Detalle del montaje de «Fire» en una de las iglesias de la ciudad
Detalle del montaje de «Fire» en una de las iglesias de la ciudad - ABC
ARTE

El lento fluir de la vida, según Bill Viola, en Cuenca

Bill Viola nos obliga a regresar a Cuenca para ver la ciudad con otros ojos. Algunos de sus vídeos más célebres ocupan sus espacios más emblemáticos e invitan a reflexionar sobre el concepto de espiritualidad

CuencaActualizado:

«De Duisburg a Dormund, pasando por Bochum y Gelsenkirchen, la mayoría de las antiguas fábricas siderúrgicas habían sido transformadas en centros de exposiciones, espectáculos, conciertos». Evoco, una vez más, las visiones oníricas de la Europa desindustrializada futura con las que Houellebecq concluye «El mapa y el territorio» (2010) mientras el Presidente García-Page elogia su ambicioso programa expositivo (trajeron la «Poética de la libertad» de Ai Weiwei a la catedral hace dos años, ahora a Bill Viola) porque la ceremonia inaugural se desarrolla en la preciosa iglesia desacralizada (y transformada en biblioteca) de La Merced; y hay que aceptar el hecho de que, a falta de fábricas que reconvertir en templos de la cultura, aquí tenemos iglesias en cantidades masivas pues fuimos, sin duda, «la reserva espiritual de Occidente» (Anónimo).

De espiritualidad va la cosa

Y de espiritualidad va la cosa, porque en «Vía mística», el conjunto de vídeos del gran Bill Viola (Nueva York, 1951) que su mujer, la fotógrafa y comisaria Kira Perov ha distribuido por el casco antiguo de Cuenca (incluidas otras dos iglesias desacralizadas y un convento), se hallan presentes las principales y conocidas preocupaciones del artista (el tiempo, la muerte, la meditación, la luz, la pintura renacentista y barroca, la mística, el ciclo del agua como metáfora de la muerte y el renacimiento…); más va también de arte, arquitectura e inteligencia: ¿cómo no preguntarse en la iglesia de San Miguel –primera etapa–, mientras se asiste a un espectáculo tan grandioso como «La ascensión de Tristán» (el sonido de una montaña bajo una cascada), de 2005, que ocupa todo el espacio que antaño ocuparía un retablo, acerca de la pervivencia de la mística en –y gracias a– «a cultura», pero también sobre la pervivencia del templo mismo y del rito?

De hecho la serie «Mártires: Tierra, Aire, Fuego, Agua» (2014) se expone de forma permanente en la catedral de San Pablo, en Londres; y «El Mensajero» (1996), otra proyección en alta definición de más de cuatro metros de altura (y también tan sencilla como técnicamente indescifrable y dedicada asimismo al agua, a la emergencia y al tiempo) que se proyecta en la iglesia de San Andrés –última etapa–, es un encargo de la catedral de Durham.

La comisaria ha distribuido estratégicamente los vídeos por todo el Museo de Arte Abstracto, de suerte que nos obliga buscarlos y a recorrer entera su laberíntica estructura

Evidentemente Kira Perov, que es directora ejecutiva del Bill Viola Studio, organiza y coordina todas sus exposiciones, edita todas sus publicaciones y dirige también, desde 1979, la producción de los vídeos, ha sabido leer la ciudad de Cuenca (como leyó Florencia, donde la obra de Viola ocupó también espacios tan emblemáticos como la Galería de la Academia, el reino del «David», en 2017) y le ha dedicado varios hermosos textos. Sin embargo, intuyo –solo es una opinión– que para una artista de su generación el descubrimiento de una joya como el Museo de Arte Abstracto de las Casas Colgadas ha debido ser decisivo.

Un momento de uno de los vídeos de Bill Viola
Un momento de uno de los vídeos de Bill Viola

De hecho, ha distribuido estratégicamente los vídeos por todo el museo, de suerte que nos obliga buscarlos y a recorrer entera su laberíntica estructura, del sótano al ático: abajo está una película tempana, «El estanque reflectante» (1977-79), rodada en ambientes lisérgicos con medios primitivos –la época del Betamax, cuando había que ir a Japón a montar los vídeos–, en la que ya se detectan algunas de las características de la obra de Viola, como la congelación del tiempo, la presencia del cuerpo y del agua, la evocación de lo espectral o la renuncia al abuso de lo tecnológico y efectista.

Arriba, un díptico de 2001 que representa dos oscuros rostros dolientes y que dialoga de forma muy obvia con una de las inconfundibles cabezas desencajadas de Antonio Saura y un par de pinturas negras de Manolo Millares: la comisaria norteamericana aprecia y capta perfectamente las características únicas del expresionismo abstracto español, su dramatismo y su negrura, y las realza con esta obra. Y en una planta intermedia, dos vídeos del Viola más celebrado, «Sharon» y «Madison» (2013), dos retratos en alta definición de jóvenes sumergidas en un estanque.

Una visita obligada

En el convento de Las Angélicas, próximo a la Fundación Antonio Saura y sede de la Escuela de Arte Cruz Novillo (a la sazón cofundador del museo y también miembro del Grupo de Cuenca), se proyectan cuatro películas de la serie de «Las Pasiones»: «El saludo» (1995), una obra claramente inspirada en la pintura renacentista, dos de sus característicos estudios de grupos a cámara lenta y un pequeño políptico dedicado al lenguaje de signos.

«Viola nos ha hecho ver que cuando miras algo durante mucho tiempo se hace visible su esencia», dice Perov

En definitiva: la visita a Cuenca es obligada porque no se trata solo de contemplar la obra de uno de los dos grandes pioneros del videoarte (y la obra Viola ha resistido mejor el paso del tiempo que la del Fluxus Paik), sino de abrir los ojos (y la mente y el corazón, porque esto también va de templos) en Cuenca. «Bill nos ha hecho ver que cuando miras algo durante mucho tiempo se hace visible su esencia», dice Perov. La ralentización de lo real que desarrolla Bill Viola no es una estrategia, sino una experiencia; y del mismo modo que sus «Mártires» se ahogan y se queman realmente en contacto con los elementos, el espectador es transformado por el rito: «Para mí, el arte es el proceso de despertar el alma».