Grande-Marlaska y Dolores Delgado escenifican en el Senado una amistad inexistente - Ángel de Antonio
El derrumbe del Gobierno socialista

Dolores Delgado se sitúa al borde del abismo y agota el crédito de Sánchez

La ministra de Justicia, reprobrada ayer por el Senado, se atrinchera pero hasta Podemos exige ya el cese fulminante por sus vínculos con Villarejo

Dolores Delgado cusó a jueces de trato con mujeres menores en Colombia

MadridActualizado:

A Pedro Sánchez se le agota el crédito. El flamante equipo de Gobierno que estrenó en junio se desmorona en tiempo récord. Tras la dimisión de sus ministros de Cultura y Sanidad ahora es la titular de Justicia quien se halla en la cuerda floja. El Gobierno se resiste a dejar caer a su tercer peón en menos de cuatro meses y aguantará con Dolores Delgado mientras pueda.

Pero su capacidad de resistencia está a prueba porque hasta su socio Podemos estrechó ayer la soga exigiendo al presidente que fulmine a su ministra, involucrada en otro espinoso caso de grabaciones del excomisario policial José Manuel Villarejo, en prisión. Y se esperan nuevos capítulos. «Quien se reúne con las cloacas de Interior tiene que abandonar la vida pública», le sentenció ayer Pablo Iglesias, quien hace quince días hizo lo propio con la titular de Sanidad, Carmen Montón, acusada de plagiar en su máster.

Mientras tanto, el Senado le reprobó ayer, a iniciativa del PP y con el apoyo de Ciudadanos y Foro Asturias. Más que por su gestión, ambigua en la defensa al juez Llarena, por sus «mentiras» continuadas. «La ministra, que es la notaria mayor del Reino, miente», concluyeron los populares, que gritaron su dimisión en una bronca jornada. La Cámara Alta convertida en la del terror para el Gobierno Sánchez, según admitía un senador socialista tras vivir otra sesión de control tormentosa. La ministra se mostró gallarda ante el PP pero acabó perdiendo los papeles en el Pleno, visiblemente nerviosa.

A escándalo diario

Un día más, Delgado amaneció acorralada por las evidencias en su contra. A primera hora, la web «Moncloa.com» hizo públicos nuevos audios de la comida que mantuvo junto al juez Baltasar Garzón con Villarejo en 2009. A la ministra, que había negado hasta la saciedad conocer al excomisario, se le atragantó el desayuno informativo. Apenas supo explicar sus palabras ofensivas hacia un compañero de gabinete. En la conversación grabada se le oye llamar «maricón» al ministro del Interior, Grande-Marlaska. Una licencia que no encaja con su versión, aireada la víspera, sobre que apenas coincidió con Villarejo «en tres ocasiones».

En ese clima de confianza en privado, la ministra asegura a los otros comensales que prefiere trabajar con hombres, porque, a diferencia de las mujeres, «saben por dónde respiran». Comentarios homófobos y machistas que incomodaron a un Ejecutivo que se dice «feminista», pero que ayer sujetó a la ministra denunciando «chantajes» y «cacerías», antes de la «derecha», ahora de las «cloacas».

«Perfectamente se mantiene»

La vicepresidenta, Carmen Calvo, ejerció de sostén: « Perfectamente se va a mantener», afirmó en los pasillos del Senado preguntada por los periodistas sobre si es razonable que Delgado siga. La portavoz, Isabel Celáa, habló de «plena confianza». Mientras tanto, el presidente Sánchez seguía ayer la enésima crisis de su Gobierno desde Estados Unidos, donde se encuentra de viaje hasta el domingo.

Otra vez Delgado, como había hecho antes su compañera dimitida Carmen Montón y el propio presidente Sánchez ante el escándalo de su tesis doctoral, se envolvió en la bandera de la «honorabilidad» para defenderse. En el desayuno organizado por el Club Siglo XXI, ratificó su intención de aguantar porque «este Gobierno está aquí para trabajar por la gente y nadie, repito, nadie, lo va a impedir».

Volvió a atribuir las grabaciones de Villarejo a un «ataque institucional» y, tras recordar que antes fue atacado el anterior jefe de Estado (por los audios de Corinna), minusvaloró los suyos al señalar que no están completos y que pueden desvirtuados.

Tampoco supo contextualizarse a sí misma y, si dio cuatro versiones distintas sobre su relación con Villarejo, también tuvo que matizarse sobre su referencia a Marlaska. Primero dijo que la alusión a «maricón» no era sobre él, luego que sí, pero que se sacó de contexto. Al final aseguró que el titular de Interior «es un amigo y una persona a la que quiero» e insistió en que no va a permitir «bajo ningún concepto que nadie cuestione mis principios, honorabilidad y honestidad».

Delgado y Marlaska protagonizaron ayer una forzada reconcilización en el hemiciclo. El aludido la absolvió asegurando que solo puede perdonar quien se siente «ofendido», y no es su caso. «Este es el Gobierno de la diversidad y de la igualdad», proclamó Marlaska, para quien el feminismo se demuestra con hechos, no con palabras grabadas por comisarios. Los colectivos LGTBI sí exigeron disculpas.

Reprobación

A última hora de la tarde, el Pleno del Senado aprobó, con los votos del PP, Ciudadanos y Foro Asturias, una moción para reprobar a la ministra de Justicia. Los populares plantearon esa censura política por la defensa ambigua que su Ministerio ejerció con el juez instructor del procés, Pablo Llarena. Pero sumaron un segundo argumento tras aflorar los audios que prueban su relación con el excomisario policial Villarejo, que negó hasta la saciedad. «La ministra miente descaradamente», denunció Cristina Ayala, del PP.

La oposición ve negro el futuro de Delgado. «No es aceptable que haya ministros que sean amigos de tipejos como Villarejo», afirmó Iglesias. Compromís también pidió su cese pero no la reprobó. «No tengo estómago para defender a una ministra que ha estado navegando por las alcantarillas del Estado», afirmó el senador Carles Mulet.

«El Gobierno se cae a trozos», afirmó la víspera Pablo Casado, líder del PP, reclamando elecciones cuanto antes. «Hace aguas, dos ministros dimitidos, otra en la cuerda floja, un presidente bajo la lupa del fraude en su tesis doctoral», resumió con aires de funeral Albert Rivera. «Son los minutos de descuento», advirtió el dirigente de Ciudadanos. Ni siquiera el CIS de Tezanos permite al Gobierno socialista levantar cabeza.