El primer ministro de Túnez, Mohammed Ghannouchi, ha comparecido para anunciar la marcha de Ben Ali - afp

El presidente Ben Ali huye de Túnez y el ejército toma el control

El dirigente durante 23 años cede a las protestas y huye a Arabia Saudí. El primer ministro tunecino, Mohammed Ghannouchi, asume el poder hasta que haya elecciones

enviado especial a túnez Actualizado:

Cercado por una protesta popular que ya no creía en sus promesas, el dictador tunecino, Zine el-Abidine Ben Alí, huyó ayer del país tras 23 años de poder ininterrumpido y aterrizó esta madrugada en la ciudad saudí de Jeddah. Cae con él uno de los regímenes laicos hasta hace poco más estables del mundo árabe. Y se abre un periodo de incertidumbre no solo para la ex colonia francesa sino también para todo el Magreb, donde otros regímenes autoritarios conocen revueltas y una situación de latente estallido social muy similares.

Un anuncio lacónico difundido a través de la televisión pública por el primer ministro, Mohamed Ghannouchi, anunció que Ben Alí dejaba el poder «hasta nueva orden». De modo menos público se informó de que el ex presidente y su familia habían dejado el país por la tarde. Al cierre de esta edición, el avión que transportaba a Ben Alí había intentado sin éxito aterrizar en Francia. Las autoridades galas le negaron el permiso y sólo acogieron a algunos miembros de su familia. Ben Alí se vio obligado entonces a reemprender el vuelo, en busca de refugio en un país del Golfo Pérsico.

El primer ministro asume interinamente las funciones presidenciales, con el apoyo del Ejército, que ha jugado un papel importante en la decisión final del presidente. Todo apunta a que habrá una convocatoria de elecciones adelantadas, legislativas y presidenciales, para limitar al máximo el tiempo de vida de un régimen impopular.

Casi cuatro semanas ha durado la que los propios tunecinos han bautizado como la «revolución del jazmín», que deja un saldo de varias decenas de muertos en la represión policial. El detonante fue la angustia producida en gran parte de la población por el desempleo y la subida de los precios de alimentos básicos. Pero al final los manifestantes —una amalgama de sindicatos, gremios profesionales, estudiantes y campesinos— exigieron libertades políticas y el fin de la dictadura.

La chispa que desencadenó la última fase del régimen fue el discurso del presidente difundido en la noche del jueves por la televisión pública. Con un tono contrito, próximo a las lágrimas, Ben Alí reconoció «errores» durante las semanas de represión de las protestas, y prometió que no volvería a presentarse como candidato en las elecciones de 2014, aunque completaría su mandato. Asimismo prometió una bajada del precio de los alimentos básicos, una cuestión que —junto a la angustiosa situación del paro juvenil— primó sobre todas en las primeras semanas de las protestas.

«¡Asesino!»

Ayer, con las primeras luces del día, era evidente que el país no se contentaba con eso. Miles de personas comenzaron a afluir a la céntrica avenida Habib Burguiba, para manifestarse frente al Ministerio del Interior. Sus gritos y pancartas eran explícitos. «Ben Alí asesino», «Dimisión», «Un gobierno que mata no tiene legitimidad». Durante horas la multitud fue creciendo y llenando calles adyacentes, ante la alerta de la policía, antidisturbios y algunos efectivos militares con tanquetas. La concentración, que por momentos llegó a ser marea humana, pretendía ser pacífica. La multitud coreaba eslóganes y el himno nacional tunecino. Muchos se arropaban con la bandera. Muy pocas mujeres portaban el velo islámico.

A primeras horas de la tarde, poco después de la llegada de simpatizantes del partido de Ben Alí y algunos encontronazos, comenzó la represión ante la luz y taquígrafos de medios de comunicación de todo el mundo. Los antidisturbios comenzaron a emplearse con fuerza con balas de gas lacrimógeno y los bastones, hasta «liberar» la arteria principal de la capital. Los palos policiales no ahorraron gastos.

La magnitud de la protesta, tanto en la capital como en otras ciudades del interior de Túnez, acabó por convencer al presidente Ben Alí de que su fin había llegado. Habría influido, también, la presión del Ejército y su resistencia a no dirigir sus armas contra la población. Tras el anuncio del primer ministro de la huida de Ben Alí, las televisiones mostraron escenas de civiles abrazando a soldados desplegados en la capital. Occidente también contiene el aliento porque hasta hoy tenía en Túnez un socio comercial y político inestimable.

«Derecho a elegir a sus dirigentes»

Tras la salida de Ben Ali, la Casa Blanca emitió un comunicado en el que indica que el pueblo tunecino «tiene derecho a elegir a sus dirigentes». El portavox del Consejo de Seguridad Nacional, Mike Hammer, aseguró que el Gobierno estadounidense sigue «de cerca los últimos acontecimientos en Túnez», informa Afp.

Posteriormente, el presidente Obama felicitó en un comunicado a los tunecinos por el coraje y dignidad mostrados en sus protestas por el creciente desempleo y la corrupción. El mandatario estadounidense urge a todas las partes implicadas a mantener la calma y evitar la violencia y pide al gobierno de Túnez que respete los derechos humanos y a celebrar elecciones libres y justas.