Gerardo González de Vega en su estudio
Gerardo González de Vega en su estudio - Efe
LIBROS

«Doncellas y dragones», cuentos caballerescos

Creer que las letras españolas solo responden a la condición realista es un tópico. Esta selección de relatos breves extraídos de libros de caballerias lo desmiente

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Al periodista y escritor Gerardo González de Vega (Palencia, 1952) le encanta entresacar historias de vetustos volúmenes in folio. Suyo es un libro muy entretenido, titulado « Mar brava. Historias de corsarios, piratas y negreros españoles» (la última edición, de 2013, publicada también por Miraguano), en el que nos arranca de cuajo ese complejo patrio según el cual los «malos» son siempre ellos, reservando para nosotros el papel de víctimas del latrocinio ajeno. Gracias a Dios, en España hemos hecho de todo, pese al eslogan absurdo de que somos diferentes, y el corso, la piratería o el tráfico de negros entre África y América no fueron tan solo asunto de holandeses, franceses, ingleses y portugueses.

Otro tópico muy difundido es el que se refiere a la incapacidad de las letras españolas para la pura fantasía e insiste en la vocación realista de nuestra literatura, como si los españoles no pudiésemos soñar con lo que no existe, fabular sobre lo imposible o imaginar escenarios míticos dictados por la ilusión y el delicioso disparate. Para extirpar de raíz este otro tópico, González de Vega se ha dedicado a rebuscar en nuestros quiméricos y fantásticos libros de caballerías un puñado de cuentos que dan fe de la capacidad española para urdir historias fantásticas, privadas por completo de aquel marbete realista que sabios ilustrísimos como Menéndez Pidal se obstinaron en colgarle a nuestro acervo literario.

Entre los autores incluidos cabe subrayar la presencia de una mujer, Beatriz Bernal

La tarea infatigable de estudiosos como los medievalistas Carlos Alvar Ezquerra o José Manuel Lucía en el terreno caballeresco ha puesto a nuestro alcance ediciones modernas de los viejos y libros de caballerías (nunca digan libros de caballería, con caballería en singular, pues aquellos librotes trataban de los nobles hechos que llevaban a cabo los caballeros andantes, lo que hace que el plural sea preceptivo), merced a la labor desarrollada por el Centro de Estudios Cervantinos (CEC) de Alcalá de Henares.

Aprovechando esas ediciones, pero acudiendo también a los originales del siglo XVI y de comienzos del XVII cuando no constaban los libros de caballerías que le interesaban en el catálogo del CEC, González de Vega nos ofrece en esta antología una treintena larga de relatos breves extraídos de libros de caballerías anónimos o de autor conocido (como Esteban Corbera, Gonzalo Fernández de Oviedo, Bernardo de Vargas, Feliciano de Silva, Alonso de Salazar, Francisco Vázquez, Diego Ortúñez de Calahorra, Antonio de Torquemada y algún otro nombre propio de nuestro primer Siglo de Oro).

Lectura amenísima

Entre esos autores cabe subrayar la presencia de una mujer, Beatriz Bernal, demostrando que cualquiera de los dos sexos puede abordar cualquier temática y que las mujeres están desde siempre tan bien dotadas (por lo menos) como los hombres para urdir invenciones de carácter fantástico o de cualquier otro tema. Los cuentos de Beatriz Bernal incluidos en el libro son «Río de sangre», «La doncella fea» y «Amor pasajero» -los títulos son del antólogo-, procedentes los tres de su delirante novela «Historia del invicto y magnánimo caballero don Cristalián de España, príncipe de Trapisonda, y del infante Luzescanio, su hermano» (Valladolid, 1545).

El resultado es un libro de lectura amenísima, repleto de aventuras maravillosas, o sea, con todos los ingredientes necesarios para devolvernos, entera y verdadera, la magia de los libros de caballerías, de los que el «Quijote», por cierto -y no se equivoquen-, representa no el entierro de un género, sino el «opus maius» del mismo.