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Trump amenaza con atacar Irán tras el derribo de un dron de vigilancia

Tras advertir de que habrá represalias por el ataque a su nave no tripulada, el presidente modera su tono en insiste en que no llevará al país a otra guerra

Corresponsal en Washington - Corresponsal en JerusalénActualizado:

La provocación de Irán al abatir abiertamente una aeronave de vigilancia no tripulada del ejército norteamericano en el estrecho de Ormuz dejó ayer a Donald Trump desconcertado, advirtiendo por un lado de represalias y afirmando a la vez que no quiere llevar a Estados Unidos a una nueva guerra en Oriente Próximo. En un principio, el presidente afirmó que Irán ha cometido «un error muy, muy grave», pero luego atribuyó ese mismo error a una confusión de «un general» o alguien «sin muchas luces» o «estúpido» en la Guardia Revolucionaria iraní.

Aunque el presidente convocó ayer de urgencia a la Casa Blanca a los líderes de los partidos Demócrata y Republicano en el Capitolio, incluida la líder de la oposición, Nancy Pelosi, para informarles de sus planes, previamente dijo a los medios durante una reunión con el primer ministro canadiense, Justin Trudeau, que el ataque «pudo haber sido resultado de una equivocación». «Una de las cosas importantes es que no había nadie en el dron, si hubiera habido alguna persona a bordo, sería algo muy distinto», dijo el presidente. El Pentágono no dispone de drones tripulados de vigilancia o ataque con misiles.

El Comando Central del Pentágono, que supervisa la labor de las fuerzas armadas de EE.UU. en Oriente Próximo, confirmó ayer que el dron era un Global Hawk modelo RQ-4A empleado habitualmente para labores de vigilancia, fabricado por Northrop Grumman y con un coste de unos 200 millones de euros. A la vez, el Pentágono afirmó que el dron sobrevolaba aguas internacionales, no territorio iraní como dijo la Guardia Revolucionaria para justificar su ataque.

El ataque de Irán al dron llega apenas tres días después de que la Casa Blanca ordenara el despliegue de 1.000 soldados en el Golfo, que se añadió a un refuerzo anterior de otros 1.300 uniformados y el envío el mes pasado del portaaviones USS Abraham Lincoln. Sin embargo, ayer el presidente afirmó claramente que no tiene intención de llevar a su país a otra guerra. «Prometí sacar a este país de las guerras, lo dije en la campaña, es el compromiso que adquirí», dijo ayer el presidente a los medios en la Casa Blanca.

Como en el caso de Venezuela, quedó ayer patente la división entre el presidente y el núcleo duro responsable de la política de seguridad internacional en su gobierno. Mientras el consejero de Seguridad Nacional, John Bolton, y el secretario de Estado, Mike Pompeo, han defendido públicamente medidas enérgicas para contener la amenaza iraní, el presidente acabó ayer reculando. «No, no, no», respondió ayer Trump ante la pregunta de si cree que hay asesores suyos que le están empujando hacia una nueva guerra.

Lo cierto es que Irán ha lanzado un nuevo órdago a Donald Trump en mitad de una escalada de tensión cuyo epicentro se sitúa en el estrecho de Ormuz, punto de paso clave para el petróleo que se consume en todo el mundo. La Guardia Revolucionaria informó del derribo del dron tras haber violado el espacio aéreo de la república islámica en la zona del estrecho, una acción «ilegal y provocadora», según el ministerio de Exteriores . El Pentágono confirmó que su aeronave fue alcanzada por un misil enemigo, pero denunció que se trató de un «ataque sin mediar provocación contra un elemento de vigilancia que se encontraba en el espacio aéreo internacional». De nuevo dos versiones enfrentadas, la misma situación que se repite desde hace un mes con los ataques a seis buques petroleros de los que los dos países se culpan mutuamente. Y de nuevo no hay una versión independiente que permita aclarar lo sucedido.

Impacto económico

Se trata del primer enfrentamiento directo entre los ejércitos iraní y estadounidense desde que comenzara esta última escalada de tensión y el general de la Guardia Revolucionaria, Hossein Salami, declaró que supone «un mensaje a Estados Unidos» para dejar claro que las fronteras de la república islámica son «una línea roja».

Salami aseguró que «no queremos la guerra, pero estamos totalmente preparados para defender el país». En un momento interno complicado debido al fuerte impacto en la economía local de las sanciones impuestas por Estados Unidos, la imagen de la Guardia Revolucionaria quedó reforzada tras alcanzar a este dron de vigilancia con capacidad de operar en altitudes de hasta 18.000 metros. Los medios iraníes explicaron que la aeronave fue derribada gracias al uso de misiles de fabricación nacional «Khordad-3rd».

La inestabilidad afectó directamente al petróleo y el barril se encareció 3 dólares hasta fijarse en los 63. Desde Rusia, un país con cada vez más peso en la región, Vladimir Putin, advirtió de que un ataque de Estados Unidos contra Irán sería una «catástrofe» y expresó su temor ante el inicio de un conflicto a gran escala algo que, hasta ahora, ambas partes han dicho que no desean.

Esta no es la primera vez que Teherán y Washington se enfrentan a causa de un avión espía. En diciembre de 2011 los mandos militares iraníes informaron del derribo de un avión no tripulado estadounidense al este del país.