El equipo técnico del Diccionario Biográfico. De izquierda a derecha: Santiago Sáenz Samaniego, Ana de Quinto, Paris González-Albo y Jaime Olmedo
El equipo técnico del Diccionario Biográfico. De izquierda a derecha: Santiago Sáenz Samaniego, Ana de Quinto, Paris González-Albo y Jaime Olmedo - ISABEL PERMUY

En la trastienda del Diccionario Biográfico Español

Más de 37.000 biografías han sido catalogadas y etiquetadas en una herramienta online que ha puesto en marcha la Real Academia de la Historia

MadridActualizado:

Colocar 37.000 biografías al alcance de todos, organizarlas, nombrarlas, cribarlas. Una tarea mastodóntica a la que se ha dedicado la Real Academia de la Historia (RAH) en los últimos tiempos y que acaba de ver la luz con la puesta en marcha del Diccionario Biográfico Español en su versión online (dbe.rah.es). Miles de textos que hay que revisar, aprobar, catalogar, etiquetar y publicar: un proceso manual imposible de automatizar y que, según cuenta Jaime Olmedo, director técnico del proyecto, consta de cuatro fases. Así es el viaje de una vida hasta las páginas (digitales) del diccionario. En un primer momento, los académicos deciden cuál es el autor idóneo para realizar una biografía en concreto, se contacta con él y se le hacen llegar unas pautas de redacción, que velan por la unidad de forma del proyecto. Aquí acaba el trabajo del autor, que cobra una cantidad simbólica cuya cifra desconocemos y que depende de la extensión de su relato: de media página los más breves, de una docena los más extensos. Después, comienza la labor de la Academia, que tiene que revisar una a una las biografías y aprobarlas por unanimidad en las distintas comisiones temáticas que existen en la institución, que «mandan» dentro de su especialidad.

Una vez que el texto ha pasado los controles, empiezan las peripecias técnicas, que consiguen que ese documento se integre en el motor de búsqueda del diccionario para las posteriores barridas de datos, consultas y demás deseos de los curiosos, que se tendrán que pelear con la tecnología. Es un proceso laborioso (y manual), en el que cada entrada se etiqueta de forma variada. «Se crea una ficha y el texto se despieza en todos los descriptores que pueden ser susceptibles de búsqueda: lugar y fecha de nacimiento y muerte, lugar de residencia, ocupaciones que haya tenido del personaje a lo largo de su vida, si es hombre o mujer, etc.», apunta Olmedo.

Vidas cruzadas

El último paso de procesado de la información es la interrelación de los personajes; esto es, enlazar unas biografías con otras para crear un gran mapa de relaciones. Así, existe un sistema doble: podemos conocer tanto las biografías donde aparece mencionado el personaje que buscamos como consultar todos los personajes que aparecen en la biografía en cuestión. Todo ello crea una red de conexiones con un gran interés: si introducimos, por ejemplo, el nombre de Salvador Dalí, conocemos los individuos que se pasearon por su vida, así como las vidas por las que se paseó el pintor surrealista, dándonos así una idea de su trascendencia.

«Todo este sistema de vínculos es imposible de mecanizar. Por tres razones. En primer lugar, por los casos de homonimia: hay cinco “Blancas de Castilla”, por ejemplo, con las que el algoritmo no funcionaría. En segundo lugar, por la heteronimia: un mismo personaje puede aparecer con nombres muy diversos (Cervantes, Don Miguel, el manco de lepanto, el autor del Quijote…) Y tercero, por la ambigüedad: en un texto aparece mencionado el Duque de Medinaceli, ¿pero a quién apunta? Depende de la época», subraya Olmedo, que insiste en la minuciosidad de una técnica manual en la que se puede tardar hasta un día en “procesar” una biografía.

El buscador, con sus ritmos, ofrece manjares para los amantes de la estadística. Dentro de las 37.000 biografías hay 3.687 militares, 79 muertos en mares y océanos, 39 fallecidos en Flandes entre los siglos XVI y XVII, 406 musulmanes, 152 judíos, 33 protestantes, incontables cristianos… Son solo algunas muestras de los numerosísimos cruces de datos que posibilita la herramienta. La pregunta del millón, claro, tiene respuesta. ¿Cuántas mujeres hay? Tan solo 2.225, lo que supone apenas un 6% del total, un dato que no mejora el de la anterior edición. Hombres más de 34.000…

Presencia femenina

«Hemos hecho un esfuerzo inmenso por introducir mujeres. Hay que tener en cuenta que se han suprimido todas las biografías de personas vivas, incluidas las mujeres. Y hemos conseguido mantener el porcentaje femenino. Hemos hecho una labor de recuperación de personajes femeninos inmensa», argumenta el director técnico del diccionario. «No podemos cambiar la historia. Un porcentaje único para una obra de 2.500 años es engañoso. Hay que verlo por épocas. Y viéndolo así observamos cómo va progresando la conquista de los espacios públicos por parte de la mujer. No podemos cambiar la historia, pero podemos mostrar el cambio que se ha conseguido», continúa.

En efecto, con el paso de los siglos la representación aumenta: de las apenas 44 vidas femeninas de la Antigüedad, pasamos al medio millar de la Edad Media o las 1.800 que hay hasta la actualidad. Aun así, en los siglos XX y XXI la diferencia sigue siendo enorme y solo hay un 10% de biografías de mujeres, un porcentaje que, se espera, vaya aumentando con el tiempo. «Estamos ante una obra inacabada e inacabable», remata Olmedo.