El «Laooconte», de El Greco
El «Laooconte», de El Greco - abc
2014, AÑO GRECO

Luces y sombras de un genio singular

Bajo antiguos tópicos que han dibujado a un artista inexistente y han amarilleado el brillo de su pintura, cuatro especialistas rastrean las huellas de El Greco y desentrañan los misterios de uno de los pintores más influyentes de la Historia

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Por extraño que parezca, nunca ha habido una exposición sobre El Greco en Toledo, ciudad adonde el pintor llegó en 1577 y murió en 1614. Cuatrocientos años después de su muerte se saldará esta histórica deuda. Para hablar del artista y del hombre, de su pintura y su taller, de sus atribuciones, copias, reducciones y falsificaciones, de su huella en la pintura moderna, del mito en suma, hablamos con cuatro historiadores del Arte, buenos conocedores de su trabajo, que serán protagonistas del Año Greco que acabamos de estrenar.

Muertos José Álvarez Lopera y Harold Wethey, Fernando Marías es considerado la voz más autorizada sobre el cretense. Comisario de la exposición central de este aniversario –«El griego de Toledo» (Museo de Santa Cruz y Espacios Greco. Toledo. 14 marzo-14 junio 2014)–, dirigirá entre el 21 y 24 de mayo, en el Museo Thyssen, un simposio internacional sobre el pintor y acaba de publicar, actualizada, su gran monografía del maestro, «El Greco. Historia de un pintor extravagante» (Nerea). Traza en ella un dibujo poco agraciado de El Greco: «Es un hombre orgulloso, despreciativo, castigador, con un ego desorbitado. No es ese modelo ejemplar que nos han vendido: formado como ortodoxo griego, hermano de un pirata, tenía familia, a la que abandonó en Candía. No es un místico asceta que lee a Santa Teresa y a San Juan de la Cruz. No formó parte de ninguna hermandad religiosa. Tampoco escribía ni hablaba bien castellano, sino un "itañolo" ininteligible. Y desconfiaba del gusto de los artistas españoles».

Marías: «España funcionó como un reactivo para El Greco. Lo exacerba»

Sobre El Greco se ha dicho casi todo: que estaba loco, que era astigmático y por eso pintaba las figuras alargadas… Hay quienes le atribuyen la autoría del «Quijote» y hasta quienes afirman que fue un personaje de ficción. Marías cree que ya es hora de desmontar tantos tópicos: «El Greco es un pintor que se inventa en 1908 por parte de Cossío, y esa imagen sigue vigente en el imaginario colectivo desde entonces. Pero en este tiempo han aparecido nuevas obras, hemos pasado de tener 37 documentos sobre El Greco a más de 500, además de una carta y 20.000 palabras en anotaciones en libros de Vasari y Vitruvio, que presentan una imagen de El Greco que no tiene nada que ver con la que se inventa en 1908».

Pintor de lo visible

¿Dónde radica su complejidad, su genialidad? «Fue un pintor extravagante, caprichoso, que quiere hacer lo que no han hecho los demás, que no se acomoda a los dictados de la clientela religiosa. Posee una imaginación enorme: inventa un nuevo mundo de seres fantásticos, angelicales, celestes. Su pintura tiene una calidad constante hasta una altura gigantesca. Fue capaz, como ningún artista hasta entonces, de pintar el mundo de lo invisible en el terrenal. Fue un creador genial de mundos celestes, el pintor que más interesó a Velázquez en España».

También interesa El Greco, y mucho, al mercado. Advierte Fernando Marías que «se ha tenido una complacencia enorme con este y hay que reconducir la situación hacia un catálogo mucho más restringido. Al mercado es al que le interesa la idea de autoría, el que pone los precios y el que casi dispone el catálogo. En general, el historiador es muy autocomplaciente respecto a la autoría. La Historia del Arte existe porque existe un mercado, pero no se puede trabajar inconscientemente para él».

Sobre El Greco se ha dicho de todo: que estaba loco, que era astigmático

En cuanto a la exposición central del Año Greco que prepara, advierte: «No quiero que sea El Greco, que es un invento moderno, sino el griego de Toledo, pintor de lo visible y lo invisible». Subraya Marías la «grequitud» de este pintor: «No se transforma en español. No se siente identificado con la sociedad toledana. Nunca se integró en ella. Se readapta al mundo occidental en Italia, sobre todo en Roma. Todo su vocabulario artístico es italiano. España funcionó como un reactivo para él. Lo exacerba, lo precipita, hace que depure su pensamiento, que dé una vuelta de tuerca, que dé el do de pecho. España le dio la oportunidad de dejar de ser un pintor de cuadros y convertirse en un empresario de retablos con arquitectura y escultura diseñadas por él, con iluminaciones controladas por él. Fue un gran instalador de experiencias multimedia. Se convierte en Toledo en un pintor más complejo».

