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Música / ÓPERA

Un «Faust» anticrisis

La ópera de Gounod, interpretada por Beczala, Schrott, toyanova, Tézier y Deshayes, bajo la dirección musical de Vallet, abrió la temporada del Liceo

Día 10/10/2011 - 18.45h

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La inauguración de la temporada liceísta se llevó a cabo el viernes en completa coherencia con las directrices que marca esta grave crisis la cual, enquistada en nuestra sociedad, está obligando a artistas de toda índole –y a profesionales y trabajadores- a buscarse la vida en otras partes del mundo, allí donde se crean puestos de trabajo o donde hay sitio para la creatividad. Los recortes en el presupuesto del coliseo lírico barcelonés empujaron a sus responsables a cerrarlo durante el mes de septiembre: como consecuencia, esta primera ópera del curso 2011-12 debió representarse en versión de concierto, eliminando el previsto montaje escénico. Aun así los intérpretes, capitaneados por el olfato teatral del barítono Erwin Schrott –aquí, como Méphistophélès-, contribuyeron con un mínimo «atrezzo» a hacer más creíbles las escenas. Schrott evitó el frac y la pajarita y se puso un diabólico abrigo de piel negra, el único del reparto que prefirió darle color a su personaje. Pero este demonio en versión francesa no le va al cantante uruguayo, aunque sí por personalidad -eso se hizo evidente- pero no desde el punto de vista vocal: son muchas las frases solucionadas a medias, sin la afinación precisa, yerra en la búsqueda de un sonido uniforme y a ratos empuja, justo al otro extremo de lo demostrado por un inmenso Ludovic Tézier en el rol de Valentin, barítono modélico, expresivo, dueño de una voz de amplio espectro y siempre equilibrada. Ambos, en todo caso, arrasaron en el capítulo de aplausos.

Beczala, el tenor de moda

El debut local de uno de los tenores de moda, el polaco Piotr Beczala, se saldó con un éxito personal gracias a su espléndida voz de oro, emocionante y expresiva (a pesar de esos sobreagudos faltos de esmalte): su Faust extrovertido e inocente conquistó al público, lo mismo que la Marguerite sensible, grácil y decorada de pianísimos y trinos que dibujó la soprano búlgara Krassimira Stoyanova.

La concertación del debutante Pierre Vallet acabó siendo correcta, aunque falló en momentos clave, como en algunas escenas del coro o en la introducción al cuarto acto; lo peor resultó ser esa falta de energía que desprendió la batuta, que ni la energía del siempre a punto Coro del Liceo pudo torear.

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