Fernando VII retratado por Francisco de Goya (detalle)
Fernando VII retratado por Francisco de Goya (detalle)
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«Fernando VII. Un rey deseado y detestado», «golpista» y fumador

El historiador Emilio La Parra entrega una solvente biografía de un rey que impuso un régimen propio, ajeno tanto al absolutismo español como a las formas democráticas de representación

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Los deberes insoslayables de los monarcas se resumen en dos principios fundamentales, la continuidad biológica y la transmisión incólume de la herencia recibida. En el primer caso, su paso por esta tierra debe prolongarse mediante una descendencia legítima, que asegure la permanencia de la dinastía a la que pertenecen y sirven. En el segundo, como mínimo, deben entregar a sus sucesores, sin merma alguna, los reinos y señoríos que les dieron para su cuidado y custodia. El edificio de la monarquía, su capacidad de referencia simbólica y política, exige la satisfacción de ambas condiciones.

Pues bien, en el caso de Fernando VII, nacido en 1784 y muerto en 1833, la primera condición fue cumplida «in extremis» mediante un discutido cambio legal que permitió reinar a su sucesora Isabel II y desencadenó las crueles guerras carlistas. Respecto a la segunda cuestión, recibió un imperio, pero entregó a su hija una fracción de él, quizás un 10% de los territorios que lo conformaban en 1808, cuando tuvo lugar la primera de sus sucesivas entronizaciones. El traumático nacimiento de la España contemporánea y de las repúblicas hispanoamericanas desgajadas de la nación imperial española, en un escenario de guerras civiles y étnicas, se produjo durante su gobierno, cuyos efectos letales y disolventes han pesado en la interpretación historiográfica.

Clásico instantáneo

Ahora, con extraordinaria solvencia, una narrativa envolvente e hipnótica y una honestidad a toda prueba, el gran historiador Emilio La Parra culmina una vida de estudio con esta biografía del personaje, que constituye un verdadero clásico instantáneo. No le ha quedado archivo o biblioteca sin revisar, o testimonio sin contrastar. Hay una revalorización y estudio de fuentes que en otras épocas eran de difícil o imposible acceso, o según la visión del momento, parecieron irrelevantes. Pero en un rey como Fernando VII, papelero a su manera, afectado por filias y fobias inconcebibles, era vital revisar el lado oculto, metódicamente recogido para la posteridad en el Archivo general de palacio y otros depósitos de documentos.

También era preciso revisar mitos y leyendas, o interpretar decisiones reales insólitas y con frecuencia mortíferas, atentatorias no solo contra el sentido común, sino la propia humanidad. La obra logra un equilibrio en torno al personaje que lo hace creíble y, como corresponde a una gran obra de historia, lo dispone en el escenario y el mundo que le tocó vivir.

Fue un monarca conspirador contra Carlos IV o contra los liberales de Cádiz y del Trienio

Entre sus grandes aportaciones, destaca la revisión de la enfermiza relación de Fernando VII con sus padres, especialmente con su madre, María Luisa de Parma, hasta tal punto que participó en la difusión de estampas satíricas, incluso de contenido sexual, que menoscabaron en los años anteriores a la invasión napoleónica de España la legitimidad dinástica. La doblez, crueldad y cobardía del personaje se evidencian como auténtico rasgo de carácter. El enfrentamiento feroz del todavía príncipe de Asturias con el favorito Manuel Godoy y su partido, que era a fin de cuentas el de los reyes padres, acabó precipitando el primero de una serie de golpes de estado en los que Fernando VII participó.

En este aspecto, por asombroso que parezca, fue un monarca golpista y conspirador recurrente, contra Carlos IV, o contra los liberales de Cádiz y del Trienio. Incluso contra sus propios ministros, a los que boicoteó desde las tenebrosas camarillas que manejaba, entre un cigarro y otro, como el fumador empedernido que fue, para horror de las cuatro jóvenes princesas (entre ellas una prima y dos sobrinas) con las que lo casaron o se casó, hasta que logró tener dos hijas con la palermitana María Cristina de Borbón.

Cesarismo fernandino

El autor busca de manera novedosa definir la política fernandina como un régimen propio, ajeno tanto al absolutismo tradicional español, salpicado de reglas de decoro personal y de pactismo, que Fernando VII ignoró con denuedo, como de formas democráticas de representación. En las excelentes páginas dedicadas a la crisis política en la América española, se hace visible la originalidad política fernandina, ajena a la tradición española por su elemento militarista, hostil al aparato de justicia, bonapartista en su despotismo, utilización de policía secreta y corrupción desatada. En este punto, aparece su abyecta relación con Napoleón, quien lo desprecia a pesar de que celebra sus bodas y cumpleaños, acomodado como estaba en el cautiverio francés, mientras sus compatriotas españoles morían en defensa de la nación.

El cesarismo del régimen político fernandino trasluce cuando La Parra señala que el rey «quiere imponer su voluntad en todos los asuntos de gobierno, incluso en los nimios». Su desmontaje de la monarquía absoluta fue, en este contexto, la clave de bóveda que iluminó el renacimiento de España como una nación post-imperial de ciudadanos libres e iguales. Otra paradoja de luz en medio de tantas tinieblas.