Toros

Iván Fandiño: «Que se den prisa en llevarme al hospital, me estoy muriendo»

El diestro Iván Fandiño, de 36 años, falleció ayer en el hospital de Mont-de-Marsan (Francia), adonde fue trasladado tras sufrir una cornada en el costado en la Plaza de Aire-sur-l’Adour

El matador, ayer, en el momento de la fatal cogida - AFP

Al concluir la corrida de Las Ventas, a las 21,30 horas, nos llega la noticia trágica, inesperada: el diestro Iván Fandiño ha fallecido en el hospital de Mont-de-Marsan, después de haber sufrido una tremenda cornada, en el costado derecho, en la Plaza de Aire- sur-l’Adour. Había cortado una oreja a su primer toro. Lo hirió el toro de Baltasar Ibán, al intentar realizar un quite en el tercer toro, que correspondía a su compañero Juan del Álamo. La corrida continuó porque, en un primer momento, no se advirtió la gravedad del percance. (Ese mismo toro también hirió al banderillero Pedro Vicente Roldán). Un testigo presencial nos informa de que la cornada, en el costado, le recordó la que sufrió el infortunado Yiyo: permaneció lúcido durante algún tiempo, decidieron traspasarlo al hospital. Los facultativos lo intervinieron sin lograr salvarle la vida.

«Que se den prisa en llevarme al hospital porque me estoy muriendo». Esas fueron las últimas palabras que pronunció Iván Fandiño antes de fallecer finalmente en el Hospital Layné de Mont-de-Marsan. Según el diario francés «Sud-Oest», dichas palabras se las dijo al torero francés Thomas Dufau, compañero de Fandiño en la corrida de ayer y uno de los encargados de llevarle en volandas a la enfermería de la plaza.

El diestro Iván Fandiño ha sido uno de los toreros predilectos de la afición madrileña, en los últimos años, por su valor clásico, su decisión y sus extraordinarias estocadas. Había nacido en Orduña (Vizcaya) pero su apellido revelaba raíces gallegas y, en los últimos años, residía en Guadalajara: reunía en su biografía, así pues, varias regiones españolas. Su carrera no fue fácil, tuvo que torear en muchas Plazas modestas antes de llegar a las grandes Ferias. Le catalogaron como «torero de hierro», en la tradición de los matadores vizcaínos: Agüero, Cocherito, los Chacarte… Madrid y Bilbao le eligieron como uno de sus favoritos por su honradez y pundonor, los valores más clásicos de la lidia.

Un gran estoqueador

Ha sido uno de los más grandes estoqueadores de los últimos años. Su seña de identidad consistía en situarse muy cerca, colocar la mano derecha en el pecho, arrancar «en corto y por derecho» (la norma clásica, siempre vigente), volcarse sobre el morrillo, cruzar limpiamente y salir con el toro moribundo, en los vuelos de la muleta… Más de una vez comenté yo que daba lugar a una escena que parecía sacada de un grabado de Goya. En esta suerte también sufrió graves percances.

Fandiño desarrolló toda su carrera, junto a Néstor, su apoderado, como un diestro independiente, al margen de las grandes empresas. Quiere eso decir que todo el amplio crédito que logró se lo ganó en los ruedos, no en los despachos, con su esfuerzo y con su sangre.

En ABC, Rosario Pérez y yo le hicimos algunas entrevistas. Recuerdo yo una, en la terraza del Café Gijón de Madrid: nos impresionó su fuerte personalidad, su singular filosofía. Él había elegido un camino y estaba decidido a seguirlo hasta el final. No buscaba comodidades ni tenía dudas. Su actitud tenía algo de estoico fatalismo, de resolución absoluta, que impresionaba. Últimamente, su crédito taurino descendió algo y él luchaba resueltamente por recuperar el puesto que había tenido, en las grandes Ferias. Algunos toreros se «tapan» por cualidades artísticas, incluso en las tardes menos felices; Fandiño no era de esos. Su camino era el del heroísmo, la entrega absoluta, hasta inmolarse en este ideal de la Tauromaquia que él ha vivido hasta sus últimas consecuencias.

El toreo pierde otro héroe

Después de la tragedia de Víctor Barrio, el toreo pierde a otro de sus héroes. En estos primeros momentos, la conmoción que hemos podido percibir, en los ambientes taurinos, es tremenda. No consuela a nadie saber que la Fiesta es así pero ésa es la verdad, la gran verdad de la Tauromaquia: algo que no pueden empañar ni la ignorancia ni el sectarismo. Se une Iván Fandiño a una larguísima serie de toreros que han entregado su vida en este arte que une, como ningún otro, la verdad, la emoción y la belleza.

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