DÍA MUNDIAL DE LA DISCAPACIDAD
Los renglones torcidos de la vida
En este artículo el presidente de Achalay, Ramón Pinna Prieto, reflexiona con perspectiva sobre la discapacidad
Ramón Pinna Prieto
Madrid
Mi hija no es subnormal porque nació en 2014. Ni tampoco «disminuida» desde el año pasado. Y si no es nada de eso, es gracias a una herencia inesperada de la que supimos pocos meses después de nacer. No, no fueron ni joyas ni pisos, ... ni tampoco un viejo depósito a plazo fijo de aquel tío abuelo lejano.
Hace más de sesenta años, una generación de madres y padres de niños nacidos con una discapacidad intelectual, sintieron que ya era el momento del cambio, y salieron a contarle al mundo que sus hijos era tan iguales y tan queridos, como sus otros hijos; que lo de «el tonto del pueblo» tenía que terminarse para siempre, que lo de la «posible desgracia por algo malo que hiciste» rozaba la estupidez, y que su vida y su dignidad no podían seguir siendo diferentes a las de los demás niños de aquellos lejanos 60´s y 70´s del siglo pasado.
Con perspectiva de décadas, ahora tengo la certeza de que aquella no era la generación más preparada para cambiar el curso de la historia de las miles y miles de personas con discapacidad intelectual, y de sus familias, que llegaríamos más tarde.
Aquellas familias de entonces, aquellas buenas gentes, no tenían los recursos que tenemos hoy, ni por supuesto los conocimientos o la tecnología; tampoco los medios sanitarios, ni los presupuestos públicos para plazas concertadas, por no hablar de leyes que se pusieran para siempre de su lado.
Pero es evidente que tenían algo diferente, distinto, no sé, no sabría definirlo. Quizás más pasión, quizás una urgencia especial por la vida, quizás un sentido más trascedente sobre la justicia humana; y desde luego, muchísimo coraje y toda la «ingenuidad» necesaria como para convertir en reales aquellas causas que, hasta ese momento, eran imposibles a los ojos del resto de la sociedad del momento.
Los renglones torcidos de la vida, caprichosos tantas veces, me han dado la oportunidad de conocer, y también de poder abrazar, a algunas de esas personas maravillosas de apellido anónimo y nombre común, que empezaron a cambiar para siempre la vida de mi hija, cuando yo ni siquiera había nacido… Antonio, Tomás, Mariajosé, Carlos, Gregorio, Luis, Arantxa, Lola, Mar, Isabel, Paloma, Elías… y tantos otros héroes y heroínas anónimas del siglo pasado y de éste, legatarios del regalo que supone que la vida mi hija, hoy, sea mucho más plena en inclusión, en derechos, en oportunidades, y en expectativas para la felicidad.
En ese abrazo y en sus ojos, siempre veo paz. En los míos siento la deuda de amor más grande posible, solamente comparable con la que puedo sentir por haber sido hijo de mi madre.
Con los años, he llegado a comprender que «esas deudas que se tienen con la humanidad», esas herencias de amor anónimas, se «pagan y se devuelven» siempre hacia delante, siempre pensando en el mañana, y en el mañana de mañana, para que cuando nazca, donde sea, otra Emilie, otra Gabi, otra Celia, otra Carlota, otra Sofía, otro Darío, otro Rodri,… sus vidas puedan ser aún mejores, aún más justas y más iguales, y sus expectativas de felicidad, mucho más completas.
Alguna vez le he contado a alguien, sin alzar mucho la voz, que a mí el 3 de diciembre, el Día Mundial de la Discapacidad, se me queda corto y no me pide mucha celebración, porque siento que no es lo mismo tener una discapacidad, que tener una discapacidad intelectual, y que sería justo y razonable que estas personas y sus familias, tuvieran su propio momento y su día, y el mayor de los reconocimientos, tras tanta y tanta entrega.
Quizás me falten medios y fuerza, no sé si apoyos… pero reviviendo el testimonio de aquellas familias ejemplares, a las que hoy les dedico todo el cariño que puedan encontrar en estas líneas, pienso en que tal vez sí sea posible y, aunque no lo fuera, les prometo que, como ellos hicieron por mi hija, yo no dejaré de «llevar su relevo» ni un solo día de los del resto de mi vida.
Presidente de Achalay y conferenciante
Límite de sesiones alcanzadas
- El acceso al contenido Premium está abierto por cortesía del establecimiento donde te encuentras, pero ahora mismo hay demasiados usuarios conectados a la vez. Por favor, inténtalo pasados unos minutos.
Has superado el límite de sesiones
- Sólo puedes tener tres sesiones iniciadas a la vez. Hemos cerrado la sesión más antigua para que sigas navegando sin límites en el resto.
Esta funcionalidad es sólo para suscriptores
Suscribete
Esta funcionalidad es sólo para registrados
Iniciar sesiónEsta funcionalidad es sólo para suscriptores
Suscribete