Exterior de la parroquia san Carlos de Cuatro Caminos
Exterior de la parroquia san Carlos de Cuatro Caminos - MAYA BALANYA

San Antonio de Cuatro Caminos: una parroquia que llega a todos

La obra de la iglesia tiene tres patas: dispensario médico, centro de día y servicios sociales

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San Antonio lo llena todo. Y los capuchinos también. Devoción, caridad, escuela. Frailes queridos por el pueblo porque son del pueblo y para el pueblo, como san Antonio, el pan del camino y el pan de la eucaristía y los sacramentos siempre bien atendidos; hermanos del tronco de Francisco de Asís, entregados, generosos, siempre atentos a la escucha, al servicio de los más necesitados, sin pretensiones, sin protagonismos, horas y horas de confesionario, paciencia y compañía. Piedad popular, caridad multicultural, catecumenado ejemplar, un complejo asistencial donde los haya. Eso es la parroquia santuario de San Antonio, de Cuatro Caminos (calle Bravo Murillo, 150), frente «al pequeño caribe», zona nada fácil del Madrid que se ensancha. Y un párroco, además, un clásico en esto de los medios de comunicación, el P. Manuel Muñoz, que lleva poco tiempo «en esta etapa», porque ya tuvo otra anterior por estos lares.

«Solemne triduo que con motivo de la bendición e inauguración del nuevo santuario de San Antonio de Padua dedican al santo taumaturgo la Excma. Sra. Dña. María del Carmen Fernández de Córdoba y Pérez de Barradas, condesa de Gavia, fundadora del santuario y convento adjunto… los días 15, 15 y 16 de diciembre de 1947». Así rezaba una octavilla repartida por las casas para comunicar la inauguración del nuevo templo santuario.

La historia se remonta a la presencia de dos padres capuchinos que impartieron una misión, por 1934, en la parroquia de los Ángeles. El entonces vicario de la diócesis, Manuel Rubio Cercas, les propuso que fundaran un convento en la zona. Proyecto frustrado por la guerra y retomado posteriormente con la ayuda de la Condesa de la Gavia. La ceremonia inaugural fue presidida por el cardenal arzobispo de Sevilla, Pedro Segura y Sáez.

El templo, majestuoso, pasa inadvertido al viandante. Hay que entrar, con la facilidad de que siempre está abierto, para descubrir el recogimiento y el arte popular, la escultura de san Antonio, las impresionantes vidrieras, el retablo, el cuadro mural del Corazón de Jesús y el de la Santísima Trinidad. Y no hay que olvidarse del órgano, que suena a música del cielo.

Esta parroquia es una obra social que tiene tres patas: el dispensario médico-jurídico, fundado por el doctor Álvarez-Rementería; el despacho de los Servicios Sociales, y el Centro de Día, al que acuden unos ciento treinta socios. El dispensario médico-jurídico, para los más necesitados, cuenta con una farmacia gratuita. En el día a día trabajan allí dos religiosas. Cuenta el P. Manuel Muñoz que hay cola para la atención médica y también que es alto el número de facultativos voluntarios que se ofrecen.

Trabajadora social

Tanto el santuario como la parroquia está atendida por una comunidad de religiosos capuchinos con quince miembros, de entre los que hay que destacar los que se dedican más intensamente a la parroquia, los padres Lorenzo Andrés Burón, Pedro Castrillo y José Ramón Hernáiz. Hay también una trabajadora social que se encarga de la asistencia a las personas necesitadas o que buscan trabajo en el servicio doméstico.

Los salones parroquiales se convierten los domingos en el punto de encuentro de comunidades de inmigrantes. Actividades múltiples, inglés, español, danza, guitarra, yoga, primeros auxilios, conforman una oferta formativa completa, que se conjuga en el mismo tiempo activo con la oferta de fe, el Catecumenado de adulto, que fue pionero en la diócesis de Madrid. Y el Colegio, un mosaico de procedencias, en el que solo el 2% de los alumnos son españoles. También en la parroquia, los grupos de la Orden franciscana seglar, la Adoración Nocturna, la Legión de María y cuatro comunidades neocatecumenales. Toda esta actividad, más la atención al confesionario, los encuentros para preparar el matrimonio y el majestuoso Belén, que prepara Manuel Cánovas, a la sombra de san Antonio, un santo que no defrauda.