lenguaje está preparado para afrontar el reto de escribir el cuento de nuestra vida.

¿Qué sucede si en algún momento del viaje el relato resulta doloroso?

Utilizar símbolos y metáforas hace que se establezca una distancia de seguridad entre el recuerdo doloroso y lo que se está escribiendo. El símbolo tiene la propiedad de hablar en un lenguaje que el subconsciente entiende y, de esta forma, se pueden contar las cosas más dolorosas sin que tengamos que revivirlas de nuevo, ni convertir el taller en una terapia dolorosa. El procedimiento en sí es terapéutico pero cuenta con esta protección que nos dan los mitos, las metáforas o la poesía para poder explicarnos sin dañarnos.

¿Qué pueden descubrir aquellos que elaboren el relato de su vida?

Pueden cerrar ciclos vitales, los que sean que estén viviendo y necesiten ser cerrados. Pero lo más importante es que descubran que su vida ha tenido sentido. Es importante que vean que han llegado hasta aquí gracias a todo lo que les ha ocurrido y que poner adjetivos de «bueno» o «malo» a lo vivido solo responde a una forma de contarnos el mundo, pero que en realidad podemos cambiar esa narrativa que daña y contarla desde la aceptación y el perdón, desde la mirada al presente y al momento que estamos viviendo, para así hacerlo sin juicio y con agradecimiento.

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