Detallde uno de los modelos de coche autónomo de Google que ya circula por las calles californianas
Detallde uno de los modelos de coche autónomo de Google que ya circula por las calles californianas - EFE
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Los retos del coche autónomo

El proyecto de Google arrancó la pasada semana con mal pie tras un pequeño incidente entre dos modelos durante las pruebas en la vía pública, lo que pone en duda la fiabilidad del sistema. Infraestructuras y seguros son algunos de los escollos a superar

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La carrera por liderar la robotización del transporte ya ha comenzado. Fabricantes de automóviles y empresas tecnológicas pugnan con sus bazas. Por el ruido acometido, Google es quien ha recibido las mayores papeletas para ello gracias a su apuesta por la autonomía de los coches. El proyecto destila inquietudes y esperanzas al mismo tiempo. Este ingenio, que arrancó la semana pasada las pruebas en la vía pública en algunas calles de EE.UU, aspira a reducir a cero la tasa de siniestralidad, una visión que contenta a todos los sectores.

Pero no todo es oro lo que reluce. La propia compañía norteamericana ha reconocido que durante los ensayos -previamente realizado en circuitos cerrados- únicamente se han registrado unos doce accidentes y el «error humano» ha estado siempre presente. El quasi impacto entre dos modelos de Google Car, apodado «koala» por su peculiar diseño, ha puesto de relieve nuevamente los defectos, aunque el gigante de internet lo niega al asegurar que se ha sacado de contexto. Para ponerlo en marcha, las autoridades han obligado a la empresa a introducir volante y pedales por seguridad.

Cada prototipo tiene limitada su velocidad a 40 km/h y durante esta primera fase del proyecto las autoridades han obligado a Google a incorporar un volante extraíble para los pilotos de seguridad, así como acelerador y freno para hacer uso de ellos en caso de necesidad. Según el gigante de internet, se ha estado testando los vehículos en sus instalaciones de prueba y comprobando que el software y los sensores trabajan adecuadamente.

El futuro del coche autopilotado es ambicioso, pero para su implantación definitiva se requiere de un ajuste de varios aspectos derivados de la seguridad vial y en materia de seguros, aunque los más pesimistas se muestran convencidos que se llevará por medio numerosos negocios y servicios. Se ha dicho que los propietarios deberán firmar pólizas por unos importes superiores a los cinco millones de euros. Pero existen otros aspectos indeterminados. ¿Qué pasará con el conglomerado de taxis? ¿Las infraestructuras deberán adecuarse a las nuevas circunstancias? ¿Y los aparcamientos?

Son muchos los flecos a resolver. Hay limitaciones. Para que este futuro sea real se necesita una intercomunicación entre el vehículo y la carretera. Balizas, señales, líneas viales y demás elementos ubicados en la calzada deberán mandar información constante al ordenador para actuar de una manera u otra. Pero los avances tecnológicos ya son capaces de ello. «No se ha producido un desarrollo más rápido porque cambia el sistema de responsabilidad de los accidentes», señala a este diario Mario Arnaldo, presidente de Automovilistas Europeos Asociados.

«Esta evolución incorporará nuevos sectores a la industria de la automoción, como el de las telecomunicaciones, el continuo crecimiento del “Internet de las cosas” y la conectividad, y un mayor volumen de oportunidades de empleo en un sector dónde España es el octavo productor mundial», señala a este diario Alberto Ferrando, director en el área de Seguros de la firma de servicios y consultoria BDO, quien destaca que «en los primeros años, habrá que establecer los nuevos seguros sin contar con experiencia de siniestralidad que permita conocer la probabilidad de ocurrencia de los accidentes que se pretendan cubrir, ya que no existirá».

Replanteamiento de los seguros

Estos vehículos son capaces de recorrer carreteras previamente programadas. Requieren de una perfecta reproducción cartográfica del terreno, con lo cual si una calle no está recogida por el sistema se puede dar la circunstancia que no pueda avanzar de forma coherente y normal. De hecho, obras temporales o el mal estado del asfalto pueden jugar una mala pasada a los coches autónomos. Precisamente, «la incertidumbre provocada por la falta de información estadística obligará a los aseguradores a ser prudentes a la hora de aplicar reducciones sobre las primas de los coches convencionales», subraya Ferrando. En ese sentido, los cambios son tan importantes en el coche autónomo respecto al coche convencional «que los estudios para el establecimiento de las coberturas de seguro de las pólizas de los coches autónomos tendrán que partir prácticamente de cero».

Son algunas de las dudas que concierne una forma de transporte que parece extraída de la ciencia ficción, pero es ciencia y tecnología pura. Y que está cerca de ser realidad en pocos años. Google lo da por sentado allá por 2020. Hay otras empresas involucradas, como Mercedes-Benz, BMW, Renault, Ford o Volvo, en sector de la automoción, o Bosch o Delphi, en el área de componentes y electrónica, han comenzado desde hace tiempo a ensayar fórmulas para mejorar la asistencia autónoma al volante.