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LUJO

Famosos que vivieron en hoteles de lujo

Los hospedajes más exclusivos también son un hogar donde suceden tramas extraordinarias

Coco Chanel en el balcón de su suite del Hotel Ritz
Coco Chanel en el balcón de su suite del Hotel Ritz - ABC
ActualizadoRaquel F-NovoaRaquel F-Novoa Redactor MultimediaSeguirLeer despuésCompartir
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Hace más de un siglo que el madrileño hotel Ritz abrió sus puertas con el fin de ser la digna morada de los miembros de las casas reales europeas. Hacía gala de algo más que del lujo, quería ser un lugar distinguido. Por eso no admitían actores, aunque durante largas temporadas se colaba el animal más bello del mundo.

«En el Palace había demasiadas puertas y entraba cualquiera, pero en el Ritz no. Hicieron una excepción con Ava Gardner y algo tuvo que ver Frank Sinatra, que era empresario». Cuenta Jerónimo Ors, hijo de la empresaria Paquita Ors. El recuerdo de los años locos de la americana en Madrid dejaron tanto poso que acabó formando parte de la mitologia popular.

Gardner tenía un piso en la capital, pero se veía obligada a pasar largas temporadas en el Ritz por los insoportables encontronazos con su vecino, el general Perón. La convivencia entre ambos era insoportable dado el malestar del militar argentino por las ajetreadas juegas nocturnas de la diva. A ella no le quedaba otro remedio que refugiarse en el hotel, cuenta Jerónimo Ors, hijo de Paquita Ors, entre risas.

Ava Gardner
Ava Gardner - ABC

Su encanto arrollador y el inestimable apoyo de Sinatra le abrieron las puertas del Ritz, donde tampoco pasó desapercibida: «Recuerdo haber escuchado siendo apenas un niño que una noche que el músico llegó sin anunciarse se la encontró en la cama con Lana Turner. Le dio tal arranque de furia que las tiró a las dos a la piscina», indica Ors. El empresario gestiona ahora el negocio de su madre, una valiente emprendedora maña que fundó una gran compañía de cosméticos en una época en la que a las mujeres se le cerraban las oportunidades en la cara. Según los datos de la casa, Ors es la persona que más noches pernoctó en el Ritz, era su hogar.

La fauna nocturna madrileña de la década de 1960 se daba encuentro en el bar del lujoso hotel. «Más que un bar era el punto de encuentro espontáneo donde quedaban sus habituales».

Las reglas eran pulcras y tajantes, estaba prohibido alternar con prostitutas. El director de cine Otto Preminger consiguió la trampa perfecta para esa molesta ley. Llevaba a sus meretrices al barrio de Salamanca, las vestía con las prendas más finas y luego subían las escaleras del complejo agarrados de la mano como cualquier matrimonio bien avenido. El ejército de vigilantes nunca se percató de ello.

Fachada del Ritz madrileño
Fachada del Ritz madrileño - ABC

«Y todos estos delitos que le cuento son los que ya han preescrito», comenta Ors entre risas dando mucho juego a la imaginación. Lamenta que los charcos de la memoria de su madre le impidan contar la intrahistoria del gran hotel. Él todavía recuerda sus salones con la mirada de fascinación de un niño.

«Me deslumbraban desde las vajillas a los trajes de los botones, yo venía de Zaragoza y llegaba a un lugar como los que se veían en las películas. Además llamaban a mi madre por su nombre». Paquita Ors no necesitaba identificarse, era un miembro más de la familia, en cuanto ella llegaba acomodaban su ropa en la habitación. Parte de su armario estaba en la casa de su familia, la otra mitad en su dormitorio del Ritz.

«Yo apenas tenía 8 años cuando llegué por primera vez y vi que una persona se dedicaba únicamente a limpiar las alfombras. Cuando fui a conocer la habitación de mi madre había un ascensorista, me impresionó muchísimo».

