ABC, en la «zona muerta» de Fukushima
El corresponsal de ABC Pablo M. Díez, este viernes en la «zona muerta» de Fukushima - abc
aniversario de la catástrofe

ABC, en la «zona muerta» de Fukushima

Recorrido por los pueblos fantasma evacuados en torno a la siniestrada central, un año después del tsunami que provocó el peor desastre desde Chernóbil

enviado especial a NAMIE/FUTABA (japón) Actualizado:

Un año después del devastador tsunami que arrasó la costa del noreste de Japón y provocó el desastre de Fukushima – el peor accidente nuclear desde Chernóbil en 1986 –, ABC ha vuelto a entrar en la zona de 20 kilómetros evacuada en torno a la siniestrada central atómica, como ya hiciera el pasado mes de abril, poco antes de que fuera definitivamente cerrada. Acompañando a Yutaka Kuwabara, un antiguo residente que ha visitado este viernes su casa, este periódico ha podido acceder a la «zona muerta» de Fukushima junto a la ONG Heart Care Rescue, que midió la radiactividad en tres pueblos alrededor de la central: Namie, Futaba y Okuma.

A partir de 100.000 microsieverts acumulados al año, aumentan las posibilidades de sufrir un cáncer

Los niveles de radiación en esa zona son todavía muy altos y llegan hasta los 50 microsieverts/hora en Namie, como indican los contadores Geiger, que no paraban de sonar. Con tales índices, se podría alcanzar en pocos días el límite legal de radiación permitido, que es de 1.000 microsieverts anuales. A partir de 100.000 microsieverts acumulados al año, aumentan las posibilidades de sufrir un cáncer, riesgo que también se corre con dosis menores pero continuadas en el tiempo.

Debido a las altas concentraciones de cesio y yodo que dejaron las fugas radiactivas por las explosiones en la central de Fukushima 1, 80.000 vecinos que vivían en sus alrededores fueron obligados a abandonar sus hogares. En medio de los coches y barcos arrastrados por el tsunami que aún perduran en las carreteras, atrás dejaron un paisaje apocalíptico de ciudades fantasma donde campan a sus anchas vacas famélicas y bandadas de cuervos. Mientras tanto, por sus desoladas carreteras circulan los camiones y las furgonetas de los 3.000 trabajadores que intentan mantener fríos los reactores para poder desmantelarlos.

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«Nadie podrá vivir aquí»

«Pensé que era el fin del mundo», cuenta Yutaka Kuwabara, un ingeniero que avisó a Tepco, la eléctrica que gestiona la central, de los riesgos que corrían los reactores por varias grietas en sus tuberías y no fue escuchado. Hoy, emocionado al volver por unas pocas horas al que fue su hogar, se resigna y sabe que «nadie podrá vivir aquí en cinco generaciones».

- Más información sobre la «zona muerta» de Fukushima, este fin de semana en ABC y en nuestro especial: Ruta 45 a Fukushima