Los tunecinos celebran el anuncio de su presidente - REUTERS

Ben Ali renuncia a optar a la reelección en 2014

El presidente tunecino trata de frenar la revuelta con promesas de libertad. El pueblo lo celebra como una victoria

TÚNEZ Actualizado:

De nada sirvió el toque de queda nocturno ni las intimidatorias bayonetas de los soldados desplegados por doquier. El centro de la capital tunecina volvió a convertirse ayer —por tercer día consecutivo— en escenario de la denominada rebelión del «malestar», el teatro de operaciones más indeseado por el presidente Ben Ali.

La revuelta, iniciada a mediados de diciembre en varias ciudades del interior, ya llega también, con rabia inesperada, a los suburbios obreros de la plácida capital tunecina. Lo que comenzó como una protesta por razones puramente económicas —la alta tasa de desempleo, que afecta de modo especial a los titulados universitarios— se tiñe también de demandas políticas. «Queremos libertades —dice Rafia Arous, un joven informático que trabaja en el centro y vive en el suburbio de Cité Etadamen—, poder decir lo que queremos sin temor a la cárcel».

Ante este panorama y como otro intento desesperado por aplacar la ira juvenil-popular, el presidente tunecino sugirió ayer en un discurso televisivo que no volverá a optar a la presidencia del país en 2014 al tiempo que prometía «abrir el panorama político y poner fin a la censura en internet»: «La edad de 75 años como límite para los candidatos debería permanecer inamovible», tal y como marca la Constitución de Túnez, aseguró Ben Ali, quien tiene 74 años, 23 de los cuales los ha dedicado a gobernar su país con puño de hierro. Abogó por «un completo y profundo cambio» en Túnez. Ben Ali también hizo un llamamiento para que bajen los precios de los alimentos.

Celebración de victoria

El anuncio fue celebrado por la ciudadanía por todo lo alto. Como si el movimiento opositor hubiera triunfado. Como si Ben Ali fuese una momia del pasado. Como si el viento de cambio hubiese llegado a las puertas del Magreb. Rompiendo el toque de queda, una multitud se echó a la calle de la capital: gritos, cláxones y banderas de Túnez al viento.

El anuncio de Ben Ali se realizó horas después de que la revuelta sumara un nuevo «mártir» a la causa cuando la Policía cargó contra una manifestación de profesores y estudiantes cerca de la avenida Habib Burguiba. Un nuevo muerto —66 en total ya identificados por la Federación Internacional de Derechos Humanos, una treintena según el gobierno— como resultas del empeño policial por evitar que la manifestación entrase en la principal arteria de la capital. El manifestante murió por un disparo.

Tras la disolución de la manifestación, gases lacrimógenos y carga policial de por medio, la turbamulta juvenil volvió a desafiar al régimen de Ben Ali en la mismísima Medina y con un claro objetivo para sus cócteles molotov: la Reagrupación Constitucional Democrática, el partido del poder de la promocionada turísticamente como la «Suiza del Magreb», que en este último mes se convirtió en un país más en el «Balcán del Magreb».

En las puertas históricas del casco antiguo de Bab Yedid y Bab el Fellah, los jóvenes arrasaron a su paso con todo el mobiliario urbano. Las sucursales bancarias también fueron objetivo prioritario. Ante tal situación, el Gobierno tunecino decidió adelantar en dos horas el comienzo del toque de queda decretado el miércoles en la capital, por lo que la prohibición de salir a la calle entró en vigor a las seis de la tarde. El mismo miércoles, un joven de nombre Nadjid, 25 años, murió tras otro disparo de bala, poco antes de que entrase en vigor el toque de queda en la Cité Etadamen, barrio pobre del extrarradio.

Con las primeras luces del día, los vecinos de varias barriadas de Túnez podían ayer observar los restos de la batalla tras la primera noche de toque de queda: marquesinas destruidas, edificios municipales desportillados, un autobús aún en llamas y neumáticos humeantes en las calles.

Cerca del turismo

Los disturbios continuaron ayer en otras ciudades como Nabel y Dar Chaban, cerca de la localidad turística de Hammamet, donde varias personas tuvieron que buscar refugio en casas de amigos y conocidos ante el temor de ser arrastrados por los manifestantes en cólera, que incendiaron una oficina de Correos y una Comisaría de Policía.

El presidente Ben Ali, en el poder desde el golpe de estado incruento de 1987, se enfrenta al mayor desafío al régimen autocrático, pero de islam tolerante y amable, amigo en la última fase de la economía de mercado, que ha tratado de tejer durante más de dos décadas. Los disturbios en cuatro regiones del interior —Beja, Gafsa, Kserin y Telab—, que afectan desde esta semana ya a la capital, ponen en entredicho el «modelo tunecino» que muchos analistas y propagandistas del régimen, particularmente en Francia, han tratado de ofrecer como alternativa al islamismo imperante en el mundo árabe.

En un intento desesperado por frenar la hemorragia popular, el presidente destituyó hace dos días a su ministro de Interior, prometió poner en libertad presos políticos, y —en el terreno económico— anunció inversiones para la creación de 300.000 puestos de trabajo para finales de 2012.

Túnez no sufre una crisis de empleo más grave que sus vecinos del Magreb. Pero cuenta con una población educada que rompe todos los estándares en el mundo árabe. Lo que el régimen tunecino se vanagloriaba de haber conseguido —educación obligatoria y superior, especialmente para las niñas— parece volvérsele ahora en contra. El desempleo oficial es del 13 por ciento; entre los jóvenes es el doble; pero entre los jóvenes graduados rompe ya los esquemas: alcanza el 40 por ciento.

Mohamed Bouazizi, de 26 años, era uno de ellos. Incapaz de encontrar un empleo al terminar la universidad, se trasladó a la gran ciudad e intentó salir adelante vendiendo frutas y hortalizas en un carrito callejero. La policía se lo requisó, por ilegal, después de insultarle y golpearle. Momahed regresó a su casa hundido. Días después apareció en el mercado central y se quemó a lo bonzo. Su acción (murió por las heridas el pasado 4 de enero) fue la gota que colmó el vaso y disparó las protestas contra el desempleo y la corrupción en la administración pública. Ahora Ben Ali parece que mueve ficha. Sugiere que lo dejará. Su anuncio televisivo seguro que fue seguido desde las entrañas de su palacio. Sus delfines aguardan.