Pedro Sánchez, ayer, en el Congreso de los Diputados | Vídeo: El estreno de Sánchez en el Congreso

El paso atrás en la financiación enfrenta a Sánchez con sus barones, sus socios en el Congreso y los presidentes del PP

Puig y Díaz son los más afectados por este giro de Sánchez. Las comunidades socialistas alertan contra la bilateralidad

MadridActualizado:

La misma semana que Pedro Sánchez rompía su compromiso de convocar elecciones «cuanto antes» y apostaba por agotar la legislatura hasta 2020, se refugiaba en la «falta de tiempo» para quebrantar otro compromiso, con el que antaño hizo una dura oposición a Mariano Rajoy: su decisión de no abordar esta legislatura la renovación del modelo de financiación autonómica. Una evidente contradicción que ha abierto la primera grieta del nuevo presidente del Gobierno con los presidentes autonómicos. Pero la inquietud y el enfado se hace especialmente relevante entre los presidentes socialistas. Con Sánchez en La Moncloa, su oposición interna al líder de su partido, ya muy debilitada tras se r derrotados en las primarias, encuentra acomodo en sus reivindicaciones territoriales.

La decisión del Gobierno ha generado profundo malestar especialmente en Andalucía y la Comunidad Valenciana. Ésta última es la que según los expertos sufre una infrafinancición más grave. Un hecho que ha motivado que su presidente, Ximo Puig, se expusiese en primera persona para explicar su contrariedad con el Gobierno. Aunque dijo «entender» las dificultades de Sánchez, rechazó que no haya tiempo para abordar este debate y reiteró que «la reforma es absolutamente irrenunciable». En la dirección de los socialistas valencianos las palabras de Sánchez han defraudado: «Nos fastidia que no se acelere el cambio de modelo porque somos los más perjudicados». Sobre la posibilidad de mejoras a corto plazo para todas las comunidades pero sin cambiar el modelo consideran que «puede hacerse», pero advierten: «Debemos estar los primeros en la cola porque somos los peor financiados».

La preocupación respecto a que esto abra la puerta a espacios de negociación bilateral es muy intensa en Andalucía. «La bilaterlidad no es admisible y tiene enormes peligros», señalan desde el Gobierno que preside Susana Díaz. De forma pública el consejero de Economía y Hacienda, Antonio Ramírez de Arellano, defendió que es un asunto «de gran calado» y «no un conjunto de asuntos bilaterales». La propia presidenta andaluza defendió que la forma «más transparente y más justa» de mejorar la financiación es el cambio de modelo: « Tengo claro que a Andalucía le falta ese dinero y confío en que haya la sensibilidad de un Gobierno socialista para que Andalucía disponga de los 4.000 millones que necesita para sanidad, educación y dependencia».

Un presidente autonómico consultado sí reconoce que «en el actual estado parlamentario hay que ir a una reforma más que a un nuevo modelo», pero emplaza a hablar de «plazos e intereses de la deuda, de plazos par liquidaciones o del IVA que se incrementó y que se quedó el Gobierno».

También desde el Gobierno de Emiliano García Page en Castilla La Mancha se pide a Sánchez que «tome las riendas» de la cuestión porque «no es un tema baladí que se pueda abandonar». Desde Extremadura, donde no se ve tan mal la cuestión de las reformas parciales, si se advierte que no se van a consentir «espacios de bilateralidad en ámbitos que conciernen a cuestiones de interés general, como son las que tienen que ver con el sistema de financiación autonómica». Una posición similar a la que reivindica la Asturias de Javier Fernández: « Sólo puede abordarse de forma multilateral y jamás puede ser el resultado de pactos bilaterales».

Galicia y Murcia alzan la voz

El malestar trasciende por supuesto las filas socialistas. Los presidentes del PP ven un retroceso respecto a la situación anterior. El presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijóo, exigió a Sánchez que aclare «exactamente cuál es el calendario en financiación autonómica». En la Región de Murcia, la segunda peor financiada tras la Comunidad Valenciana, el enfado es mayúsculo. Su presidente, Fernando López Miras, compareció explícitamente por esta cuestión: «El Gobierno de España falla. Rechazamos de forma rotunda y contundente este planteamiento». López Miras recordó que ya existían mimbres para abordar ahora un nuevo pacto: «Cuando ya veíamos la luz, y tras años de intenso trabajo del anterior Gobierno y del comité de expertos independientes llega el Gobierno Sánchez y decide dar la espalda a las comunidades discriminadas por el actual sistema de financiación».

Tampoco gusta el plan de Sánchez de «mejorar» la financiación autonómica a corto plazo y culminar «la revisión a fondo» en la próxima legislatura entre algunos de los que lo apoyaron la moción de censura. El portavoz de Compromís en el Congreso, Joan Baldoví, se mostró visiblemente desengañado en el cara a cara que mantuvo con el presidente del Gobierno durante la sesión de control: «No le votamos para que hiciera lo mismo que el PP. No haga un ‘Montoro’ a los valencianos, no le hemos votado para eso». Sánchez se defendió: «Hay que ser ambicioso pero realista y no mentir a los ciudadanos», se excusó. Pero no convenció, porque el líder de Izquierda Unida, Alberto Garzón, que en el duelo con la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, acusó al presidente de «tirar por la borda» esa promesa y cargó contra su «falta de voluntad política». Definió como «un mazazo» las palabras de Sánchez.