Javier Irureta, la leyenda del Tryp María Pita

Javier Irureta
Javier Irureta - ABC

Cuando Javier Irureta abría la ventana de su dormitorio tenía el mar a sus pies y la majestusa torre de Hercules esperaba impaciente sus paseos. Después de seguir el destello del gigante de piedra se dirigía al otro lado del paseo marítimo, porque la sirena que lo sigue enloqueciendo canta desde el estadio de Riazor. El lugar en donde se convirtió en leyenda cuando llevó a su entonces modesto equipo al olimpo del deporte español.

Jabo todavía habla de La Coruña como una segunda patria a la que añora. En sus visitas reserva la habitación 21 del Tryp María Pita -ahora Meliá Maria Pita-. «Esa habitación no era del hotel, la sentía mía», confiesa.

Entonces los herculinos comentaban la extravagancia de que el técnico del «Depor» viviera durante tantos años en un hotel. La anécdota sigue siendo un eco. Jabo, por su parte, habla con punzante entusiasmo de aquel tiempo. En su foto de Whatsapp luce todavía con orgullo el escudo del Real Club Deportivo de La Coruña. Han pasado 13 años desde que se despidió de la familia que creó en el «Tryp»: «He estado en otros hoteles pero ahí me trataban como si fuese un hijo».

«La habitación no era del hotel, la sentía mía»
Javier Irureta, Exentrenador del Real Club Deportivo de La Coruña

Reconoce que prolongó tanto su estancia porque su familia estaba lejos y allí vivía sin demasiadas preocupaciones: «nada de planchar ni cocinar». Recuerda cada rincón como lo conoció entonces, enumera los detalles sin espacio para la duda.

De sus lujosos salones, recuerda el tránsito de personas influyentes y las intensas conversaciones de los líderes políticos de la Xunta de Galicia. Un habitual era Mariano Rajoy, recuerda los debates de una época que marcó especialmente al técnico: la catástrofe del Prestige.

No consigue contener la risa al recordar las delicadas prácticas de escapismo que practicaba cuando coincidía en el seno del hotel con los miembros del equipo rival: «teníamos un contratiempo: el Real Madrid, los "Barsas", los "Milanes"... se alojaban allí y tenías al enemigo en casa». Los esquivámabos, cuenta, de particulares maneras: «yo nunca usaba el ascensor. Jamás. Y salía una hora y media antes de lo habitual para no encontrarme con el equipo rival», ríe.

Hotel Meliá María Pita
Hotel Meliá María Pita - Instagram

«Se establecían vínculos muy especiales con todo el mundo, lógicamente. Con el director tenía una relación muy especial: éramos una gran familia y teníamos detalles los unos con los otros, nos gastábamos bromas y había mucha complicidad».

«La belleza de la ciudad, las vistas al mar, mis paseos por el puerto, la ciudad vieja, aquella afición ejemplar que te animaba cuando ganabas y cuando perdías. Nunca olvidaré la celebración de los títulos. Fui un tío feliz en aquella época».

Hotel Chelsea, no necesita presentación

Chelsea Hotel
Chelsea Hotel - WP
Janis Joplin en 1968
Janis Joplin en 1968 - ABC

Leonard Cohen se subió al ascensor en la primavera de 1968 buscando a Brigitte Bardot, pero coincidió con una mujer de 25 años mucho más rebelde que se llamaba Janis Joplin y compartió una intensa madrugada con ella. El dormía -cuando lo hacía- en la habitación 424, ella en la 411: «Te recuerdo claramente en el hotel Chelsea, eso es todo, no pienso en ti muy a menudo», cuenta en la canción que tituló con el nombre del icónico establecimiento neoyorquino.

El músico describía aquel sitio como un «lugar grandioso y loco». En la década de 1960 una brillante constelación de héroes del rock crecía al abrigo del Chelsea. Un lugar en el que, según Cohen, «a las 4 de la madrugada, puedes llevar un enano, un oso y cuatro mujeres a tu habitación y a nadie le importa en absoluto». Por eso le encantaba.

