Villa Santa Marta de los Espirito Santo
Villa Santa Marta de los Espirito Santo - ABC

Realeza y espionaje: los secretos de la costa Estoril

Sus lujosos hoteles se convirtieron en escenario de fiestas, bodas y maniobras políticas

EstorilActualizado:

Corría el año 1946 cuando desembarcaron en las ciudades portuguesas de Sintra, Estoril y Cascais varias familias reales. Además de a los Borbones, las autoridades y familias lusas también acogieron a los Orleans, a los Saboya que llegaban desde Italia, los Hohenzollern de Rumanía, Sajonia-Coburgo de Bulgaria y Habsburgo de Hungría. Todos ellos habían tenído que abandonar sus países de origen debido a la situación política en un estado prácticamente calamitoso y con unas maletas llenas de pesados recuerdos. Fue entonces cuando esta línea costera del país vecino vivió grandes historias reales, tristes y melancólicas. También glamurosas e, incluso, divertidas en los finales del siglo XX. A día de hoy, cada rincón de estas ciudades tiene un recuerdo vivo de aquellos años.

Los primeros en llegar fueron los condes de Barcelona. Meses después de la llegada de Don Juan, desembarcaron en Lisboa el Conde de París, su esposa Isabel de Orleans y sus diez hijos, que fueron alojados en la Quinta de Sao Domingo de Lapa, pasando luego a una lujosa villa en Sintra, pues eran los únicos que tenían dinero.

Don Juan bailando con su hija, la Infanta Doña Pilar, en su puesta de largo
Don Juan bailando con su hija, la Infanta Doña Pilar, en su puesta de largo - ABC

Los Saboya llegaron meses después, en junio de 1946. Con sus cuatro hijos y sus nostalgias, se refugiaron al principio cerca de Sintra y más tarde en Villa Italia, hoy convertida en hotel. Un año después, les tocó el turno a los Príncipes de Hungría y Bohemia, que llegaron exhaustos y sin recursos. A finales de 1947, aterrizarían el Rey Carol de Rumania y Leopoldo III de Bélgica con su segunda esposa y los hijos de sus dos matrimonios.

La vida para ellos allí era sencilla. A primera hora del día, los mayores despachaban sus asuntos con los miembros de sus secretarías o recibían en audiencia delegaciones de sus países. Al terminar, se reunían en la playa o para almozar, cazar y jugar al golf para intercambiar recuerdos nostálgicos de otras épocas mejores. Mientras tanto, los niños (ajenos a esos momentos) metían ruido e inventaban competiciones mientras aprendían a nadar, pescar y bailar. Formaron grupos de adolescentes que vivieron sus amores, como en un verano interminable y del que guardan todavía hoy, un recuerdo imborrable.

Victoria Eugenia, con Grace Kelly y Rainiero de Mónaco
Victoria Eugenia, con Grace Kelly y Rainiero de Mónaco - ABC

Durante la Guerra, el gobierno de Oliveira Salazar, facilitó pasaporte y estancia a familias europeas como la del Archiduque Otto o a su tía la Gran Duquesa Carlota de Luxemburgo, perseguidos como sospechosos por el régimen alemán. Portugal también se convirtió en refugio de judíos en su huida hacia América. Por este tipo de movimientos, proliferaron allí espías de todo tipo: los alemanes se refugiaban en el Hotel Atlántico y en Villa Tamariz, los aliados lo hacían en el Hotel Palacio. Todos convivían en las animadas mesas del casino, que reunían más espías de los que se podían encontrar en el resto de Europa. Hubo algunos muy famosos, como el triple espía yugoslavo Popov, o el británico Ian Fleming –quien luego escribiría sus series de James Bond–, o el español Juan Pujol García, alias «Arabel» para los alemanes y «Garbo» para los británicos, que fue el responsable de que los alemanes creyeran que el desembarco se efectuaría en Calais, en lugar de en Normandía.

Otra visión

Con los años muchos de estos lugares de encuentro han cambiado en apariencia, pero mantienen sus recuerdos con fotos o algún trofeo. La famosa heladería Santini, cuyo propietario tenía la mejor receta de helados italianos, ha renovado su decoración, pero sigue siendo el punto de referencia en la elegante villa de Cascais. El restaurante Muchaxo en el Gunixo, hoy es cuartel de surfistas. La Villa Italia, el hogar de los Saboya frente al mar, es un hotel que ha ampliado y mejorado sus instalaciones, que mantiene hasta el nombre y muchos recuerdos. Villa Tamariz, estado mayor de los nazis en Estoril, es hoy una terraza de moda con un restaurante que mantiene su estilo y fachadas intactas.

Villa Santa Marta, propiedad de los Espirito Santo, grandes banqueros y amigos del gobierno de Salazar, se puede visitar. Allí se retuvo a los duques de Windsor, pues parece ser que estaban coqueteando con agentes alemanes para favorecer la postura británica ante ellos. Enterado Churchill de esta maniobra, les embarcó bien lejos durante aquellos años. Mientras se solucionaba su traslado a las Bahamas, vivieron durante semanas en esa preciosa casa junto a la playa de Cascais, «vigilados muy de cerca».

La mesa en la que se solía sentar el Conde de Barcelona en el «Bar de Espías»
La mesa en la que se solía sentar el Conde de Barcelona en el «Bar de Espías» - ABC

Lo que no ha cambiado nada es el Hotel Seteais, de Sintra, uno de los lugares favoritos de todas estas familias, por su tranquilidad y su entorno. El hotel sigue conservando sus jardines, pistas de tenis y los salones con frescos de Pillement, que tanto influyeron en los azulejos portugueses. El Hotel Palacio de Estoril tampoco ha experimentado cambios. Escenario de recepciones, fiestas y bodas de estas familias, en su «Bar de Espías» –cuenta a ABC su jefe de Conserjería, Joao Diago–, el Conde de Barcelona tenía su mesa reservada todos los días. Dicen que durante la Guerra, los agentes secretos aliados y alemanes tramaron durante años importantes maniobras de espionaje desde aquí. Solo con ver quien pedía el champagne más caro se sabía antes que nadie, quien había obtenido una victoria en la batalla. Se le llamaba el champagne news service y sucedía todo entre estas mesas que no han cambiado ni en su disposición.