Quiza, caracterizado como Mercurio en «La Calisto»
Quiza, caracterizado como Mercurio en «La Calisto» - Guillermo Navarro
MÚSICA

Borja Quiza: «La Zarzuela es siempre caballo ganador»

El barítono es el cantante de moda esta primavera en España. En apenas tres meses se le oirá en el Teatro Real, la Zarzuela y el Liceo

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Se define en sus redes como «Opera Singer, como las máquinas de coser». Un tipo así no puede ser un conversador aburrido. Desde luego, Borja Quiza (Ortigueira, 1982) no lo es; al contrario, se expresa ajeno a ese virus que todo lo contagia llamado corrección política. Apenas una perla: se reconoce aliviado después de que se frustrara la fusión del Teatro Real y el de la Zarzuela «porque había cierta nocturnidad en el asunto y a todos nos olía mal». Y eso que él, estos días, está a caballo entre la Plaza de Oriente y la calle Jovellanos. En el primero interpreta a Mercurio en La Calisto», y encarnará al pícaro Lamparilla en El Barberillo de Lavapiés que el segundo estrena el 27 de marzo. Y para rematar, en mayo se pasará al francés en el Liceo para cantar Los Pescadores de Perlas.

Quiza no para, pero porque «en este tiempo tan loco, un cantante tiene que hacer lo que le van poniendo por delante», sin muchas exquisiteces a la hora de aceptar o rechazar papeles aunque «con algunos límites» porque «no todo vale». «Un cantante se termina de formar cantando», reconoce, «hay que hacer oficio porque en esta profesión no existen milagros, a nadie lo llaman a su casa para que debute Rigoletto y pase a ser el mejor del mundo, eso no existe, es un falso mito».

Del barroco Mercurio dice que le seduce el «exotismo» de una sonoridad en la que «construimos música que no está escrita»; del género lírico español admite el encanto «de la conexión directa con el público»; y de la ópera francesa «la belleza del canto» de Zurga, su personaje. Y se opone a que por cantar en alguno de estos tres estilos haya que etiquetarle, vicio del que abomina. «Es como si el oyente las necesitara para sentirse tranquilo», comenta, cuando en el pasado los intérpretes de una sólida base técnica eran capaces de abarcar distintos estilos a lo largo de su carrera.

Alegato zarzuelero

Canta en el Real mientras ultima los ensayos del Barberillo, él que se conoce bien al famoso otro barbero, el Fígaro rossiniano que ha intepretado en numerosas ocasiones a lo largo de su carrera. Entre uno y otro destaca el «tremendo paralelismo en articulación, tesitura, color, energía», similitudes que no son casuales sino «un guiño a propósito de Asenjo Barbieri», que «quería darle en las narices al público de Madrid, que era muy de Rossini, con un barbero a la española», y con el que Quiza se queda si se le da a escoger.

En su opinión, la producción de Alfredo Sanzol para el Teatro de la Zarzuela «va a ser un éxito porque es fabulosa», con vestuario de época y una escenografía algo más «conceptual», y con algún corte en el libreto para obviar alguna humorada del momento que hoy no se entiende. «Con inteligencia y audacia se pueden salvar estos escollos de libreto», receta, «pero parece que porque la entendemos y la conocemos, podemos criticar el triple a la zarzuela».

Para Borja Quiza, la visión a ratos pacata que se sigue teniendo del género lírico patrio no es sino «un complejo de lo español, ya sea de obras, compositores o cantantes». «La dictadura adoptó el género como la música nacional, la usó como arma política y ese es un lastre muy difícil de limpiar, y ya va siendo hora de quitárselo del todo», algo que desde el Teatro de la Zarzuela «se está consiguiendo bastante bien». «La culpa no es del género, sino de quien quiso politizarlo», denuncia sin rubor, «es como cuando los nacionalistas usan el idioma como arma arrojadiza».

«Verdi a mí me llama, pero da igual si no le pasa lo mismo a los directores artísticos»

Y pese a todo, la zarzuela sigue conquistando. «Es una música muy directa, de una riqueza melódica espectacular», que, sin embargo, tiene un Talón de Aquiles que la debilita. «En España apenas hace género el Teatro de la Zarzuela y cuatro puntos más con escasas funciones». Eso lleva a que muchos cantantes españoles no quieran renunciar «a una Traviata o un Rigoletto de las que cantas cincuenta funciones al año para aprenderte María del Pilar, de la que vas a hacer cinco o siete, y además con unos cachés que no son los de la ópera». Y a pesar de todos estos condicionantes, los intérpretes nacionales «gustan de cantar zarzuela porque sabes que es caballo ganador, siempre funciona, enganchas al público y funciona con auditorios llenos».

Se engaña quien crea que es un género menor para el que vale cualquiera. «Es muy difícil de cantar, porque está muy bien escrita para el oyente pero bastante menos para el intérprete». Para su cuerda baritonal «está extremadamente aguda siempre, y además tenemos que hablar», porque este Lamparilla de Lavapiés «no para en las dos horas de función». «Es un esfuerzo físico y psicológico tremendo, y si lo haces bien, te dicen que estuviste muy gracioso, pero no que fuiste un buen cantante».

Al barítono Quiza le está creciendo la voz, en la evolución lógica de su instrumento. «Desde hace un par de años, mi voz ha pegado un estirón en sonoridad y color», y ansía dar un salto de repertorio. «El cuerpo me pide cantar Lucía, Puritani, Don Carlo, Traviata, ese tipo de cosas» que considera «la evolución natural». «Cada uno tiene la voz que tiene, pero los grande cantantes deben eliminar los complejos, asumir su vocalidad y cantar con su voz y no con la que el oyente espera».

Ópera gamberra

Mientras llega el teatro que le confíe un gran papel verdiano -en La Coruña fue cover de Bryn Terfel en Falstaff, cantando el grueso de ensayos y las dos pruebas con orquesta-, ha participado en uno de los proyectos más innovadores de los últimos años, la Ópera Garage que promueve el empresario Emiliano Suárez y que recientemente estuvo en Madrid. «Es una gamberrada que no sustituye a la ópera en teatro sino que la complementa; es «un espectáculo fantástico al que todo el que pueda debe ir».

Quiza rehúye vincular este tipo de iniciativas a la captación de nuevos públicos. «Puccini no se revuelve en su tumba por adaptar La Bohème a este modelo de espectáculo», insiste, «y si queremos acercar la ópera a gente joven, lo que debemos es programar en el Real cuatro o cinco títulos al año del gran repertorio a 10 euros para los menores de 30. Eso sí capta nuevos públicos y no espectáculos en garajes, los Tres Tenores o Il Divo».