Somalia, el reducto africano de Al Qaida

La Administración estadounidense considera que las brigadas somalíes de Al Shabab y el Frente de Liberación de Oromo (FLO) son franquicias y vínculos con la banda terrorista

CORRESPONSAL EN NAIROBI. Actualizado:

Con el alba llegó la barbarie. Es el 7 de agosto de 1998 y Mohamed Rashed Daoud al Owhali, un joven saudí de 21 años, explosiona su furgoneta en las extrañas de la Embajada estadounidense. Se iniciaba así una nueva forma de amenaza en el continente africano, el terrorismo global.

Sin embargo, trece años después de aquel atentado -que junto al sucedido de forma paralela en Dar Es Salaam (Tanzania) dejó un balance de 223 muertos y 4.000 heridos- poco o nada ha cambiado en un panorama regional.

Éste es el caso de las brigadas somalíes de Al Shabab -consideradas por la Administración Obama la franquicia de Al Qaida en el Cuerno de África- y que el pasado julio asesinaban, en dos atentados sincronizados, a 76 personas en Uganda.

En la actualidad, el crepúsculo operativo del grupo, liderado por el clérigo radical Abu Zubeyr, apenas supera el millar de efectivos. Sin embargo, como asegura a ABC el ministro de Seguridad somalí, Abdisalam Xaji Adan, las milicias se servirían ahora del apoyo logístico y económico del Gobierno de Eritrea en sus acciones armadas.

“Ya en el fin del proceso de Yibuti (2008), un importante número de miembros de Al Shabab se encontraban bajo protección de Asmara”, asegura el ministro.

De igual modo, Adan denuncia que la comunidad internacional “no hace lo suficiente” para solucionar el problema islamista en el Cuerno de África: “Durante años, se interpretó desde Occidente que el auge de organizaciones como Al Shabab en la región era un problema local, pero ya no es una cuestión que afecta sólo a Somalia, sino al resto de las democracias”.

Sin embargo, ajenos a las pretensiones de esa yihad globalizadora defendida desde Somalia, decenas de grupos “islamistas” operan en el Cuerno de África.

Tal es el caso del Frente deLiberación de Oromo (FLO), un partido político nacido en la década de los 70 en Etiopía y que se opone al “colonialismo abisinio”. Pese a que sus acciones políticas siempre se han regido por la violencia -en 1991 asesinaron a cerca de 150 cristianos en un ataque indiscriminado en la localidad de Arba Guugu-, no es hasta 2008 cuando la Administración estadounidense comienza a vincular al grupo con Al Qaida.

Ese mismo año, el Gobierno de Somaliacapturaba, al sur del país, a 270 de sus militantes que colaboraban presuntamente con las milicias de Al Shabab.

De igual forma, Sisaye Dinssa -financiero del grupo- fue detenido en el aeropuerto de Detroit (EE.UU.) acusado de introducir en el país cerca de 80.000 dólares para “la realización de un atentado en el aniversario del 11-S”.

Pero pese a la espectacularidad de las acciones del FLO, lo cierto, es que históricamente ha sido a otro partido independentista etíope, el Frente de Liberación Nacional del Ogaden, a quien de forma más beligerante se ha vinculado con Al Qaida. Sobre todo, tras atentar en 2007 contra una petrolera china que operaba en la región de Abole. Una acción armada que se cobró la vida de 74 personas.