¿Habrá intervención militar en Siria?
Un rebelde sirio apunta su arma desde una improvisada trinchera - efe

¿Habrá intervención militar en Siria?

Analizamos en qué punto se encuentran las gestiones internacionales enfocadas a la resolución del conflicto sirio

laura riestra
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Mucho han cambiado las cosas desde el 21 de agosto, día en el que el presidente de EE.UU., Barack Obama, calificó el ataque con armas químicas en los suburbios de Damasco como el «peor del siglo XXI». Entonces, EE.UU., Reino Unido, Francia y Turquía encabezaban una coalición internacional dispuesta a «castigar» al régimen del presidente Bashar al Assad. Apenas un mes después, los protagonistas, plazos y escenarios han variado a la hora de responder a la pregunta más evidente en el conflicto: ¿habrá intervención en Sira?

El primer gran cambio viene de la mano de Rusia. Durante los más de dos años que dura ya la crisis siria ha sido, junto a China, el gran impedimento a la hora de facilitar cualquier tipo de alianza internacional que trate de frenar la represión del régimen de Assad. Sin embargo, en las últimas semanas, se ha erigido como la potencia capaz de poner sobre la mesa un elemento conciliador, por encima del mismísimo Obama.

«Rusia ha capitalizado la indecisión de Obama en relación a sus políticas sobre Siria», afirmaba el presidente de la Comisión de Inteligencia de la Cámara de Representantes, el republicano Mike Rogers. Es una de las voces que se han alzado en contra del acuerdo alcanzado entre Estados Unidos y Rusia para que se destruya el arsenal químico sirio.

El acuerdo, anunciado en Ginebra el 14 de septiembre por el secretario de EE.UU., John Kerry, y su homólogo ruso, Sergéi Lavrov, se produce cuando los protagonistas que citábamos al comienzo han visto cómo sus planes en territorio sirio se han venido abajo. El Parlamento británico dijo «no» a la resolución del primer ministro David Cameron, el presidente francés, dispuesto a actuar incluso al margen de su Asamblea, se ha quedado solo en el marco europeo, y Turquía permanece a la espera de lo que ocurra ahora. En definitiva, la mayoría de los países están en ese estado, en parálisis, hasta que Siria se decida a dar sus siguientes pasos. Es decir, que cumpla o no el plan logrado por su gran aliado, Rusia.

Rusia, protagonista

El hecho de que hayan sido las autoridades rusas las que han logrado frenar una intervención en Siria no es bien visto por todos e incluso ha sido interpretado, dentro y fuera de Estados Unidos, como una «solución fácil» para el propio Obama, muy criticado por su gestión de este conflicto. Fue él que aludió a un ataque con armas químicas como una «línea roja» que no quedaría sin castigo. Traspasada dicha línea, se enfrentó al dilema de cómo gestionar el conflicto. Pero el dilema del mandatario estadounidense es, en definitiva, el de todo Occidente: un sentimiento de que algo tiene que hacerse y que choca con la realidad: no existe ninguna alternativa lo suficientemente atractiva como para asumir los riesgos y menos tras los ejemplos de Irak y Afganistán.

«Esto no es la Guerra Fría, no es una competición entre EE.UU. y Rusia»«Obama no suena como un hombre entusiasmado por una acción militar. Suena como la súplica de un hombre arrastrado y empujado por los aliados y la opinión mundial a hacer algo, pero que quiere estar seguro de no terminar en una nueva guerra», escribía el editor de la BBC para América del Norte, Mark Mardell, reflejando la imagen de un presidente que se ha presentando ante la nación y el mundo como el líder de un país que no puede dejar «sin castigo» un ataque de las características del perpetrado por Assad. Pero el relevo lo ha tomado Rusia, que incluso ha logrado que Estados Unidos no incluya en el texto pactado para el desarme sirio una amenaza explícita con el uso de la fuerza en caso de incumplimiento por parte de Siria.

«Esto no es la Guerra Fría, no es una competición entre Estados Unidos y Rusia. Mi único objetivo a lo largo de toda situación ha sido el de asegurar que lo que ocurrió el 21 de agosto no vuelva a suceder», defendió Obama.

Cumplir el acuerdo

Al margen de los logros de uno u otro país, el turno ahora es el del presidente sirio. Siria tendrá que entregar y destruir las armas químicas de las que dispone. Con todo, Assad ya ha advertido que se trata de una operación «muy complicada» que podría llevar al menos un año y podría costar 1.000 millones de dólares.

La intervención en territorio sirio queda, por el momento, paralizada. Eso sí, Kerry advirtió que el presidente Obama se guardaba la baza de una actuación en solitario en caso de incumplimiento y el secretario general de la ONU, Ban ki Moon, pidió una resolución que invoque el Capítulo VII, que contempla la imposición de sanciones y operaciones militares, para que no vuelva a resurgir el uso de armas químicas como instrumento de guerra. El secretario general de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen, dio un paso más al afirmar que es «esencial» que la opción de una intervención militar en Siria «siga sobre la mesa» para avanzar en la solución diplomática.

La respuesta, por tanto, sobre si habrá o no una intervención militar en Siria queda de nuevo en el aire a la espera de los siguientes pasos que decida emprender el régimen de Assad.