Sara Campbell y María Caudevilla en una escena de «Sueño Lorca»
Sara Campbell y María Caudevilla en una escena de «Sueño Lorca» - José Manjón
TEATRO

Queremos tanto a Lorca

María Caudevilla firma, dirige e interpreta «Sueño Lorca o el sueño de las manzanas», un espléndido y conmovedor acercamiento al universo lorquiano de la mano de la compañía Baraka

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«Quiero dormir un rato, /un rato, un minuto, un siglo; / pero que todos sepan que no he muerto; / que haya un establo de oro en mis labios;/ que soy un pequeño amigo del viento Oeste; / que soy la sombra inmensa de mis lágrimas», escribió Federico García Lorca en su «Gacela de la muerte oscura», perteneciente a «Diván del Tamarit». Sin duda, el poeta granadino no ha muerto. Hoy, como ayer y mañana, sigue deslumbrando a un sinfín de lectores y es privilegiada fuente de inspiración de numerosos creadores que se acercan a su figura. Recientemente, en el mundo escénico, por ejemplo, Alberto Conejero en su pieza «La piedra oscura», y también la joven dramaturga, directora de escena y actriz María Caudevilla en «Sueño Lorca o el sueño de las manzanas», que firma, dirige e interpreta -junto a Sara Campbell, Fran Gil y José Manjón-, y que recupera el Pavón/Teatro Kamikaze de Madrid, donde puede verse hasta el próximo 24 de noviembre.

«Sueño Lorca o el sueño de las manzanas» nos ofrece un emocionado y emocionante viaje poético, no exento de un humor luminoso y fresco, por la vida y la producción de García Lorca, donde resuenan versos de sus obras. Toma su título del citado poema lorquiano, y es el primer espectáculo que puso en pie la compañía Baraka, fundada por María Caudevilla -que en la actualidad la dirige, acompañada de José Manjón-, y que ahora llega a sus diez años de andadura. Tras ese montaje, vinieron «Miguel Hernández: labrador del viento» -Premio a la Creación Contemporánea 2009- y «No somos ángeles» que acaban de ser publicadas en el volumen «Bajo el paraguas de Baraka» (Esperpento Ediciones). Asimismo, Baraka se abrió a nuevos públicos con «Oceanus», dirigido a los más pequeños.

En esta década de trayectoria de Baraka, ¿cuál ha sido el momento más difícil?

Con «No somos ángeles» la compañía luchó lo que no está escrito para sacar el proyecto adelante. Finalmente, la Nave del Duende en Cáceres nos otorgó una residencia de dos semanas para terminar de montarla y Fernando Sánchez Cabezudo nos programó en la extinta Sala Kubik. José Manjón y yo nos fuimos a Cáceres con nuestra hija de ocho meses a cuestas. Sara Campbell estaba embarazada de cuatro meses. Luis Escudero y Flavia Mayans dejaban a sus pequeños en Madrid. Pasamos mucho frío y por momentos, de verdad, creí que no llegábamos al estreno. Si lo conseguimos fue por el tesón de todo un equipo de valientes. Más tarde, tener que sustituir a Sara Campbell por su reciente maternidad para poder hacer temporada en la sala Cuarta Pared fue una decisión muy difícil cuya línea, hoy día, no estaríamos dispuestos a cruzar. Hay factores imprescindibles en Baraka, y Campbell es uno de ellos.

¿Y el más satisfactorio?

Pequeños gestos: una paella vegetariana en el Teatro de la Sensación de Ciudad Real; una carta anónima en el Arcola Theatre de Londres; las cañas con Ian Gibson junto a la estatua de Lorca de la Plaza de Santa Ana de Madrid; los aplausos espontáneos del público tras el monólogo de Quique Fernández en «No somos ángeles» en la Sala Kubik o la reacción de un espectador que gritó «asesinos», presa de su emoción mientras representábamos «Sueño Lorca» en el Pavón…

«Los obstáculos son oportunidades para crecer y aprender, nunca una señal para abandonar lo que tanto me llena»

¿Pensó en alguna ocasión en tirar la toalla?

¡Nunca! He necesitado distancia y reflexión, pero tirar la toalla es un pensamiento que no suele atormentarme. Además, como no sé lo que es parar, los momentos más complicados han sido muy productivos: he podido dedicarme a la investigación, he ilustrado un cuento infantil o he hecho mis pinitos en el terreno del audiovisual.

