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Aumentan los secuestros virtuales en Estados Unidos

Los estafadores hackean el teléfono de las supuestas víctimas y piden una recompensa económica para liberarlas

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Una peligrosa nueva forma de estafa ha surgido en Estados Unidos: los secuestros virtuales. Este delito consiste en hackear el teléfono de alguien –normalmente de alto nivel adquisitivo– para hacer una llamada a sus familiares y pedir una recompensa por el secuestro. Según informa la CNN, esta práctica ha aumentado exponencialmente en el país norteamericano y está aterrorizando a las familias.

Imagina recibir una llamada telefónica desde el número de un familiar. Una voz desconocida te dice que ha secuestrado a tu ser querido y que si no sigues sus instrucciones o avisas a las autoridades le harán daño. En la mayoría de casos las familias pican el anzuelo del supuesto secuestrador y hacen todo aquello que se les pide, que normalmente suele ser pagar cantidades no muy altas de dinero.

El proceso que siguen los estafadores es, primero, piratear el teléfono de la víctima. Esto se puede hacer fácilmente, ya que el software que se usa para falsificar un número de teléfono es barato y preocupantemente disponible. El segundo paso que siguen es investigar en las redes sociales sus perfiles para obtener datos personales y hacer así más creíble el falso secuestro.

El FBI cree que la mayoría de estas llamadas se producen desde cárceles mexicanas. Los presos sobornan a los funcionarios encargados de los teléfonos, hackean números de ciudadanos de barrios ricos –como por ejemplo, Beverly Hills, en California– y llaman a sus familias, con la esperanza de que alguno caiga en la trampa.

Según la agencia de investigación, lo que deben hacer las familias afectadas es no entrar en pánico y pedir al secuestrador datos de la víctima que solo sepa ella, como el número de la seguridad social. Además, recomiendan que, mientras se está hablando con el estafador, se llame al familiar desde otro teléfono para comprobar que está bien.

El gran timo

La CNN cuenta un caso concreto ocurrido recientemente. Un matrimonio conducía por Charlotte, en Carolina del Norte, cuando recibieron una llamada de su hijo en la que un individuo decía tenerle retenido. «Si llamas a la policía lo sabré y lo mataré».

Ante el miedo, la familia siguió las órdenes del supuesto secuestrador y compraron dos tarjetas bancarias prepago por valor de 750 dólares cada una y le dieron los números y las claves al secuestrador. Tras esto, los aterrorizados padres avisaron a las autoridades. Cuando la policía llegó a casa de su hijo lo encontraron ileso, y es que todo había sido una estafa. «Fue tan real...», afirma la madre.