Miguel Hernández junto a su mujer Josefina Manresa en 1937
Miguel Hernández junto a su mujer Josefina Manresa en 1937 - ABC

Miguel Hernández al completo, 75 años después

Una exhaustiva recopilación de su obra revela ocho poemas inéditos

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La huella de Miguel Hernández (1910-1942), labrada en tan solo 31 años de vida, caló bien hondo en las letras españolas, estampando su nombre en plata como «genial epígono de laGeneración del 27», calificativo que le regaló Dámaso Alonso. El 75 aniversario de su muerte ha traído consigo un reguero de celebraciones, que encuentran su broche en el compendio de su creación literaria. «La obra completa de Miguel Hernández» (Edaf) reúne todos los escritos conocidos del autor (a excepción de sus cartas), que van desde la poesía, con ocho composiciones inéditas, a las crónicas periodísticas, pasando por el teatro, los cuentos y prosas sueltas. En resumen: un intento de fijar el rayo luminoso que fue el «muchachote de Orihuela» bajo un mismo libro, una mejora de la edición de Espasa Calpe de 1992, a la que añade más de 3.000 modificaciones y novedades.

El volumen recopila y reordena la creación del literato, pero también ofrece «una panorámica de todo lo que hay que saber del autor» a través de una «semblanza amplia y de estudios introductorios de cada género», tal y como explicó en la presentación de la obra su editor, Jesucristo Riquelme. Así, se desvelan nuevas lecturas e interpretaciones de sus versos, en especial de los sonetos de «El rayo que no cesa». Tradicionalmente, explicó Riquelme, se han entendido como composiciones amorosas inspiradas por Maruja Mallo, donde palpita la pena hernandiana, pero también está presente «la queja de Miguel ante un amor que no puede disfrutar carnalmente, como era el que tenía con Josefina Manresa». Para muestra, un botón cargado de sátira: «Te me mueres de casta y de sencilla/ estoy convicto, amor, estoy confeso».

En el compendio se recupera también el espíritu vanguardista de su poemario «Viento del pueblo», que originalmente se publicó acompañado de imágenes, ahora plasmadas de nuevo en el papel. «El libro constaba de 25 poemas y 18 fotografías. Esta combinación es insólita en el panorama editorial del momento. El resultado es un producto que enriquece el proceso de comunicación artística durante la Guerra Civil española», escribe Riquelme en el estudio introductorio de la presente edición.

Más allá del verso, la obra revela otras aristas del autor, como su faceta de reportero. En ella, Hernández se empeñó en dejar su marchamo literario en su crónicas, donde mezcló géneros (informativo, de opinión), voces narrativas (primera y tercera persona) y utilizó recursos propios de la ficción como alegorías, personificaciones o metáforas. Ahí, el editor ve una suerte de «anticipo del nuevo periodismo» nacido en los años 50, que tambaleó las certezas del oficio. «Miguel Hernández fue un renovador de las formas periodísticas en España. Un modesto precedente del nuevo estilo», anota Riquelme.

De las composiciones inéditas reveladas hay una que capta el ánimo de la recopilación: «Labro mi querer querido/ en piedra definitiva/ en estado incandescente/ voy a pasarme la vida». Para brillar siempre hay que recibir luz nueva.