Uno de los detenidos por el asesinato del concejal de IU en Llanes (Asturias) Javier Ardines
Uno de los detenidos por el asesinato del concejal de IU en Llanes (Asturias) Javier Ardines - EFE

El inductor del crimen de Llanes pagó un sobreprecio al enterarse de la muerte de Ardines

Le atacaron con un bate y un palo por la espalda: el precio final fue de 35.000 euros

Madrid Actualizado: Guardar
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El crimen de Javier Ardines, el concejal de IU de Llanes, tuvo dos precios. O eso es lo que aseguró ante la juez uno de los cuatro detenidos, el argelino Djilali Benatia, el único que declaró y contó su versión de los hechos. Habían pactado una cantidad (10.000 euros) con Pedro Luis Nieva, el inductor, por dar una paliza al amante de su mujer, y les había pagado lo convenido. Pero cuando se enteraron de que el edil había muerto -«por la prensa», dijo el argelino- esa cantidad inicial subió hasta los 25.000 euros que Nieva les acabó entregando a él y a su socio, encarcelado en Suiza. Al intermediario le entregó, en teoría, otros 10.000 euros. La vida de Ardines le costó a su antiguo amigo y primo político 35.000 euros, según esta versión.

Benatia, con numerosos antecedentes desde hace veinte años (robo, agresión sexual, atentado a agente de la autoridad, etc.), explicó que Jesús Muguruza Butrón, al que conocía del trapicheo de drogas, les propuso el «trabajo» meses antes de los hechos. «Tengo una tarea para ti de un amigo mío». A partir de entonces, él y su colega, el argelino internado en una prisión de Suiza, empezaron a preparar el encargo «por necesidades económicas», según fuentes jurídicas.

Darle un susto

El trabajo consistía, según contó, en dar una paliza a Javier Ardines y causarle lesiones, «un susto». Los dos matones cobrarían un dinero y otra parte iría para Jesús, amigo a su vez de Pedro Luis Nieva, que quería vengarse del concejal al descubrir que su mujer tenía una relación con él. Nieva les marcó el objetivo, les mostró fotografías, les enseñó dónde vivía -en Belmonte de Pría, a cien metros de su chalé de veraneo-; les instruyó sobre sus horarios y les proporcionó toda la información necesaria. También les relató los motivos por los que quería escarmentar a Ardines, según las mismas fuentes. No contó, en cambio, si Nieva les había pedido que le dieran algún recado a la víctima para que supiera quién estaba detrás.

Pese a esta versión edulcorada, la Guardia Civil sostiene en su atestado que el encargo era matar al edil, no asustarlo ni darle una paliza en base a todos los indicios recabados.

Cuando los dos «contratados» tuvieron todos los datos se desplazaron hasta Belmonte de Pría a finales de julio. Colocaron una valla de obra (hay varias abandonadas junto a una vía del tren cercana) en el camino de la casa de Ardines. El concejal salió de madrugada para ir a faenar como cada amanecer. Al encontrarse el obstáculo, logró sortearlo sin llegar a bajarse de su furgoneta y siguió hacia el puerto de Llanes. Este episodio de la valla era conocido por la familia de la víctima, que ignoraba quién la había colocado y cuál era el motivo.

Los sicarios, tras fracasar en ese plan inicial, regresaron la madrugada del 16 de agosto para consumarlo. En lugar de una valla interpusieron tres, de forma que Ardines tuviera que bajarse de su furgoneta a la fuerza para retirarlas. Ellos estaban agazapados entre los tupidos árboles que flanquean el sendero. Cuando el edil descendió del coche le rociaron con espray pimienta, que impregnó también las vallas y su cuerpo, y le atacaron por la espalda con un bate y un palo. Pese a los golpes, la víctima logró escapar unos 60 metros tambaleándose hasta que le dieron alcance y lo estrangularon, según los investigadores.

Le enviaron el dinero

Benatia insistió, a preguntas de la juez, en que él no mató a Ardines. «Cuando me marché hacia el coche estaba vivo», declaró. Con esas palabras señaló directamente a su antiguo compinche, encarcelado en Suiza y pendiente de ser extraditado. Antes de irse del lugar, dice, oyó que su compatriota volvía donde estaba la víctima y la golpeaba de nuevo. Este hombre se marchó del País Vasco poco después del crimen y más tarde cobró el «sobreprecio» que Pedro Nieva no tuvo reparos en pagar. Esa es la versión del único acusado que decidió declarar ante la juez de Instrucción de Llanes el jueves por la noche.

Los investigadores no le creen y piensan que el inductor del crimen les pagó en dos plazos, tras asegurarse de que habían cumplido el encargo, que era matar a su rival sentimental.

Pedro Luis Nieva se negó a contestar cualquier pregunta, pero durante cinco o seis minutos se despachó con un monólogo en el que aseguró que no conocía a los argelinos; a Jesús Muguruza sí «por motivos profesionales», y que él no había encargado nada. Los investigadores saben que la relación entre ambos era más estrecha. Jesús Muguruza, que también tiene antecedentes por trafico de drogas, se acogió a su derecho a no declarar tras asegurar que sí iba a hacerlo. La juez envió a los tres a la prisión de Villabona, acusados del asesinato de Javier Pardines.