Acogida familiar: «Sabemos que las experiencias adversas en la infancia dejan huella, pero no determinan el futuro»
En España, el sistema atiende a unas 52.000 niñas, niños y adolescentes
«La sangre hace parientes, pero el amor hace familias. Eso es ser padres de acogida»
Madrid
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Iniciar sesiónTodo el mundo conoce la adopción, pero poca gente sabe en qué consiste el acogimiento familiar, una medida de protección a la infancia dirigida a menores que no pueden vivir con sus progenitores. Supone la plena integración del niño en una familia, que ... puede ser la suya extensa o una ajena que se compromete a cuidarlo y educarlo como un miembro más de la misma. La realidad es que faltan familias acogedoras en un país en el que el sistema atiende a unas 52.000 niñas, niños y adolescentes. De ellos, aproximadamente, la mitad crece en acogimiento y la otra mitad, en una residencia.
En este contexto, el gran reto, tal y como explica Sandra Rodríguez Montero, coordinadora y profesora de los ciclos formativos de Integración Social y de Educación Infantil en CEU FP Sevilla, «sigue siendo que no haya menores en centros por falta de familias disponibles para ciertos perfiles y por eso las políticas actuales insisten en reforzar y ampliar la acogida familiar». A su juicio, es necesario «seguir avanzando con más apoyo a las familias, más recursos profesionales y campañas de sensibilización que atraigan a familias para los perfiles más difíciles de acoger, que suelen ser el de adolescentes y hermanos».
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¿Por qué los niños y niñas en situación de acogida representan una realidad «muchas veces invisible»? ¿Qué cree usted que habría que hacer para darla a conocer?
Los niños y niñas en acogida son una realidad invisible por varias razones. Primero, porque el sistema de protección trabaja, con razón, desde la necesaria confidencialidad: no hay exposición pública de los menores ni de sus familias, así que casi no aparecen en el debate social. Segundo, porque socialmente se conoce mucho más la adopción, que se percibe como «una historia cerrada», mientras que la acogida es una medida temporal y flexible, menos presente en la sociedad. Y tercero, porque muchas veces asociamos protección a «centros» o a intervención profesional y cuesta imaginar que la medida más reparadora suele ser crecer en una familia.
Para darla a conocer hace falta normalizarla y hablar de ella con continuidad: campañas estables más allá de fechas concretas, presencia en medios y espacios educativos y relatos reales que expliquen qué es la acogida y qué aporta, siempre desde el respeto a la intimidad de los niños. Cuando la sociedad entiende que acoger es una forma de cuidar a la infancia vulnerable sin sustituir su historia, el acogimiento deja de ser algo raro y se convierte en una posibilidad real para más familias.
No todo el mundo vale para ser acogedor. ¿Cuáles serían, a su juicio, los requisitos fundamentales?
Más que «requisitos perfectos», hablaría de condiciones humanas y educativas básicas. Es verdad que no todo el mundo está preparado para acoger, pero no porque haga falta ser 'perfecto', sino porque la acogida exige una mirada y una disponibilidad muy concretas. Para mí, lo esencial es tener capacidad de ofrecer un vínculo seguro y constante, entender que el menor no llega «en blanco», llega con una historia difícil que no se puede juzgar ni borrar y para ello hay que estar dispuesto a acompañarlo con paciencia en sus avances y retrocesos. También es fundamental contar con estabilidad en la vida cotidiana y no me refiero a tener una vida ideal, pero sí un entorno previsible, seguro y con rutinas. Asimismo, tener flexibilidad educativa para adaptarse a sus necesidades emocionales, y apertura para trabajar en equipo con los profesionales del sistema. No es cuestión de «familias perfectas», sino de familias disponibles, afectivas, conscientes y que acompañen.
¿Cuáles son las principales necesidades que presentan los menores que entran en un programa de acogimiento familiar? ¿Cómo contribuye el acogimiento familiar a reparar los vínculos dañados en los menores?
Los menores que llegan a acogimiento suelen traer una experiencia previa de inestabilidad, negligencia o ruptura, así que su necesidad principal no es 'material', sino emocional. Necesitan sentirse seguros de verdad, saber que hay adultos que no van a fallarles, que las normas son claras y que el cariño no depende de que se porten bien. También necesitan tiempo para adaptarse porque a veces, expresan su malestar con conductas desafiantes o con desconfianza, y ahí lo importante es que el adulto entienda que esa conducta es una forma de protegerse, no de atacar.
El acogimiento familiar repara vínculos dañados porque ofrece una experiencia relacional diferente a la que han conocido: la convivencia diaria con personas que cuidan sin hacer daño, que ponen límites sin humillar y que permanecen, aunque haya crisis. Esa repetición cotidiana de buen trato es lo que reconstruye la confianza. No se trata de grandes discursos, sino de que el menor viva, día tras día, que hay un lugar donde puede estar tranquilo, donde lo miran con respeto y donde su historia no es un problema, sino algo que se acompaña.
Las familias acogedoras desempeñan un papel decisivo en la reconstrucción emocional de los menores. ¿Es posible sanar al cien por cien?
Hablar de sanar al cien por cien es complicado porque no existe un termómetro del daño emocional y cada niño trae una historia distinta. Lo que sí sabemos es que las experiencias adversas dejan huella, pero no determinan el futuro. Cuando un menor encuentra una familia estable, afectiva, puede reconstruir la confianza, regular mejor sus emociones y desarrollar una autoestima sana.
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La acogida no borra lo que pasó, pero sí puede cambiar profundamente cómo se vive con ese pasado. A veces quedarán cicatrices, como en cualquier proceso humano, pero eso no significa que no puedan tener una vida plena, con vínculos seguros y proyectos propios. Más que pensar en 'curar todo', yo diría que el objetivo es reparar lo suficiente como para que el menor crezca sintiéndose valioso, seguro y capaz de construir relaciones sanas.
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