Guerra de la Independencia
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Lotería de Navidad: la historia de la rifa que ayudó a vencer a los franceses en la Guerra de la Independencia

El sorteo fue establecido a finales de 1811 para recaudar fondos con los que expulsar a Napoleón Bonaparte del país

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La Guerra de la Independencia ha quedado grabada a fuego en la historia de nuestro país. Desde que Napoleón Bonaparte atravesó los Pirineos para conquistar la Península en 1808 con su «Grande Armée», España se vio sometida a una presión tanto militar como económica que a punto estuvo de desangrar la región. Fue por ello por lo que, en 1812 (con los galos todavía aquí) nació la futura Lotería de Navidad, un sorteo ideado para llenar de caudales el debilitado tesoro hispano y poder continuar la lucha contra el invasor.

Durante esta época, no obstante, la Lotería de Navidad era muy diferente a la actual. Para empezar, aquellos que hubieran comprado un boleto no podían mirar a través de las pantallas de sus móviles si les había tocado el Gordo o no. Se veían obligados a esperar pacientemente hasta el día siguiente para comprobar en el periódico los resultados. Con todo, si se ha podido llegar hasta la era de internet con esta rifa todavía activa, ha sido gracias a la necesidad imperiosa que teníamos los españoles de enfrentarnos al, por entonces, mejor ejército de Europa.

Nace la Lotería de Navidad

Hallar el origen más remoto de la Lotería de Navidadrequiere que nos retrotraigamos en el tiempo hasta 1808. Por entonces, Napoleón logró engatusar al valido poco válido Manuel Godoy para que le dejase atravesar la frontera norte del país con su ejército. A nivel oficial, quería conquistar Portugal y dejaría a la «Espagne» tranquila. A cambio de este permiso de paso, ofrecía a los nuestros un trocito del pastel luso. ¿Qué podía salir mal? El resultado fue la firma del llamado «Tratado de Fontainebleau».

Lo que nadie podía imaginarse era que las intenciones reales de Bonaparte eran muy diferentes... En poco tiempo, el traicionero galo ordenó a sus oficiales presentarse sin oposición en Madrid y hacerse con el trono para sí. Había comenzado la Guerra de la Independencia. En un breve período de tiempo, España quedó dividida en dos partes: la francesa (a las órdenes de José, el hermano de Napoleón) y la anti-gala (organizada desde Andalucía y adalid de la resistencia contra el invasor). El problema era que, a pesar de contar con un gran espíritu nacional, lo que no tenían nuestros compatriotas era una moneda con la que equipar a sus hombres.

¿Qué podían hacer para conseguir liquidez? La solución a este dilema se le ocurrió al Ministro del Consejo y Cámara de Indias, Ciríaco González Carvajal, allá por 1811. Este presentó ante las Cortes Generales y Extraordinarias de Cádiz un proyecto para organizar una Lotería como un «medio de aumentar los ingresos del erario público sin quebranto de los contribuyentes». Es decir, para buscar el máximo beneficio sin que supusiera un esfuerzo especialmente doloroso para el contribuyente. A su vez, propuso que el sistema de la rifa fuese similar al que había creado en 1771 Carlos III en Nueva España.

La propuesta fue aceptada casi sin rechistar el 23 de noviembre de ese mismo año. De hecho, se aceptó sin un solo voto en contra. Apenas un mes y dos días después llegó la futura Lotería de Navidad. Aunque lo hizo con el nombre de «Lotería Moderna», pues se buscaba diferenciarla de la «Primitiva», que había sido creada medio siglo antes por Leopoldo de Gregorio, Ministro de Carlos III y más conocido como el Marqués de Esquilache.

En todo caso, la nueva rifa llegó acompañada del siguiente texto oficial:

«Las Cortes Generales y Extraordinarias de la Nación, enteradas del proyecto que les fue presentado de una Lotería que se ha de nominar Nacional, y ha de ser igual a la que hace muchos años se halla establecida en Nueva España; se sirvieron autorizar al Consejo de Regencia de España e Indias para que lo llevase a efecto del modo que considere más útil y conveniente. En consecuencia, S. A. […] atendiendo a que los fondos que se versen en este juego sean manejados con fidelidad, sin agravio ni perjuicio del público interesado; para que estos fines se consigan, ha tenido por conveniente autorizarla».

La Lotería de Navidad se generaliza

A nivel oficial se estableció que el primer sorteo se llevaría a cabo el 4 de marzo de 1812 y que el Gordo estaría dotado con la nada desdeñable cifra de 8.000 reales (el sueldo anual de un catedrático). El ganador del segundo premio se llevaría a casa 4.000 reales y, a partir de ese punto, los galardones más pequeños serían dos de 1.000 reales; dos de 500; dos de 300; dos de 200; diez de 150; cincuenta de 100; ochenta de 50 y cien de 25. El total entregado a los afortunados sería de 30.000 reales y el Estado se llevaría 10.000, el 25% de la recaudación.

A día de hoy se desconoce quién fue la persona que obtuvo el primer premio Gordo. Tan solo se sabe que el número galardonado fue el 03604. Aquel fue el principio de la Lotería de Navidad, un sorteo que se extendió poco a poco después de que los galos fuesen expulsados de la Península Ibérica. «La Lotería al principio estuvo circunscrita a Cádiz y San Fernando, más tarde saltó a Ceuta, y según iban retirándose los ejércitos napoleónicos se iba extendiendo su venta, primero al resto de Andalucía y después por toda España», afirma el organismo de Loterías y Apuestas del Estado en su dossier. El nombre de «Lotería de Navidad» se estableció el 23 de diciembre de 1892.