Mapa del Amazonas trazado por el explorador francés Charles de La Condamine
Mapa del Amazonas trazado por el explorador francés Charles de La Condamine
LIBROS

Ni selvas, ni vírgenes

A caballo entre la novela de aventuras y el «thriller» científico, Neil Safier cuenta «La medición del Nuevo Mundo»

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¿Con forma de naranja o de limón? El debate sobre la figura de la tierra, lejos de ser asunto gastronómico, constituyó un elemento determinante en la «revolución» de la geografía ilustrada. Largo fue el proceso de institucionalización científica, cuyos modelos aparecieron en Inglaterra y Francia.

La esfericidad de la tierra se probó a comienzos del siglo XVI, pero quedaba por determinar su tamaño exacto. Frente a quienes pensaban que la tierra era una esfera perfecta, Newton y Huygens mantuvieron que existía un ensanchamiento ecuatorial del globo como resultado de la fuerza centrífuga producida al rotar el planeta sobre su eje. Sabios franceses impugnaron la interpretación de Newton. Hubo que organizar dos expediciones para medir un grado de meridiano y saber quién tenía razón. Una de ellas se encaminó a Laponia y fue dirigida por Maupertuis entre 1735 y 1737.

Participación española

La tesis de Newton quedó confirmada. Sus argumentos se reafirmaron tras el retorno a Europa de la «otra» expedición, llamada « de la línea equinoccial», que trabajó en lo que hoy es Ecuador, entre 1736 y 1740. Formaron parte de ella los sabios franceses Charles de La Condamine, Pierre Bouguer, Louis Godin y Joseph Jussieu. Por parte española, fueron agregados los jóvenes guardamarinas Jorge Juan y Antonio de Ulloa, «entendidos en matemáticas y astronomía».

Este maravilloso libro, a ratos novela de aventuras, a ratos «thriller» científico, basado en una impecable investigación, parte de una atención preferente al contexto local, a la situación de la monarquía española en América como elemento ni secundario ni intrascendente de lo ocurrido. Safier apuesta por una Historia global y posnacional de la ciencia, lo que tiene enorme mérito.

La Condamine suprimió deliberadamente las contribuciones previas de jesuitas, criollos y amerindios, que hizo suyas

Entre divertida y desajustada, no apta para mitómanos, escrita con maestría y traducida de manera impecable, « La medición del Nuevo Mundo» cuenta que «escalar montañas y ponerse filosófico» tuvo mucho de embuste. O de autopromoción de sus protagonistas, cortesanos y científicos.

En los siete capítulos de que consta, se comienza con el examen de las pirámides concebidas para conmemorar las mediciones, por iniciativa de Charles-Marie de La Condamine, un as de las relaciones públicas y la autopromoción. El capítulo segundo trata su descenso por el Amazonas y la supresión deliberada de las contribuciones previas, de jesuitas, criollos y amerindios por igual, que hizo suyas. Fue la misma táctica que medio siglo después utilizó el viajero prusiano Humboldt.

Demasiado humanos

Los capítulos siguientes estudian acciones posteriores en la fabricación de una imagen amazónica, debidas a editores, exploradores de gabinete o incipientes periodistas. A continuación, Safier se ocupa de los usos públicos de los hallazgos de la expedición, que van de panfletos políticos a la redistribución de materiales en la «Enciclopedia» o diccionarios, «compendios del conocimiento supuestamente universal de la Ilustración».

En la conclusión, sabemos de la fe absoluta de La Condamine en que las mujeres guerreras o amazonas habían existido alguna vez y hasta de sus encuentros posibles con damas reales, no figuradas, sino de carne y hueso. Lo que Safier muestra en esta obra maestra es que todos somos, fuimos, humanos, demasiado humanos. Incluso en la llamada, con una metáfora tan patética como reiterada, «selva virgen».