Sociedad

Luis Díaz Viana: «Hay motivos para tener miedo hoy»

El antropólogo describe la sobremodernidad actual como una época de cambio, en la que se han perdido tres bases del anclaje del relato humano: lugar, tiempo y memoria

Luis Díaz Viana: «Hay motivos para tener miedo hoy»

«Algo muy importante se ha quedado por el camino: ni más ni menos que las coordenadas y los valores que nos orientaban para andar por el mundo», constata el antropólogo Luis Díaz Viana en «Miedos de hoy. Leyendas urbanas y otras pesadillas de la sobremodernidad» (Editorial Amarante). Años de observación, análisis y reflexión sobre el ser humano han cristalizado en el último libro de este referente en la investigación de las culturas populares, Premio Castilla y León en Ciencias Sociales y Humanidades. Es un libro «casi póstumo», dice, «un legado» que quiere dejar para que lo que él ha aprendido en este tiempo sea útil a los demás. «Es una guía para andar por los mundos contemporáneos, por la sobremodernidad. No es un libro de autoayuda, pero puede ayudar bastante, pienso yo, para que el lector caiga en lo que está pasando y piense en qué medida tomamos o no el control de las cosas que ocurren y del futuro que viene, porque el momento parece crítico».

El profesor del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) e investigador del Instituto de Estudios Europeos de la Universidad de Valladolid sostiene que «se ha producido una triple negación de los elementos que nos anclaban a un territorio, a una época y al legado de las gentes que nos precedieron», es decir, «una renuncia al lugar, al tiempo y a la memoria propios», todo aquello que viene a formar y constituir el relato humano.

Vivir en un mundo de «no lugares» -como llamó Marc Augé a aeropuertos, supermercados o grandes superficies-, «no nos ha hecho necesariamente más cosmopolitas ni más seguros o confiados», afirma Díaz Viana. La gente «no se ha apropiado» de esos lugares, «pasa por ahí, pero no hay arraigo posible». Son escenarios en los que uno no tiene control de lo que pasa y percibe que cualquier acontecimiento puede ocurrir. Aunque el antropólogo atisba ciertas transformaciones en los últimos tiempos sobre ese mismo concepto de «no lugar», porque los jóvenes comienzan a «hacer vida» en algunas grandes superficies, «quedan», van al cine sin salir de su recinto, mientras que los centros y cascos históricos de las ciudades, por el contrario, «cada vez se van pareciendo más, son cada vez más mentira», «ese carácter de vivir constantemente en un no-lugar es muy propio del momento actual. No hay un anclaje o cosa que nos ligue al lugar», dice.

«Miedos de hoy»
«Miedos de hoy»- E.AMARANTE

A eso se une que «el tiempo, tal como lo percibimos ahora, es el instante», continúa Díaz Viana, «un tiempo sin tiempo antes, un no-tiempo, porque el instante no es tiempo». Esa fugacidad, esa aceleración «no nos ha convertido en más contemporáneos a unos de otros». «Que la información global nos abrume y sobrepase día tras días no nos ha tornado más sabios», a juicio del antropólogo.

Esas dos negaciones llevan, a su juicio, a la tercera y fundamental: la falta de memoria. «Hay una especie de inflacción de memorialismo, hay una aparente obsesión por memorializar con selfies y fotos cualquier suceso (desde viajes turísticos a catástrofes) pero en realidad vivimos en buena medida sin memoria». Hay carencia de esos recuerdos que relacionaban a la gente con un lugar y un tiempo o los unían a los que vivieron antes allí. Díaz Viana explica que antes «vivías en un sitio donde la gente mayor te contaba cosas de él, de lo que había sucedido, y eso te facilitaba un control, una apropiación del entorno». Cuenta la anécdota de un señor mayor de un pueblo castellano que le dijo: «los chicos de ahora como no saben cómo se llaman los lugares, salen de la calle principal del pueblo y se pierden».

«¡Qué sabia apreciación! Tú no te pierdes si sabes por dónde andas. Pero tienes que nombrar, tienes que haberte apropiado de un lugar, haberlo hecho tuyo antes para tener una idea de dónde estás. Es lo que nos está pasando. No hay una memoria, un relato que se mantenga en el tiempo», resume Luis Díaz.