«No es un pintor sencillo, pero sí de una altísima calidad. Aún no lo hemos visto así. Tenemos una visión muy filtrada por restauraciones de 1900 para que pareciera un Greco más expresionista. Nunca lo fue. Quiero reunir en la exposición al mejor Greco, el de más calidad, El Greco más autógrafo; descubrir a El Greco no como un pintor expresionista y torturado, de san franciscos y calaveras, sino un pintor de la belleza», subraya Fernando Marías.

Habrá muchas obras maestras en la muestra: «La Crucifixión del Louvre», dos préstamos del Metropolitan («Vista de Toledo» y «Retrato del cardenal Niño de Guevara»), los retratos de Pompeo Leoni y Palladio... «Se trata de ver a El Greco con nuevos ojos. Si somos capaces de hacerlo, descubriremos a un pintor de una enorme calidad y un gran interés».

Un tipo muy práctico

Leticia Ruiz, jefe del Departamento de Pintura Española del Renacimiento de El Prado, es autora del catálogo razonado de El Greco en este museo y comisaria de la exposición «El Greco. Arte y Oficio» (Museo de Santa Cruz. Toledo. 8 septiembre-9 diciembre 2014). En ella se reflexionará sobre la creación intelectual del pintor y la materialización de sus ideas artísticas. Para abastecer lo que le pedía el mercado, para elaborar retablos (se requerían carpinteros, talladores, doradores, escultores…), el artista abre taller en Toledo. Pero, ¿qué sabemos realmente del taller de El Greco? «Lo tenía en la casa del marqués de Villena, donde vivió el pintor –cuenta Leticia Ruiz–. No se sabe cuántos discípulos tenía. A su muerte, su hijo Jorge Manuel se hace cargo del mismo y acaba los contratos, como el del hospital Tavera, que fue un sufrimiento, con pleitos continuos… Sabemos algunos nombres que trabajaron en él. Uno fue Francesco Prevoste, su más fiel ayudante. También están Luis Tristán, Giraldo de Merlo, Diego de Astor, Jorge Manuel, hijo de El Greco...

Marías: «El Greco es un pintor que se inventa en 1908»

Se abordarán en la exposición otros asuntos de interés, como las copias y reducciones de sus obras. ¿Por qué las hacía? «El Greco es un tipo muy práctico: si algo le funcionaba bien, lo repetía en otras composiciones. Tiene el mayor periodo de aprendizaje que ha habido en la Historia del Arte –comenta Ruiz–. Se forma como maestro de iconos, se va a Italia y cambia de pintar a tabla con temple a hacerlo con óleo sobre lienzo. En Toledo le da la vuelta al calcetín. Decía Álvarez Lopera que no hay otro pintor, quizá solo Picasso, que presente perfiles tan variopintos y dé unos saltos al vacío tan grandes como El Greco».

Habrá oportunidad de contemplar juntos originales, copias y reducciones; obras realizadas solo por El Greco, otras hechas por el pintor y su taller y algunas solo por el taller. Quiere la historiadora que la muestra sea muy visual y didáctica. Veremos juntas varias versiones de sus temas más célebres: la «Anunciación», la «Inmaculada Concepción», la «Santa Faz»,« San Francisco y el hermano León», la «Magdalena», la «Crucifixión»... Se exhibirá por primera vez una «Cabeza de Cristo» que ha estado en los almacenes del Museo McNay en San Antonio (Texas) y se ha restaurado. Cree Leticia Ruiz que es un boceto preparatorio para «El Expolio». No faltarán copias reducidas de esta obra maestra.

Archivo de falsificaciones

Capítulo aparte merecen los Apostolados. «Se exhibirá, dice la comisaria, el del antiguo marqués de San Feliz, que es Greco y mucho taller, y vamos a recomponer por primera vez desde la Guerra Civil el Apostolado de Almadrones: cuatro obras son de El Prado y cinco de colecciones americanas. Creo que El Greco lo hizo con el taller. Hay cosas muy suyas, como nuestro magnífico «Santiago», pero otras no. El público podrá entender cómo se preparaban los lienzos y qué hacía cada uno».

¿Habrá baile de atribuciones? ¿Alguna sorpresa? «Veremos algún inédito del extranjero. Junto al "Pentecostés" de El Prado se mostrará una versión reducida que ha estado perdida treinta años». Quiere llevar a la muestra los cuatro únicos dibujos que se conocen del pintor. Tiene ya atados el de la Biblioteca Nacional y el de Múnich. Faltan por cerrar los otros dos, que están en una colección privada. «El Prado estuvo tentado de comprarlos, pero eran muy caros», comenta.

