Anne Tyler: dos títulos, doble ración
Junto a «El turista accidental», «Reunión en el restaurante Nostalgia» se sitúa en la cima de Anne Tyler (en la imagen)
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Anne Tyler: dos títulos, doble ración

«Reunión en el restaurante Nostalgia», una de sus mejores obras, cocinada a fuego lento y ahora reeditada, coincide con «El hombre que dijo adiós». Anne Tyler por partida doble

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No hay nada peor que comparar a un artista consagrado consigo mismo, pues se convierte en su propia y única medida. Y no hay peor rival que aquel que nos sonríe desde el espejo del pasado. Todo esto para preguntarnos si alguna vez volverá a escribir Anne Tyler (Mineápolis, 1941) una novela como la magistral «Reunión en el restaurante Nostalgia». Probablemente no. Y hasta es posible que, habiéndolo hecho, ya ni siquiera le interese.

Publicada en 1982, «Reunión…» es la cumbre –junto a «El turista accidental» y «Casi un santo»– de la novelística de Anne Tyler. Saga familiar –la de los gastronómicos Tull– orbitando alrededor de un comedor crepuscular donde se nos van sirviendo, en porciones justas y administrando los tiempos para su perfecto disfrute y digestión, los recuerdos en el lecho de muerte de la matriarca Pearl. Mujer abandonada en 1944 por su marido junto a tres hijos que se irán cociendo, y quemándose, a fuego lento.

Anne Tyler ama sin fisuras a todos y cada uno de sus personajesLa sensación, al degustarla, es la de acabar sabiéndolo todo acerca de un puñado de vidas no por comunes menos inolvidables. Y, enseguida, las ganas de repetir con Tyler, quien, a su manera y en sus novelas, funciona como la contraparte sentimental de la cerebral Iris Murdoch: sabemos qué nos espera pero, también, que siempre saldremos satisfechos de sus muy elaboradas cocinas.

Más que largo aliento, breve susurro

En cambio, «El hombre que dijo adiós», opus 19, sigue la estela de títulos más o menos recientes, como «Cuando éramos mayores», «Propios y extraños» y «La brújula de Noé», en los que Tyler –excepción hecha de la magnífica «El matrimonio amateur», donde volvió a descollar en el uso de la elipsis geotemporal– opta más por el breve susurro que por el largo aliento. Es decir: otra trama que transcurre en un limitado presente inmediato con algún «flashback» –tipo de receta en la que descolló con «Ejercicios respiratorios»– donde vuelven a apreciarse muchas de las constantes de la autora.

«El hombre que dijo adiós» nos deja con hambre y sed y despierta la memoriaA saber y a saborear: un protagonista adorable y melancólico y delicadamente «freak» (el editor de prácticos y preciosos libros de autoayuda y viudo de treinta y seis años Aaron Woolcott; no atormentado, sino acompañado por el espectro reciente de la oncóloga Dorothy Rosales, su esposa, fulminada por un accidente doméstico); un puñado de secundarios entre exóticos y encantadores (Nandina, Charles, Irene, Peggy); el realismo absoluto delicadamente irreal de familias felices y tristes a su manera; un final donde siempre se apuesta por la redención y/o resurrección del muerto en vida; y esa Baltimore ya tan de Tyler como de Poe, de John Waters o de «The Wire».

Aaron Woolcott –tartamudo, arrastrando desde su infancia malformaciones por la polio– se convierte así en otro héroe secreto de algo que casi puede leerse (y disfrutarse) como una de esas elegantes historias de fantasmas de Henry James pasadas por el tamiz del cine del más amable y también baltimoreísta Barry Levinson. Lo que no impide detectar cierta fatiga de materiales o desequilibro en el uso de ingredientes en una nueva reelaboración de un mundo propio. Mundo que, finalmente, siempre es el mismo; y que, como en otra dimensión, apenas admite la intromisión del nuestro, del de todos los demás.

Como circuitos cerrados

Los libros de Anne Tyler –quien, como Salinger, ama sin fisuras a todos y cada uno de sus personajes para que luego, incondicionalmente, los amemos– funcionan como circuitos cerrados a los que se nos invita, siempre y cuando no toquemos ni rompamos nada.

Tyler anunció su retiro. Pero parece que habrá otra novelaEl problema –problema menor que no deja de ser problema– es que «El hombre que dijo adiós» es apenas una «entrée»: se nos ofrece como un delicado y admirable y muy destilado aperitivo que deja con hambre y sed y despierta la memoria de ese potaje espeso y sabroso y nutritivo que fue y sigue siendo Reunión en el restaurante Nostalgia. Esto no significa que –como alguno de sus detractores ha dicho– se deba percibir a Tyler como «nuestra más laureada novelista NutraSweet». Lo suyo es natural y orgánico. Y sano.

No hace mucho Tyler anunció su retiro. Pero parece que habrá otra novela, «A Spool of Blue Thread». Desde aquí esperamos que se trate de un menú completo o, al menos, del mejor de los postres. El definitivo.

Mientras tanto y hasta entonces, de nuevo, mis felicitaciones a la chef.

Pero quiero más.