Eurovisión 2017Así funciona el «voto político» en Eurovisión

El sistema de bloques y las «sinergias» tradicionales se mantienen pese a las nuevas fórmulas de votación

Consulta en nuestro mapa la puntuación media otorgada por cada país en las finales del festival desde el año 2000

KIEV (UCRANIA), MADRIDActualizado:

José Luis Uribarri siempre se adelantaba. «Los doce puntos de Noruega van a ser para Suecia», decía con voz rotunda a modo de vaticinio durante cualquier retransmisión del festival de Eurovisión. El presentador, que narró para TVE el famoso concurso de la música hasta en diecinueve ocasiones, se hizo célebre gracias a su audacia para predecir los puntos que los distintos países se otorgaban durante la fase de votaciones del certamen. Pero detrás de su aparente poder adivinatorio, había truco.

Las acusaciones de injerencia política y fraude han lastrado la credibilidad y la imagen de Eurovisión. Un eterno estigma al que el festival hace frente con continuos cambios en el sistema de votación pero que sigue desacreditando a un formato sexagenario que busca la mayor limpieza en sus votaciones. La entrada de sistema mixto de televoto y jurado en 2009 palió, de alguna manera, las evidentes tendencias que los votos de los espectadores generaban. Sin embargo, y tal como demuestran los datos que ABC ofrece en este estudio, el sistema de bloques y las «sinergias» tradicionales se mantienen pese a todos los instrumentos reparadores introducidos a lo largo de los últimos años.

En Eurovisión, hay cuatro grandes bloques según el origen o destino de los votos de los distintos países: el soviético, que integra a Rusia y los países exsoviéticos; exyugoslavos, con los países que formaron la extinta Yugoslavia; escandinavos, integrada por los países nórdicos; y báltico, con Letonia, Lituania y Estonia. La «vieja Europa», integrada por los países históricos del continente, apenas se ayuda entre sí en comparación con el resto de bloques, lo que podría demostrar su posición natural de desventaja con respecto a los demás.

  • Exsoviéticos
    • Armenia
    • Azerbaiyán
    • Bielorrusia
    • Georgia
    • Moldavia
    • Rusia
    • Ucrania
  • Exyugoslavos
    • Croacia
    • Macedonia
    • Montenegro
    • Serbia
    • Eslovenia
  • Bálticos
    • Estonia
    • Letonia
    • Lituania
  • Escandinavos
    • Suecia
    • Dinamarca
    • Noruega
    • Finlandia
    • Islandia
  • Vieja Europa
    • Austria
    • Bélgica
    • Francia
    • Alemania
    • Italia
    • España
    • Suiza
    • Reino Unido
    • Irlanda

Serbia, la gran beneficiada del bloque exyugoslavo

Los países exyugoslavos son los que más se benefician entre sí. Su media de puntos en las finales del concurso es de 5,90 sobre doce, más de tres puntos de diferencia con respecto a cualquier otro bloque. Especialmente, Serbia es el país más beneficiado por sus vecinos. Montenegro siempre le da sus doce puntos cuando está a la final, Bosnia no le da nunca menos de diez y Croacia no menos de ocho. Macedonia también otorga una media de nueve puntos sobre doce a los serbios, aunque su absoluta predilección es Albania, a quien siempre le ha dado el «doce» cuando ha llegado a la final con la excepción de 2009. Eslovenia también es generosa con Serbia, a la que ha otorgado una media de diez puntos.

El año pasado, donde por primera vez se dividió la votación según si el voto era del jurado o del televoto, Serbia consiguió ser decimoctava gracias casi exclusivamente al apoyo de sus aliados. Los doce puntos del televoto de Macedonia, Croatia, Bosnia & Herzegovina, Montenegro y Eslovenia fueron para la participante serbia. En total, el 70% de los votos cosechados. En el caso de Croacia, el 58,90%.

Los serbios, por su parte, también reparten mucho amor entre sus vecinos: otorga 10,17 puntos de media a Bosnia, 11 a Macedonia y en 2015 le dio el doce a Montenegro en su primera oportunidad tras la escisión de 2006.

Lituania, la «oveja negra» báltica

Los países bálticos también muestran un claro apoyo entre sí, aunque Lituania es notablemente la que menos puntos recibe en el intercambio de favores. Los tres, eso sí, otorgan buenas medias a los países escandinavos y evidencian una simpatía muy especial con Rusia.

Estonia mima a países escandinavos como Finlandia (7,13) o Suecia (6,75), aunque su país predilecto es Rusia, con una media de 8,76 puntos. Con respecto a sus vecinos más próximos, apoya mucho a Letonia (7,32), pero muy poco a Lituania (2,20). Algo que no parece molestar a los lituanos, porque Estonia recibe por parte de ellos una media de 7,17 puntos. No supera, eso sí, el registro de Letonia: nueve puntos de media. Los letones, por su parte, también quieren mucho a sus vecino (7,67 a Estonia y 6,44 a Lituania), aunque su favoritismo por Rusia también es patente con una media de 8,66 puntos.

