La industria pesquera española se enfrenta a un mar de fondo

España es líder europeo en volumen de capturas y el quinto consumidor mundial, pero la ingesta de pescados y mariscos ha caído en los últimos años

MADRIDActualizado:

El sector pesquero español siempre ha sabido aprovechar el mar de posibilidades que brindan más de 7.905 km de costa y una gastronomía en la que nuestro excelente pescado, en general asequible a todos los bolsillos, es protagonista habitual. Por ello, no es extraño que nuestro país tenga la industria pesquera líder de toda Europa por volumen de capturas, el 20% del total. La flota española capturó 898.333 toneladas de pescados y mariscos en 2016. La facturación en primera venta, al precio que se vende en las lonjas, supuso una facturación de 2.043 millones en 2015. Las cifras del año pasado se mueven en parámetros muy similares.

En cuanto a capacidad pesquera, va también en paralelo, ya que la flota española es también la mayor, con el 23,6% del total y ocupa el tercer lugar de la flota comunitaria en número de barcos, con el 11% del total, equivalente a 9.299 buques del total de 83.780 que hay en toda la Unión Europea, aunque no todos faenando en aguas europeas, claro.

El sector pesquero español ha experimentado un continuo ajuste desde la entrada de España en la Unión Europea en 1986, con una reducción paulatina tanto del número de barcos como del arqueo en los distintos caladeros y en todas las artes. Con 33.288 tripulantes en 2015, España genera el 22% del empleo pesquero en la Unión Europea. Se calcula que por cada empleo de tripulante se generan otros cinco extra en el conjunto de la industria derivada, y generalmente en zonas geográficas donde la pesca es prácticamente la única actividad económica, con lo que tiene si cabe más importancia en términos relativos.

En cuanto a consumo, España ocupa el segundo lugar en la Unión Europea por detrás de Portugal y es el quinto del mundo tras Japón, Islandia, Noruega y Portugal. Sin embargo, el consumo de pescados y mariscos españoles per cápita sufrió durante los años de crisis y aún sigue registrando descensos en los últimos ejercicios. En 2015, cayó un 3,1% respecto al año anterior; en 2016, el retroceso se suavizó hasta el 1,6%.

En todo caso, las exportaciones siguen fuertes. España exportó 1,1 millones de toneladas de productos pesqueros el año pasado por valor de 3.710 millones de euros (3.398 en 2015). Italia, Portugal y Grecia fueron los principales destinos.

Un liderazgo sólido

El liderazgo de España en esta industria en sólido, pero la industria vive un mar de fondo que podría amenazar con tormenta. Javier Garat, secretario general de la principal patronal del sector, la Confederación Española de Pesca, cree que «durante años se ha acusado a los pescadores españoles de esquilmar los mares del mundo entero y no es así ya que respetamos escrupulosamente las cuotas que tenemos asignadas y nos sometemos a todos los controles, por supuesto. El principal riesgo son, sin duda, los países asiáticos y africanos, que no cumplen regulación alguna y luego exportan sus productos pesqueros a Europa, entre ellos a España, a unos precios inferiores a los españoles».

Explorar nuevos caladeros, lograr más cuotas desde Bruselas y la competencia de países asiáticos y africanos desregulados, retos de un sector que exige una rebaja del IVA

El descenso del consumo de pescado es uno de los temas que más preocupan a la industria pesquera española, por lo que se ha propuesto hacer campañas de publicidad para concienciar a la población de las ventajas de comer pescado frente a otras fuentes de proteínas alternativas. A nadie se le escapa que la subida del precio del pescado ha influido también en la caída de las ventas, ya que en 2016, por ejemplo, el precio medio del kilo subió un 2,3% hasta los 7,9 euros. De este modo, los hogares destinaron el 13,25% del gasto en alimentación y bebidas a la compra de pescado, realizando un gasto per cápita de 202,4 euros y un consumo de 25,4 kilos por persona y año, según el informe del Consejo de Alimentación en España 2016. La realidad es que, ya sea por el precio o por otros factores, el consumo doméstico de pescado se ha reducido progresivamente en los últimos siete años, salvo en el consumo de conservas.

A la vista de este panorama, Cepesca se ha puesto una larga lista de deberes para los próximos años que va desde lograr mejores posibilidades de pesca en nuevos caladeros o ampliar la cuota que cada año reparte la Comisión Europea, extender las mejores prácticas en el desarrollo de la actividad pesquera para garantizar la sostenibilidad medioambiental y socio-laboral, contribuir a la erradicación de actividades ilícitas y fortalecer el sector y hacerlo más innovador.

Pero la pesca no es una materia que afecte a los países de manera individual, sino que los acuerdos y la normativa son necesariamente internacionales. Según datos de la FAO, la pesca y la acuicultura son el medio de subsistencia de entre el 10 y el 12% de la población mundial y dan trabajo a 57 millones de personas. En el año 2014 el 84% de la población mundial dedicada al sector de la pesca y la acuicultura se encontraba en Asia (25%), seguida de África (casi del 10%) y América Latina y Caribe (4%). China ha alcanzado su máximo histórico al haber empleado en el sector pesquero a 14 millones de personas.