El Greco obsesionó a artistas como Cézanne, Manet, Degas, Pollock

Se reunirán en la exposición en torno a 70 obras, entre ellas, dice, una veintena cien por cien grecos. «No hay muchos que salieran de su mano completamente. Harold E. Wethey incluía en su catálogo unos 250 cuadros. Hoy sabemos que son muchos menos. Es un tema muy complejo: hay cosas no muy buenas que El Greco firma porque le interesa. Depende del dinero que ofrecieran por el encargo. También hay cosas del taller de buenísima calidad. El maravilloso «Pentecostés» de El Prado es posible que tenga algunas partes del taller. Luego están las copias, las falsificaciones… Es un artista muy falsificado. Tengo un archivo con más de 50 falsificaciones».

¿Servirá este IV centenario para ponerlo en valor? «Es un pintor cada vez más valorado y estudiado. En El Prado siempre ha tenido su sitio. La primera monográfica que le dedicó el museo a un pintor fue a El Greco en 1902. Ha pasado por épocas de mayor o menor valoración, pero tiene tres salas extraordinarias en El Prado. Y es uno de los pintores antiguos que despierta mayor interés en el mercado internacional».

Sobre su técnica, advierte que «trabaja siempre a punta de pincel. Se ve en las radiografías. Utiliza todos los recursos pictóricos posibles. En un solo cuadro se encierra un compendio de toda la técnica al óleo». Subraya el color, el sentido de la iluminación y del espacio: «Quizás por eso logró atraer tanto a los pintores de la modernidad: consigue que sus temas se abstraigan de los espacios convencionales. La combinación de las formas pictóricas venecianas y el concepto intelectual bizantino hacen que su pintura sea tan especial».

Un saco para lo desconocido

Carmen Garrido ha estudiado a fondo a El Greco siendo jefa del Gabinete de Documentación Técnica de El Prado y es autora del libro «El Greco pintor», que verá la luz este año. Se ha centrado en unas setenta obras: la mayoría están en Madrid y Toledo, pero también hay iconos de primera época; el «Tríptico de Modena», que considera «una obra fundamental para el tránsito hacia Italia»... «Hemos podido trazar la línea entre Creta, Italia y España. El método en sí no cambia, lo que va es evolucionando». «Cuando algo no es Greco, se dice que es de su hijo Jorge Manuel –advierte Garrido–. Lo mismo ocurre con Velázquez y Mazo. Cada uno tiene un saco donde echar lo que no sabemos». En 2007 comisarió, junto a Álvarez Lopera, una exposición en Atenas centrada en el taller de El Greco. «Se saben algunos nombres que trabajaron en él, se conocen contratos, como el de Illescas, que lo firmaron el padre y el hijo. A veces vemos cuadros empezados de una manera muy tosca, que están mucho mejor finalizados. Pero el tosco puede ser el artista copiando el modelo y el refinado puede ser el discípulo intentando imitar al maestro». ¿Es fácil delimitar lo que es de El Greco y lo que es de taller? «Si lo ven mejor dicen que es Greco, sin lo ven peor, taller y Greco».

La primera monográfica que le dedicó El Prado a un pintor fue a El Greco en 1902

¿Habrá retirada de atribuciones en su libro? «No, habrá reafirmación de atribuciones, como el "Tríptico de Módena"». ¿No tiene que preocuparse Pérez Llorca porque El Prado pueda perder grecos, como lo estaba con Manuela Mena en la cátedra de Goya? «No. En mi caso es al revés: tras mi paso por el museo, tienen varios velázquez más, varios goyas más… Hemos encontrado unos debajo de otros».

Carmen Garrido, que ve la huella de El Greco en las pinturas negras de Goya, advierte que ha habido muchísimas copias modernas de las obras del cretense, así como falsificaciones contemporáneas del siglo XX. ¿Teme que este año se inunde el mercado de grecos? «En los años 80 hubo una invasión, porque estaba de moda. Suele pasar cuando hay grandes exposiciones, y más con un pintor tan copiado y falsificado como él. Pero las copias de sus obras son planas. Y lo importante de El Greco son sus volúmenes».

¿Hay muchos grecos colgados en grandes museos del mundo que no lo son? «En todas partes se ven grecos. Hay tantos san franciscos... No sé si cuarenta. Pero cada vez se ajustan más las atribuciones». ¿Le chirría algún greco de la colección de El Prado? «Había algún retrato, pero ya está descartado. Se puede discutir algo puntual. Por ejemplo, el retablo de María de Aragón. La composición sí es suya». En la pintura de El Greco, Garrido advierte más recursos de Tintoretto que de Tiziano. «Pinta "alla prima", directamente sobre el lienzo. En las tablas sí hace unos dibujos preparatorios. Pero en el lienzo, solo cuatro líneas para encajar las figuras, y pinta. Si luego ve que no le gusta cómo ha quedado una, la cambia. En el "Expolio" hay muchos cambios de composición».

