El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, junto a la primera ministra británica, Theresa May
El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, junto a la primera ministra británica, Theresa May - Reuters

Tusk ofrece más tiempo a cambio de elecciones en Londres

La posibilidad de eternizar el debate puede asustar a los partidarios del Brexit

Corresponsal en BruselasActualizado:

De alguna manera, el voto de ayer en la Cámara de los Comunes es el primer episodio de este lamentable proceso en el que los políticos británicos intentan devolver la carga de la prueba a la Unión Europea. Cuando llegue la petición de una prórroga del artículo 50, serán los demás miembros de la UE los que tendrán que decidir si la conceden o no y, lo más importante, con qué duración. Por eso han surgido tantas interpretaciones a la sugerencia que hizo ayer por la mañana el presidente del Consejo, Donald Tusk, expresando su opinión de que debería concederse una extensión larga al plazo de salida del Reino Unido.

Unos dicen que es para dar tiempo a los británicos a construir un consenso alrededor de sus objetivos, mientras que otros daban por hecho que se trataba de una amenaza velada a los que bloquean el Acuerdo de Salida, que tendrían razones para temer que un año más en estas condiciones podría desembocar en una situación en la que correrían el riesgo de que se acabara por revocar totalmente el Brexit.

Tusk dejó ayer escrito en su cuenta personal de Twitter un texto que parecía contradecir las tesis expresadas la víspera por el negociador europeo, Michel Barnier, para quien una extensión no tiene sentido si se mantiene el mismo contexto en la política británica. El presidente del Consejo, señaló por su parte: «Durante mis consultas antes de la cumbre europea (de los próximos 21 y 22 de marzo), pediré a los Veintisiete que estén abiertos a una larga extensión si el Reino Unido encuentra necesario repensar su estrategia del Brexit y construir un consenso sobre ello».

Teóricamente, se trata de una clara invitación a la primera ministra británica, Theresa May, para que cambie por completo su proceder y, a la vista de los plazos tan exiguos que se manejan, solo podría ser a través de unas nuevas elecciones generales en el Reino Unido, de las que salga un Parlamento que pueda definir una fórmula clara para afrontar el problema.

Comicios europeos

Tusk nunca ha ocultado que es favorable a un segundo referéndum o alguna otra fórmula que pudiera persuadir a los británicos a reconsiderar su decisión de salir de la UE. Pero tampoco puede ignorar que May se niega a aceptar cualquiera de estas dos opciones. La primera ministra se opone aún más a la idea de pedir a los ciudadanos de su país que participen en las elecciones europeas de finales de mayo, que es algo que sería legalmente necesario para que el Reino Unido permaneciese en la UE, aunque fuera de modo provisional.

En todo caso, la idea de que Londres pudiera decidir revocar por completo su petición de salida se agotará el 29 de marzo, tal como estaba previsto y tal como estableció una sentencia del Tribunal de Luxemburgo, cuya opinión al respecto había sido solicitada con antelación.

Si los jefes de Estado o de Gobierno acceden a una prórroga en la cumbre, deberán tener en cuenta esta limitación y clarificar sus consecuencias jurídicas en este sentido.