En su «Nosferatu», Herzog revisita el clásico de Murnau
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«Para quien no brilla la luz», no podréis escapar de mí

José María Pérez Zúñiga explora el mito del vampirismo en una absorbente novela, lograda combinación de relato gótico y «thriller»

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Más allá de Transilvania, los vampiros pueden «vivir» y buscar a sus víctimas en cualquier lugar. Por ejemplo, en el barrio madrileño de La Latina. En este popular enclave, comienza una ola de insólitos y espantosos crímenes. El primer cadáver, de una mujer, aparece en el baño de un pub, al que seguirán otros, tanto femeninos como masculinos, en un diabólico «crescendo». En algunos casos han sufrido mutilaciones, y todos tiene en común marcas en el cuello y que se les ha extraído toda la sangre. Se encienden las alarmas y el forense Joaquín Moya y el policía Miguel Serrano empiezan una investigación que les llevará por tortuosos caminos. Aunque con inicial incredulidad, no pueden dejar de barajar la hipótesis de que el asesino sea un ser extraño: ¿un vampiro, o una vampira, una misteriosa y despiadada Dama Negra?

El mal nunca descansa

Lo sorprendente de lo que está sucediendo concita pronto el interés mediático y la periodista Carmen Mendoza publica varios reportajes, y, al documentarse, descubre que resulta inabarcable la inmensidad que se ha escrito sobre el vampirismo. De esa tradición, con nombres como, entre muchos otros, los de Polidori, Edgar A. Poe, Le Fanu, y Bram Stoker y su célebre «Drácula» a la cabeza, bebe José María Pérez Zúñiga en esta turbadora y absorbente historia, excelente combinación de novela gótica y «thriller policiaco» -con sus espacios de erotismo, elemento recurrente de manera más o menos velada en las letras vampíricas, y hasta de metaliteratura-, que indaga en la eterna fascinación que ejerce el mito de los poderosos e inmortales señores de la noche.

Quizá Porque representan «esa parte que asoma de vez en cuando para insultar, pegar y matar al que tienes más cerca, porque también forma parte de la naturaleza humana. La parte que tratamos de olvidar y de ocultarnos a nosotros mismos y a los demás, pero que siempre está presente». El mal nunca descansa y escuchamos, como el personaje de Miguel Serrano, la voz de «aquel para quien no brilla luz», el susurro perpetuo y sarcástico del Vampiro: «No podréis escapar de mí». ¿Es posible fugarse por completo de ese lado tenebroso que anida en nuestro interior?