El dominio ruso se mantiene entre exsoviéticos

Rusia es el candidato de Eurovisión que más se beneficia del poder vecinal. Los datos hablan por sí solos: en los primeros cuatro años de participación, Armenia siempre dio el «12» a los rusos y su nota más baja hasta la fecha es un siete en 2013 y 2016 (este último, con la media que otorga la suma de jurado y televoto). Bielorrusia le ha concedido la máxima puntuación en diez de las trece oportunidades que ha tenido. Moldavia, Azerbaiyán y Georgia no suelen ser tan generosos, pero prácticamente nunca han dejado a la canción rusa fuera de sus favoritos. A día de hoy, Ucrania es el único país de su órbita que le ha dejado de ser leal en Eurovisión tras el enfrentamiento bélico por la península de Crimea: acostumbrados a sus ocho, diez o doce puntos a los rusos, en los tres últimos años el castigo es notable. En 2014 y 2015 no pasaron de los cuatro puntos y en 2016 el «controlado» jurado le dejó sin nada, frente a un televoto que le brindó los «twelve points».

En total, la media de puntos que se reparten entre sí es de 5,49; el segundo dato más alto después de los exyugoslavos. Eso sí, la confrontación política también pasa factura entre ellos. Al ejemplo de Rusia y Ucrania también hay que sumar el de Azerbaiyán y Armenia, en eterna disputa por el dominio del enclave del Alto Karabaj. Los armenios sólo se acordaron de sus vecinos en 2009, cuando les concedió un punto. Los azeríes, nunca.

Suecia, el predilecto del bloque escandinavo

Los países escandinavos también funcionan como un fuerte bloque. De hecho, cuatro de los últimos ocho triunfadores del festival proceden de tierras nórdicas. Suecia es el país que más se beneficia de sus vecinos: Dinamarca le concede una media de 9,79 puntos sobre 12, Finlandia un 8,14 y Noruega un 8,11. Islandia le da 6,53 puntos, aunque ellos se inclinan por dar más favoritismo a Dinamarca (9,73).

Finlandia es, del bloque escandinavo, el más desligado. Exceptuando Suecia, ningún otro país vecino recibe por su parte más de seis puntos de media y su preferencia es un vecino, pero de otro bloque: Estonia (9,17).

El viejo bloque no actúa unido

El bloque de países históricos, o la «vieja Europa», no trabaja con la misma coordinación que el resto. De hecho, no existe en el festival un bloque que integre a los países clásicos del concurso puesto que sus puntuaciones son mucho más libres. La media de votos que se dan entre sí es de 2,19; tres puntos menos que cualquier otro de los bloques ya analizados.

Salvo ciertas «sinergias» como la resultante entre Bélgica y Países Bajos, el resto de altas coincidencias son meramente anecdóticas. Un ejemplo sería el de España con respecto a Portugal, donde la media es de 7,92. Salen mejor parados, sin embargo, países que cuentan con una alta emigración en estos países, como muestran los ejemplos de Turquía (10,25 puntos desde Francia o 9,25 desde Alemania) o Rumanía (8,07 de media desde España).

Eurovisión 2017
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Las otras «curiosas sinergias»

Fuera de los bloques tradicionales, hay otros ejemplos sospechosos de intercambio de puntos. Grecia y Chipre forman un caso paradigmático. Los chipriotas han dado siempre el «12» a Grecia con la única excepción de 2015. Los griegos, mientras, han cumplido con su parte del «trato»: siempre la máxima nota salvo en 2015. Por su parte, Macedonia siempre le ha dado el «12» a Albania en las finales que ha participado salvo en 2007, un gesto de gratitud que los albanos sólo devuelven a medias (6.00 de media). Turcos y azeríes son la pareja perfecta: intercambio de máximas puntuaciones durante los cinco años que coincidieron en el concurso. Mientras, Rumanía ha otorgado a Moldavia siempre su «12» salvo en 2010, cuando le contentó con la segunda mejor puntuación. Moldavia también ha sido generosa con Rumanía, con nueve de once «doces» posibles.

Albania, el inesperado apoyo de España

Para lograr la victoria este año, Manel Navarro podrá contar con el apoyo de Portugal tras su ausencia el año pasado. Desde el año 2000, los lusos han sido los más generosos con nosotros (103 puntos) y andorranos e israelíes, los terceros (60). Francia, nuestro otro país vecino, es el segundo que más nos ha puntuado en estas últimas dieciséis ediciones. Fuera del vecinismo, las grandes esperanzas de España pasan por Suiza (57) y, curiosamente, Albania. Los albaneses han otorgado puntos a España en cinco de las últimas siete ediciones, incluido un «12» para Ruth Lorenzo, sin que España haya otorgado ni un solo punto a cualquier representante de este país en el mismo espacio de tiempo.

Algo más que una cuestión geográfica

El factor geográfico es esencial a la hora de analizar las puntuaciones que anualmente se otorgan en Eurovisión. Sin embargo, otros elementos también juegan un papel trascendental para evaluar el reparto actual de los votos en el festival. Según un estudio de dos expertos en estadística del Imperial College de Londres publicado en 2014, las votaciones se basan en «lealtades positivas» derivadas de la «cultura, la geografía, la historia y la migración». De hecho, el mismo estudio deja claro que no se encontraron evidencias convincentes de prejuicio o discriminación contra nadie.

Y es que, pese a las evidentes tendencias en las puntuaciones de Eurovisión, sólo dos países (Suecia y Ucrania) han conseguido más de una victoria en estos últimos catorce años de festival, lo que demuestra que cualquier participante puede ganar el concurso pese a no contar con el apoyo vecinal o cualquier otro factor. Un mensaje de esperanza para un país, como España, que está a punto de cumplir medio siglo sin el ansiado triunfo eurovisivo.