Disminución de la flota

Al mismo tiempo que ha aumentado el número de personas dedicadas a la pesca en todo el mundo, en Europa en los últimos 20 años ha disminuido la capacidad de la flota pesquera tanto en términos de arqueo y potencia de motor como en número de embarcaciones. Pese a las ampliaciones de la Unión Europea, el número de buques comunitarios en 2015 era de 85.154, 18.693 menos que en 1996, lo que supone una reducción de un 18%, según los últimos datos de la Comisión Europea. La misma fuente señala que en 2014, solo el 4% de las capturas mundiales correspondían a la Unión Europea.

Reino Unido exporta el 74% de su pescado a la Unión Europea

Esta reducción de la capacidad pesquera en Europa es fruto de la necesidad de reducir las capturas en muchas especies para que su sostenibilidad esté garantizada a largo plazo. A nivel mundial el 68,6% de las poblaciones mundiales de peces están en buen estado de explotación pero hay aún un 31,4% de las poblaciones pesqueras sobreexplotadas. En relación a Europa el Comité Científico, Técnico y Económico de la pesca de la Comisión Europea asegura que de los casi 70 stocks evaluados la proporción de los que están sobreexplotados se ha reducido desde más del 70% a cerca del 40% en los últimos 10 años, y la proporción de poblaciones evaluadas fuera de los límites biológicos de seguridad mantiene la misma tendencia, pasando de un 65% en 2003 a un 38% en 2015.

En el caso de España es la Unión Europea la que asigna las cuotas máximas (TAC,en el argot especializado) de pesca por especies y zonas a las que tiene derecho cada país para el ejercicio siguiente. España logró un aumento de cuota para este año de 41.000 toneladas, aunque otras especies registraron bajadas. El objetivo, en todo caso, según Garat, «es que poco a poco aumentemos cuota fruto de la mejora de la situación de las especies, sobre todo en el Mediterráneo, que es fundamental para nosotros en muchas especies pero, en todo caso, hay que aprovechar al máximo la cuota que tenemos porque lo que sería ideal es que pudiéramos intercambiar alguna cuota que nos sobre con otros países que estén faltos, y al contrario».

El sector espera un aumento de cuotas, sobre todo en el Mediterráneo, clave en muchas especies

Un ejemplo del éxito de las paradas biológicas de pesca es el atún rojo del Atlántico y el Mediterráneo, que estuvo sobreexplotada entre 2006 y 2010 y, tras el plan de recuperación, hoy en día se encuentra en buen estado y llega de manera regular a la mesa de los europeos, aunque a precios diferentes en función del país donde se resida porque no hay que perder de vista que las pescaderías en algunas ciudades del norte de Europa son casi como joyerías, tanto por el aspecto como por el precio. España tiene flotas de cerco, palangre, cañas, líneas de mano y almadrabas dedicadas a la captura de atún rojo y de las que dependen 2.300 familias en Andalucía, Cataluña, Murcia y País Vasco.

Obligación de desembarque

En materia de normativa destaca también la obligación que entrará en vigor en 2019 de desembarcar todas las especies que están sujetas a cuotas y, en el Mediterráneo, aquellas que tengan una talla mínima de conservación. Desde Cepesca se alerta del enorme problema que supondrá este asunto, sobre todo en las especies de estrangulamiento, en las que la cuota es muy pequeña y, en general, para todas las especies. «Esta normativa —aseguran— es imposible cumplirla sin arruinar a las empresas pesqueras de toda la Unión Europea, por lo que el reto de todos será convencer a los legisladores de que hay que cambiar la norma».

Y, también en el capítulo de retos, está el de los impuestos, un clásico que hable del sector del que se hable. En este caso Cepesca pide una rebaja del IVAque se aplica a los productos del actual 10% al 4%, en que se aplica a los alimentos de primera necesidad. Demasiados retos como para poder hablar de un mar de tranquilidad.

La incertidumbre del Brexit

El Brexit ha abierto muchos interrogantes sobre el futuro de la pesca en aguas británicas. El sector pesquero español se ha unido a sus homólogos de otros países europeos para crear la EUFA (Alianza de Pesca de la Unión Europea) y así poder definir conjuntamente la estrategia a seguir para hacer frente a esta situación. Garat asegura que «los españoles fuimos los primeros que nos reunimos con el negociador europeo para el Brexit, Michel Barnier, porque para nosotros es fundamental el caladero británico de Gran Sol, el del litoral y el de Maldivas, donde entre los tres tenemos 92 buques españoles faenando que capturan alrededor de 9.000 toneladas de pescado al año».

Los hogares destinaron el 13,25% del gasto en alimentación y bebidas a la compra de pescado

Desde el punto de vista británico la situación es compleja también porque el 74% de las exportaciones de pescado de ese país tiene como destino la Unión Europea y, claro, hasta ahora exitía el arancel cero, lo que podría cambiar si finalmente el Brexit se materializa sin un acuerdo comercial entre la Londres y Bruselas. En caso de que finalmente se establezca un arancel de entrada para los productos pesqueros británicos en el Viejo Continente, a nadie se le escapa que los encarecerá, lo que podría favorecer el consumo de pescado procedente del interior de la Unión Europea, y por ende de las capturas realizadas por la industria pesquera de nuestro país. La posición de España es que la pesca debería ser una prioridad para los negociadores europeos, ya que resulta imprescindible mantener el acceso histórico de la flota comunitaria a las aguas de Reino Unido. En todo caso la negociación acaba de comenzar por lo que todas las partes tendrán que esperar, pescadores incluidos.