Como si no hiciera nada

El espacio, continúa Carmen Garrido, «es fundamental en su pintura. La perspectiva, los fondos… Lo aprendió en Venecia. Estará también en Velázquez. La línea de sucesión es: El Greco, Velázquez, Goya y Picasso. Pacheco critica a El Greco duramente porque dice que estaba todo el día pintando y cambiando, haciendo y deshaciendo. Cuando ves una pintura suya parece que no tiene nada y, sin embargo, posee una estructura interna fantástica».

Garrido: «El Greco se atreve a hacer un apóstol de espaldas en el "Pentecostés"»

En cuanto al color, afirma que, igual que Velázquez, El Greco emplea «pigmentos mezclados de una manera que queda el color con una limpieza impresionante. Utiliza materiales de calidad, aglutinantes limpísimos. Se conservan muy bien, no se han degradado».

Además, destaca la superposición de unos colores en otros, las irisaciones, que también aprendió en Venecia. «Es un artista muy complejo, aunque, como les ocurre a todos los buenos, parece que no hace nada. En sus iconos ya apunta maneras con la técnica. Hace iconos con movimientos, con volúmenes. Al llegar a España, tras su paso por Italia, ya está formado: pinta obras impresionantes como el "Expolio" y el "Retablo de Santo Domingo el Antiguo". La pincelada será más suelta, alarga las figuras…» ¿Por qué lo hace? «Tiene mucho de pintor manierista. Alarga las figuras para adaptarlas al espacio. Y se atreve a hacer cosas increíbles, como un apóstol de espaldas en el "Pentecostés" de El Prado».

Carmen Garrido aconseja a quienes se acerquen a visitar las exposiciones de El Greco este año que «se fijen en el color, el espacio, las composiciones... Son excepcionales. Una cosa no tiene que ser perfecta para ser excepcional. A El Greco lo que le preocupa es el resultado final. Y sus obras funcionan».

El Greco moderno

Javier Barón, jefe del Departamento de Pintura del siglo XIX de El Prado, es el comisario de la exposición «El Greco y la pintura moderna» (Museo de El Prado. 24 junio-5 octubre 2014). En ella se medirá el pintor con aquellos colegas a los que más influyó a partir del último tercio del siglo XIX y durante buena parte del XX. «Hasta entonces el modelo a seguir era Velázquez –explica Barón– pero El Greco comienza a llamar la atención de pintores muy renovadores, como Manet, Cézanne y Degas, que tenía en su colección dos obras de El Greco. También en España, con Fortuny, los Madrazo, Sorolla, Rusiñol y Zuloaga. Estos dos últimos, también coleccionistas de El Greco.

Barón: «Los movimientos rompedores se fijan en El Greco»

A partir de 1898-99, es Picasso quien se siente muy atraído por este artista, que se convertirá en una de sus mayores fuentes estilísticas a lo largo de toda su carrera: el periodo azul, el cubismo, los retratos (vuelve al modelo de «El caballero de la mano en el pecho con sus Mosqueteros»)... Y al final de su pintura regresa de nuevo a El Greco. Hay referencias a este pintor más profundas y duraderas que sobre Velázquez en toda la carrera de Picasso».

¿Por qué les atrae tanto a los pintores modernos el trabajo de El Greco? «En primer lugar, por su condición de pintor antiacadémico, anticlásico. Velázquez fue el mejor ejemplo para la pintura naturalista, que acaba con Manet, Sorolla, Sargent... Pero los movimientos rompedores, como el expresionismo alemán, se fijan en El Greco. En segundo lugar, la construcción espacial en las obras, que es más compartimentada y dio origen al cubismo. También, el color de sus obras, mucho más vivo, que interesó al expresionismo; la estilización de sus figuras, el mundo interior de sus cuadros, que retoma el surrealismo...». En los años 30 del pasado siglo fue Pollock quien se obsesionó con El Greco –comenta Barón–, y lo copia: «Le interesaba su figura marginal, fuera de lo establecido».

Todos ellos estarán presentes en la gran exposición de El Prado, donde colgarán muchas obras maestras. «La dama del armiño», de El Greco (Pollok House, Glasgow), se exhibirá junto a una copia del cuadro que hizo Cézanne (colección particular). Otra joya de El Greco que estará en la muestra es su célebre «Laocoonte», de la National Gallery de Washington, «obra clave, de referencia, para el expresionismo alemán». Picasso figurará a lo largo de todo el recorrido: habrá obras de El Greco presidiendo los distintos espacios de la muestra.