La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, en la ONU
La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, en la ONU - efe

Rousseff denuncia el espionaje estadounidense como una «violación» de su soberanía

«Sin respeto a la soberanía no hay base para cualquier tipo de relación entre las naciones, ha defendido la presidenta de Brasil

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La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, ha denunciado este martes el espionaje diplomático y económico por parte de Estados Unidos, algo que ha considerado «una violación» de la soberanía de su país.

Rousseff, que ha centrado su intervención ante la Asamblea General de la ONU en el espionaje del que ella misma fue víctima, ha afirmado que se trata de «una afrenta» y «una falta de respeto» que no puede justificarse en la lucha contra el terrorismo.

La presidenta brasileña no ha mencionado directamente a Estados Unidos por este caso, por el que postergó su viaje oficial a este país previsto para octubre, pero sí recalcó que la actividad de esta «red mundial de espionaje» es un asunto «sumamente importante y grave».

Rousseff ha destacado también que este espionaje «ha generado enojo y repudio» en todo el mundo, y ha señaaldo que ha afectado especialmente a Brasil porque se interceptaron comunicaciones de la oficina de la Presidencia, de la misión de su país ante la ONU e incluso informaciones «de alto valor económico e incluso estratégico».

Estas revelaciones, añadió, muestran una injerencia en asuntos internos, lo que consideró aún más repudiable por ser entre «países amigos».

El papel de Brasil

Además, Rousseff ha considerado «totalmente inaceptable» el espionaje a empresas, y dijo que es «insostenible» justificar estas prácticas por la lucha contra el terrorismo.

«Brasil sabe cómo protegerse, lucha contra los grupos terroristas y no los alberga», ha recalcado la mandataria, quien destacó: «Vivimos en paz con nuestros vecinos desde hace más de 140 años».

En una referencia a su pasado como militante de oposición a la dictadura militar brasileña, Rousseff dijo que «al igual que otros muchos latinoamericanos» ha luchado «de manera directa contra el autoritarismo y las actuaciones arbitrarias».

Se trata, resumió, de «un caso de falta de respeto a la soberanía nacional de mi país», añadió la presidenta, quien recalcó que si no hay un respeto a la privacidad «no hay una verdadera democracia», por lo que pidió una acción internacional concertada para evitar que estas prácticas puedan repetirse.

Dos demandas históricas

El espionaje político centró también buena parte de la reunión que mantuvo la presidenta brasileña con el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, antes de que comenzaran los debates en el pleno de la Asamblea General.

Rousseff también dedicó una buena parte de su intervención a la ola de manifestaciones y protestas por la subida del transporte público y mejoras sociales que vivió su país en junio pasado, de las que dijo que son «parte inseparable de la construcción de la democracia y el cambio social».

Sin embargo, señaló que su Gobierno «no reprimió a los manifestantes sino que los escuchó», ya que «nosotros vinimos de las calles. Las calles son nuestro lugar, son nuestra base», manifestó.

Rousseff recordó que los manifestantes «reclamaban un futuro de mayores derechos, mayor participación y mayores logros sociales», y lo relacionó con la fuerte reducción de la pobreza que ha logrado su país en la última década, que a su vez ha generado mayores peticiones de profundización democrática y social.

La presidenta insistió, además, en dos viejas peticiones de Brasil: la reforma del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Consejo de Seguridad de la ONU para que ambos organismos otorguen peso a los países emergentes más importantes, como el suyo.

«La gobernanza del Fondo debe reflejar el peso de los países emergentes», subrayó.

En cuanto al Consejo de Seguridad, consideró que habrá «una derrota colectiva» si no se reforma antes de 2015, ya que el organismo mantiene una «limitada representación» que no sirve para afrontar los retos del siglo XXI.

Como ejemplo, Rousseff mencionó la inacción del Consejo ante la guerra civil de Siria, que dura ya dos años y medio, o la «parálisis» ante el conflicto israelí-palestino.

La guerra civil en Siria y la situación en Oriente Medio fue otro de los temas abordados por la presidenta y el secretario general, así como la aportación de Brasil a la Misión de Estabilización de Naciones Unidas en Haití.