«Esa triada de estar en un lugar, estar en un tiempo y venir de un tiempo y ligarlo con la memoria es lo que está quebrándose. No hay un relato de lo humano. Lo que hay son fragmentos de relato, una atomización de relatos», explica convencido de que «estamos a la intemperie. Desasidos del pasado y temerosos del futuro. Agonizando de presente. Sin certezas. Sin anclajes».

«Estamos a la intemperie. Desasidos del pasado y temerosos del futuro. Agonizando de presente. Sin certezas. Sin anclajes»
Para Díaz Viana, no hay duda del «carácter de época axial, de época de cambio, que tiene la nuestra», como a finales del s. XIX con la irrupción de las máquinas, o la que se vivió con la invención de la imprenta y los cambios que conllevó en la difusión del saber. Una época en la que «hay motivos para tener miedo» porque «no se sabe a dónde se va».

Los miedos de hoy «son globales» porque existen riesgos globales, porque «la fragilidad es mayor que nunca al haberse vuelto todo más complejo», explica. La gente se ve a sí misma cada vez más pequeña e insignificante en un mundo cada vez más tecnológico, en el que todo afecta a todo, todo ocurre demasiado rápido, la irrealidad se mezcla con la realidad, lo virtual con lo real. «Son unos miedos que no habían llegado a atemorizar globalmente, de manera general, tanto jamás», constata.

A Díaz Viana le gustaría por ello que «una vez la gente termine de leer el dijera: "basta ya, hasta aquí hemos llegado. Vamos a tomar las riendas del futuro de mundo que queremos"». ¿Cómo? Sin caer en las falacias que Zygmunt Bauman llamó «retrotopías» y que llevan a idealizar el pasado, opina el antropólogo, que observa cómo estas corrientes están a la orden del día en el terreno del folklorismo más rancio con sus mitificaciones del ayer. «Es la necesidad de alimentarse de esa nostalgia lo que ahí está actuando». Pero también se produce «un fantasioso diseño del futuro en muchos de los relatos pseudocientíficos que hoy pretenden que caminamos sin remedio a un mundo de ciencia ficción: a un mundo que fácilmente podría tornarse en inhumano, y más propio de una pesadilla que de un sueño».

Luis Díaz Viana, autor de «Miedos de hoy»
Luis Díaz Viana, autor de «Miedos de hoy»- CEDIDA POR L.DÍAZ VIANA

El especialista en cultura popular realiza en su libro «un recorrido de lo humano», prestando una atención especial a esa otra mitad de la historia, menos conocida pero importante en la memoria colectiva, que forman los mitos y leyendas y lo que éstos revelan de la visión que las gentes tienen de sí mismos y de los otros. No sólo aborda Díaz Viana las representaciones del pasado y su poder para construir identidades. El antropólogo presta especial atención a las leyendas contemporáneas. ¿Qué ha cambiado en las leyendas? ¿Qué "verdad" cuentan las leyendas urbanas?

«Las leyendas urbanas son una expresión del desasosiego en el que vivimos, a medias entre la inconsciencia y la lucidez respecto a lo que nos está pasando, historias verosímiles sobre temores y preocupaciones que nos llegan tanto del pasado como del futuro. Son la plasmación narrativa de la angustia y casi desesperación de vagar sin rumbo en un mundo sin anclajes, a la deriva; y de las muchas dudas respecto a lo que producen los nuevos artefactos y grandes innovaciones tecnológicas en tu vida, así como respecto a qué consecuencias van a tener, qué mutaciones… eso es lo que están contando las leyendas urbanas hoy», explica.

En ellas, «la gente nos está contando lo que ocurre, igual tanto o más que cualquier escritor o intelectual. Están retratando el mundo en el que vivimos», añade el antropólogo. Por ello, insta a no tomar «a broma o como mentirijillas sin relevancia el contenido de las leyendas». «Tienen un gran poder de persuasión, inciden muchísimo -a través del temor- en nuestra realidad. Crean una visión, un estado mental de alarma en un momento dado, porque tratan sobre algo que resulta inquietante y que puede llegar a ocurrir». Sí, hay razones para tener miedo.

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