Familiares de las víctimas, en el tiroteo de Aranjuez, el jueves - Guillermo Navarro | Vídeo: AT

Tiroteo en Aranjuez: crónica de una venganza anunciada

El presunto asesino había amenazado a su ex y a la familia de ella. Estaba en busca y captura pero nadie lo delató

MADRIDActualizado:

El domingo pasado Juan Mendoza Jiménez, Juanín, de 38 años, despertó temprano a sus vecinos. A eso de las ocho de la mañana sus gritos sacaron de los brazos de Morfeo a varios. «Me cago en sus muertos», le oyeron decir. «Empezamos bien el día», mascullaron algunos. No era la primera vez, pero sí iba a ser la última que a Juanín, un delincuente común de etnia gitana con antecedentes por tráfico de drogas y tenencia ilícita de armas, «le diera uno de sus puntos». Llegó al barrio de Las Aves de Aranjuez siendo un crío, hace unos 25 años. De él se fugó cuando tenía 1 6 o 17 con Celestina, de 14, una vecina que residía en el portal de enfrente de la calle de Victoria Kamhi. Estuvieron juntos más de 20 años con algún periodo de alejamiento. «Él la maltrataba y discutían pero ella jamás le denunció», aseguran sus allegados.

Después de cinco hijos y dos nietos, Celes, como es conocida, decidió separarse. Juanín regresó a la vivienda de sus padres con uno de sus hijos menores. Ahí vivía otro que ha sido criado por sus abuelos Juan y María del Rosario, del clan de los Nitos. La relación con su familia política del clan de los Pelofino, que estaba «tocada», se deterioró. Los culpaba de la ruptura. Y los amenazó. El asunto se torció del todo cuando se enteró de que Celes había rehecho su vida. Lo hizo con un cuñado suyo, también de etnia gitana. «Juanín dijo que iba a vengarse y así fue», repite el entorno de las víctimas.

La venganza llegó el domingo, a las 21.50, cuando desde el balcón de su casa, tras un intercambio de insultos, a decir de algunos, y de una discusión, según otros con Liset, de 35 años, hermana de su ex, él sacó una escopeta de caza y disparó. Estaba al fresco y la mató. Otro de los tiros acabó con la vida de Montserrat, de 23, también excuñada suya; mientras que su exsuegra, Consuelo, de 50, fue alcanzada por un cartucho de postas en una pierna.

Ahora todo el mundo se echa las manos a la cabeza y se pregunta por qué nadie evitó la tragedia. Y es que Juanín estaba en busca y captura por un delito de tráfico de estupefacientes cometido en 2013. En esa operación fue detenida también Celes y se les intervinieron dos armas de fuego. Él estuvo en prisión provisional y quedó en libertad porque se pasó el plazo máximo sin que se celebrara el juicio. Hace unos tres años recibió la orden de ingreso en prisión. «Vi a sus hijos pequeños llorar en el patio. Pregunté a Celes qué ocurría y me dijo: ‘Este, que tiene que ir a la cárcel’».

La pareja residía muy cerca de sus padres y era raro el día que no se acercaban. «Juanín no se movía del callejón que hay ente las dos filas de viviendas. Solía bajar a tocar la guitarra y cuando pasaba la Policía le daban el agua para que subiera al piso», afirman fuentes policiales. Sin orden de entrada y registro, a su familia les bastaba decir que «no estaba ahí» si iban a preguntar por él. Homicidios tiene que aclarar ahora si Juanín actuó de forma premeditada, como asegura la familia de las asesinadas. Todo apunta a que así fue por su modo de obrar y el lugar al que dirigió los tiros. Y también tiene que aclarar cómo consiguió la escopeta y la munición de origen ilegal. «Fue su hermano Samuel el que se la facilitó. Sus padres lo sabían y no hicieron nada», acusa la otra parte.

«Prueba de que lo tenía todo planeado es que la noche en la que consumó la venganza 30 coches de su clan abandonaron Aranjuez», argumentan. Otras fuentes afirman que en la ley gitana cuando hay un delito de sangre los miembros del grupo huyen por temor a las represalias. En las dos familias enfrentadas hay detenidos por hurtos, robos y tráfico de drogas. El padre de Juanín es pastor evangelista. «Hablamos con él para evitar una desgracia, dijo que no iba a pasar nada y mira. Su hijo no ha perdonado que Celes le haya engañado. También es una deshonra para la familia de ella. No actuó bien», aseveran familiares directos.

¿Punto y final?

Ella está «desaparecida» y algunos han dicho que la quieren ver muerta. Como al presunto criminal y a su familia. «La Fiscalía debería actuar de oficio y tomar medidas ante las amenazas vertidas públicamente», dice un agente. «Esto va a acabar como Puerto Hurraco», afirman algunos vecinos, que apelan a la cordura.

Juanín estaba tranquilo cuando se entregó. No mostró arrepentimiento alguno. Ha dejado de ser un fugitivo. Solo falta por saber si a esta terrible historia de celos, despecho y venganza le falta aún el epílogo.