La felicidad es un tesoro interior y creo profundamente que es responsabilidad de cada uno protegerlo. Los obstáculos son oportunidades para crecer y aprender, nunca una señal para abandonar lo que tanto me llena y que además siento que hace feliz a tanta gente. Disfruto mucho de los procesos de creación, me siento muy afortunada de tener a mi lado a personas tan especiales y estoy inmensamente agradecida del apoyo humano que recibo. Cada proyecto que emprendo es un viaje iniciático que me trae mucho aprendizaje.

Baraka comenzó con «Sueño Lorca». ¿Por qué Lorca?

La compañía nació de la necesidad de crear y no estar sometida a la difícil tarea de esperar a que te llamen para poder hacer teatro. No sabría decirle la razón de elegir al autor de «Bodas de sangre», pero me vino la idea un día entrenando con mis compañeros de La Abadía. Lo vi o lo sentí. No fue un proceso intelectual. Leí un poema y alguna musa me contó su idea. Después fue imposible sacármela de la cabeza.

¿Era lectora habitual suya?

Había leído sus piezas más conocidas y muchos de sus poemas. Mi abuela Pilar es filóloga y una gran amante del poeta. En su casa tenía todos sus poemarios y un estudio muy viejito en el que se analizaba el «Romancero Gitano». A raíz de este montaje, me empapé enterita. ¡Qué tremendo! Cada verso es sobrehumano. Cada día me conmueve más…

«Federico no se queda en las palabras, las traspasa para hacernos sentir lo volátil de una vida que no nos pertenece»

¿Qué destacaría en la figura y la obra lorquianas?

Una sensibilidad a flor de piel que le permite conectar con la esencia del sentir. Federico no se queda en las palabras, las traspasa para hacernos sentir lo volátil de una vida que no nos pertenece. El dolor duele. El amor te enamora. Y su humor te saca la sonrisa granadina.

¿Qué Lorca quiere transmitir sobre todo al espectador?

El que «sabe hacer versos» pero »quiere dar una pequeña lección a nuestros corazones» como si quisiera decir: vive intensamente porque la vida solo es eso, vida.

Dramaturga, directora de escena, y de cine con el corto «Elisa», actriz, profesora.

¡Voy por la vida diciendo que sí a todo! Pura inquietud y necesidad de crear. El cine es un hábito que me acompaña desde la infancia. Mi padre es cinéfilo empedernido y mi abuela Ana me llevaba a todos los estrenos en los que me dejaban entrar. Era una tarea pendiente que espero que solo sea un primer paso porque disfruté como una enana. También me ha gustado siempre leer y me he refugiado mucho en la escritura. Baile desde niña hasta los 15 años y eso me llevó a estudiar interpretación. Los años trabajando como actriz requerían de un entrenamiento constante. Empecé a dar clases en la universidad hace ocho años motivo por el cual he seguido investigando.. En realidad, para dirigir uno necesita formación y oficio. Era casi inevitable que acabase dirigiendo…

«La compañía nació de la necesidad de crear y no estar sometida a la difícil tarea de esperar a que te llamen para poder hacer teatro»

¿Se siente especialmente cómoda en alguna de sus facetas?

Dirigiendo y escribiendo a partir del proceso de ensayos. ¡Lo disfruto mucho!

¿Tiene algunos referentes en especial: dramaturgos, directores...?

De Pina Bausch: todo. De Ariane Mnouschkine: el concepto. También algunos trabajos de Rober Lepage; el recorrido y la sabiduría de Peter Brook; la valentía de Wajdi Mouawad. Me gustaron siempre DV8, La La La Humane Steps y recientemente Peeping Tom (¡fantásticos!). Ahora investigo el trabajo de Katie Mitchell y su forma de trabajar ha sido inspiradora.

«El teatro es un juego, sí, pero sagrado en su esencia más pura», ha señalado usted...

Sí, así lo considero. Y, hoy por hoy, el teatro para mí es una responsabilidad que se materializa en tres direcciones: la primera, conmigo misma, puesto que he de conectar conmigo para ser sincera en la creación; la segunda, con mi equipo, porque el trabajo en equipo debe ser un reflejo de las relaciones humanas que soñamos (si no…¿para qué?); y la tercera, con el espectador, puesto que el teatro tiene una capacidad transformadora. El teatro es el medio a través del cual lucho por un mundo mejor. Es mi granito de arena y, tal y como le decía más arriba, no tengo la más mínima intención de tirar la toalla…¡por mucho frío que haga en Cáceres!