Muchas de las plumas más célebres del S.XX también se desangraron en sus departamentos. Escritores como Mark Twain, Charles Bukowski, William S. Burroughs y Arthur Miller formaron parte de aquel peculiar microcosmos bohemio y contaban que allí «no había ni aspiradoras, ni reglas, ni vergüenza».

Coco Chanel, «El Ritz es mi hogar»

«El Ritz es mi hogar», confesaba solemne una Coco Chanel que, a pesar de tener un lujoso apartamento en la exclusiva rue Cambon de París prefirió como residencia habitual el bullicio del hotel parisino.

En su bar no escandalizaban ni siquiera las soberbias excentricidades de Salvador Dalí. Apoyado en la barra,r Ernest Hemingway bebía hasta vomitar sus novelas más célebres; sus sillones acomodaban a un taciturno Marcel Proust cuando escribía «En busca del tiempo perdido», unas de las obras cumbre de la literatura universal. El escritor se sentía tan vinculado al hotel que en su lecho de muerte pidió a su chófer que fuese a por una cerveza del bar Ritz.

Coco Chanel en su suite del hotel Ritz
Coco Chanel en su suite del hotel Ritz - ABC

María Callas amansó sus inseguridades en la suite que hoy lleva su nombre. Ocurrió en 1964, la noche antes de empoderarse sobre el escenario del Palais Garnier y realizar la mejor interpretación registrada de «Casta Diva». Después de su soberbia actuación se bajó del escenario, se refugió bajo su abrigo de piel y regresó a su guarida de oro.

El lujo del Ritz también inspiró la pompa descrita en «El Gran Gatsby», la pasión indomable de Scott Fitzgerald y Zelda se estremecía en los salones del hotel. La extraña pareja amaba las fiestas, el lujo y la vida bohemia y en el establecimiento encontraban la compañía ideal y la atmósfera apropiada para alargar las noches hasta que los echaba el sol.

La diseñadora decoró la habitación y la hizo suya. A día de hoy, su nombre sigue grabado en la puerta. En el dormitorio predomina el color blanco en contraste con los muebles de madera oscura. Elegancia en estado puro, nada menos se podía esperar de un caracter que hizo historia.

Hoy su suite conserva casi todos los elementos tradicionales y la experiencia de la maestra de la moda la convierte en una de las más deseadas por los mitómanos. En su balcón, con vistas a la Plaza Vendôme, se disparó una de sus fotos más icónicas.

Marilyn Monroe, «cuestión de apariencia»

Marilyn Monroe en abril de 1962
Marilyn Monroe en abril de 1962 - AP

Marilyn Monroe debatía con Lauren Bacall y Betty Grable en una soleada azotea neoyorquina en «Los caballeros las prefieren rubias». Norma Jeane vivía en el ático contiguo. Cuando notaba estremecerse su frágil estabilidad emocional se refugiaba en una suite del Hotel Roosvelt, donde pasaba largas temporadas. Hoy el espejo de su habitación se exhibe en el hall del hotel. La prensa llegó a prenguntarle si vivía allí: «todo es cuestión de apariencia, ¿no?», respondió.

El Roosevelt no habría sido el primer alojamiento de Monroe, se había estrenado en el Lexington, situado a escasos metros de la rejilla de metro sobre la que se inmortalizó su escena más icónica en «La tentación vive arriba». Acababa de casarse con Joe DiMaggio e hicieron de la suite más lujosa del complejo el único hogar en donde fueron felices. Con motivo del 92 aniversario del nacimiento de la diva, la compañía renombró la habitación para rendirle homenaje y la redecoró con guiños a objetos que la representan: un jarrón de Chanel nº5, bolsas de Bloomingdales o fotografías con el que fue su marido.

Habitación de Marilyn Monroe
Habitación de Marilyn Monroe - © The Lexington Hotel

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